Picasso y Rivera, un diálogo con calzador

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El próximo 10 de septiembre llega a su fin la exposición Picasso y Rivera. Conversaciones a través del tiempo que se exhibe en el Museo del Palacio de Bellas Artes, aquí un breve acercamiento

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Imagen: La relación entre Picasso y Rivera termina porque éste acusa a Picasso de haber plagiado Paisaje zapatista (derecha) en Hombre apoyado en una mesa (izquierda)

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Ciudad de México (N22/Ana León).- Se sabe que entre 1914 y 1915 el pintor español Pablo Picasso (Málaga, 1881-Mougins, Francia, 1973) y el muralista mexicano Diego Rivera (Guanajuato, 1886-Ciudad de México, 1957) fueron amigos, intercambiaron correspondencia y, posteriormente, aquella fraternidad se convirtió en enemistad debido a una acusación de plagio del segundo hacia el primero. El inicio de la Primera Guerra Mundial enmarcó los encuentros entre ambos personajes, en Montparnasse, París.

En 1907, tras una breve etapa fauvista, Picasso pintaba Las señoritas de Avignon, considerada la primera obra cubista, que si bien no encaja de manera ortodoxa en el movimiento, sí marca el inicio y la transición hacia éste. En 1909 Rivera llegaba a París; tres años después, en 1912, pintaría su primera obra cubista, La adoración de la Virgen y el niño. La anécdota acerca de la amistad –breve– entre estos pintores referentes del arte de la primera mitad del siglo XX, sirve como punto de partida para construir una exposición –en exhibición desde el 9 de junio– en la que se insiste en hallar los puntos de encuentro entre los procesos, las técnicas y los temas abordados en su obra: Picasso y Rivera. Conversaciones a través del tiempo, organizada por el Museo del Palacio de Bellas Artes y Los Angeles County Museum of Art.

Un par de autorretratos realizados en 1906 se muestran al espectador como el inicio de esta ¿conversación? que los curadores Diana Magaloni y Michael Govan, desarrollan en cuatro núcleos temáticos. De éstos, Los años cubistas es el único momento en que el que es posible hallar, en el trabajo de ambos artistas, ciertos paralelismos.

El inicio del recorrido plantea como primer punto de encuentro la formación académica. Los estudios sobre la figura humana inspirada en la estética del arte griego y romano, el manejo del escorzo, la luz y la sombra así como de las proporciones; trabajo por el que la mayoría de estudiantes de arte de la época tenía que pasar.

Después viene el periodo cubista. En 1914, Picasso, tras dos años de trabajar de forma intermitente junto a Georges Braque (Argenteuil, Francia, 1882-París, 1963), había incursionado en el collage –a ambos artistas se les considera los autores de esta técnica– y decantado, ambos, en el cubismo sintético mucho más decorativo, organizado y armónico, y que, aunque mantenía una composición geométrica, permitía al espectador percibir una forma a diferencia del cubismo analítico –una auténtica superposición de formas geométricas que “lleva el volumen de los objetos del mundo exterior a la superficie plana del lienzo”– con el que inició esta etapa. Arrivando de forma tardía al movimiento, el de Rivera es un cubismo más sintético, plantea una fragmentación más sencilla de las formas y un uso del color mucho más deliberado.

En 1921 Picasso pinta su última obra formalmente cubista, Los tres músicos; en esta misma fecha Rivera regresa a México. Este salto en el tiempo conduce la narrativa de la exposición hacia el interés de ambos artistas por el pasado: el precolombino por parte de Rivera y el griego por parte de Picasso. No hay puntos de encuentro. Se exhibe de Picasso las ilustraciones que hizo, en 1930, para La Metamorfosis de Ovidio, encargo del editor Albert Skira. De Rivera se destaca su interés por las culturas prehispánicas, interés que lo llevaría a reunir una colección de 60 mil esculturas.

En la última parte de la exposición y como un intento más de hallar coincidencias entre ambos artistas, se exhibe la serie de ilustraciones que Rivera hizo del Popol Vuh y la serie de grabados que integran la Suite Vollard (1930-37), de Picasso. ¿Resulta válido este juego, existe realmente un diálogo si entendemos la palabra como un intercambio de puntos de vista para llegar a acuerdos o acercar posturas?, ¿qué tan arriesgado es sustentar toda una exposición que se dice no comparativa de la obra de dos grandes del mundo del arte en un solo punto de coincidencia?

Picasso y Rivera…, intenta, con calzador, crear un diálogo que revela más diferencias que coincidencias. Y es que como señala el mismo Picasso en una charla con Marius de Zayas fechada en 1923 y aparecida en la revista The Arts: “motivos diferentes exigen diferentes métodos de expresión. Esto no significa ni evolución ni progreso, sino una adaptación de la idea que se quiere expresar y de los medios de expresión”.

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