El alcohol como herramienta de convivencia

La Organización Mundial de la Salud (OMS) cifra en tres millones las muertes derivadas de esta sustancia y su influencia en más de 200 enfermedades

Redacción/CDMX

El alcohol puede ser muy dañino para la salud, pero también puede actuar como una vía para mantener una relación social.

Tras la publicación del libro “Borrachos cómo bebemos, bailamos y tropezamos en nuestro camino hacia la civilización», del filósofo Edward Slingerland y conclusiones de algunos expertos dan una muestra sobre sus efectos físicos o psicológicos frente a otras enfermedades actuales como la soledad o la obesidad.

El alcohol, presente en múltiples ceremonias del día a día, permanece en el repertorio genético del ser humano porque, a pesar de sus percances, ha supuesto ciertos beneficios individuales y colectivos.

“Hemos estado produciendo y consumiendo desde hace al menos 13.000 años, y probablemente mucho más.

Probablemente la edad y la historia  de que el alcohol es un error evolutivo debe ser falsa, Slingerland,según él, se trata de la mejor “droga” que existe: es fácil de hacer, de dosificar, y sus efectos tienen una vida “media” en el cuerpo. “Sería genial que fuera menos adictiva y dañina”, aclara. 

El alcohol se asocia con mejoras en el pensamiento lateral que activa nuestra creatividad y es un potenciador social: reduce las inhibiciones y aumenta las sustancias químicas del placer como la serotonina o las endorfinas, que reducen la probabilidad de mentir. 

“Ha jugado un papel clave, junto con otras tecnologías culturales como la religión, para ayudar a los humanos a hacer la transición de sociedades pequeñas a grandes”, sostiene.

Por ejemplo, hipótesis como la de que en la antigüedad se optara por la cerveza antes que por el pan, indicarían que ese deseo de analgesia llevó a los cazadores-recolectores a asentarse y empezar a cultivar.

También hay pruebas de animales que comen frutas fermentadas para obtener una recompensa cerebral, aunque no se metaboliza de la misma manera ni responde a un acto compartido. “Somos la única especie que se emborracha de forma deliberada y a gran escala”, indica el experto.

El alcohol ha sido valioso para nuestra supervivencia. Compartir una botella adquiere un papel notable en la humanidad”, considera.

David Nutt, médico inglés y experto en psicofarmacología recomendó que cuanto menos alcohol se consuma será mejor “mi postura es clara: como droga, no debe tomarse a la ligera”; durante un estudio Australiano Nutt, dividió a los asistentes en grupos de tres y se comprobaba que aquellos que bebían alcohol sonreían más al mismo tiempo y fomentaban la charla. 

Una investigación de The Lancet de 2018, realizada entre 1990 y 2016 en 195 países, estimaba que, si 100.000 personas de entre 15 y 95 años no bebían nada, 914 desarrollarían alguna de las enfermedades que se suelen atribuir al alcohol.

Si bebieran una unidad al día, el número ascendería a 918. Un incremento minúsculo que Robin Dunbar compara con otro estudio del British Medical Journal de 2018.

En él se comprobó que el riesgo de demencia en unos 9.000 participantes era prácticamente similar entre quienes no bebían nada y quienes bebían 14 o menos unidades de alcohol a la semana. Si esas dosis se superaban, eso sí, las posibilidades se duplicaban.

(Con información de El País)