Tamales y atoles, tema de estudio en la UNAM

Una vez al mes, se realiza el Semanario Permanente del Grupo Mexicano de Antropología de la Investigación del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM

Redacción/CDMX

La palabra tamal proviene del náhuatl “tamalli”, que significa envuelto.

Son parte importante de la dieta de los mexicanos, aunque se pueden consumir todo el año, se suelen consumir en diversas fiestas y celebraciones.

Los atoles y tamales, a decir de Luis Alberto Vargas Guadarrama, integrante del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, parten de una de las tecnologías alimentarias más notables de la historia de la humanidad, que es la nixtamalización.

Este proceso seguramente se inició para lograr el reblandecimiento de la capa dura que cubre cada grano de maíz, lo cual se logró al remojarlo en agua muy caliente a la que se añadió una sustancia alcalina, cenizas del combustible para producir fuego, las conchas molidas de algunos moluscos y cal.

Una vez que el grano es preparado así, se muele, se obtiene la masa de maíz nixtamalizado con el que se preparan los atoles, tamales y tortillas.

“Lo que no supieron nuestros antepasados es que de esa manera se aumentaba la disponibilidad de proteínas del maíz, se hacía más accesible la vitamina conocida como niacina”, explicó.

Menciona que hoy los vemos como algo adicional, extra o un agregado, sin embargo, “hay que pensar que durante muchos siglos la alimentación de los niños, además de leche materna, consistía en los atoles, porque les daban energía, era proteína a través del maíz y se nutrían con ello”.

El universitario es parte de un grupo que se reúne una vez al mes para analizar y compartir protocolos e investigaciones relacionadas tanto con la antropología de la alimentación como física, cultura alimentaria y nutrición.

Desde hace una década, los tamales y los atoles, han sido analizados continuamente, incluso cuando se utilizan en niños y ancianos con dificultad para masticar o para apoyar durante las constipaciones o diarreas infantiles.

Se estima, que existen alrededor de 500 tipos de tamales en la república mexicana, desde uchepos y corundas en Michoacán.

Nejos en Guerrero, barbones en Sinaloa, mucbipollo en Yucatán, zacahuil en la Huasteca.

Así como los Güemes de Baja California Norte y Sur, chipilín en Tabasco y Chiapas, los de estilo oaxaqueño en Oaxaca y la torta de tamal de la Ciudad de México.

Una de las fiestas en las que es tradición consumirlos es en la de la Candelaria.

(Con información de Gaceta UNAM)