Obra, fetiche y ley

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La primera mesa de diálogo acerca de la La propuesta, de Jill Magid, que se exhibe en el MUAC, despejó algunas dudas respecto a la pieza: no hubo violación a las leyes en la exhumación de las cenizas

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Ciudad de México (N22/Ana León).- La  negativa de acceso a los archivos de Barragán contenidos en la Fundación Barragán, en Suiza, fueron el detonante de la investigación artística de The Barragán Archives y la concepción de la pieza La propuesta, parte de ésta. Su llegada a las salas del Museo Universitario Arte Contemporáneo de la UNAM, ayer jueves, en la exposición Jill Magid: “Una carta siempre llega a su destino”. Los archivos de Barragán, congregó a diferentes personajes del mundo de la cultura, el arte, a estudiantes y a curiosos, a la primera de cuatro mesas de análisis propuestas por el museo para intentar dar respuesta a los múltiples cuestionamientos (éticos, religiosos, legales, estéticos y de política cultural) que ha generado.

Diálogos abiertos: Obra, fetiche y ley, reunió a Jill Magid (artista), Cuauhtémoc Medina (curador), César Cervantes Tezcucano (coleccionista), Enrique Xavier de Anda Alanis (historiador de la arquitectura del IIE), Ismael Reyes Retana (abogado) y a Luis Vega García (abogado y catedrático de la UNAM), en un panel moderado por Ricardo Raphael (director general del Centro Universitario Tlatelolco). La conversación se detonó a través de diferentes cuestionamientos planteados por el moderador: ¿Se ha estudiado de manera equivocada la exposición?, los límites y alcances en la creación artística y la provocación intelectual, el papel de la UNAM, la política de archivos en el país y el marco legal que permitió la exhumación de las cenizas del arquitecto. Con una dinámica de intervenciones cronometradas de cinco minutos, un diálogo de treinta minutos y la lectura-respuesta de preguntas de la audiencia, se inició la mesa.

La exhumación

¿Qué hacer ante el escándalo moral?, se preguntó Cuauhtémoc Medina, ¿por qué nos hiere la extracción de las cenizas? Y es que, que se atreviera ella (Magid) una artista estadounidense, a pensar que podía obtener las cenizas del arquitecto y que además lo lograra, incomodó a más de uno, porque “se tocó a un símbolo cultural mexicano e internacional”, como puntualizó Enrique de Anda y se “vulgarizó el símbolo”, la memoria del arquitecto. En el marco legal, de acuerdo a lo dicho por el abogado Ismael Reyes, respecto a la exhumación de los restos, no hubo “violación de las leyes: la familia y autoridades actuaron con apego a derecho. Sobre la ‘voluntad’ expresa del ‘disponente’ al ser inexistente, los ‘disponentes secundarios’ pueden decidir sobre los restos”, es decir, no existieron vacíos legales y los requisitos, todos, fueron cumpidos. Si bien los restos del arquitecto mexicano se encuentran depositados en la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres y Barragán fue nombrado Benemérito de dicho estado, la ley que regula esta distinción señala que “el traslado y el depósito definitivo debe recabar el beneplácito de los descendientes directos”, señaló el catedrático Luis Vega, que añadió que “la memoria del arquitecto podría seguir honrándose con o sin cenizas.”

¿Hacer las preguntas adecuadas?

“Soy una artista, mi trabajo es hacer preguntas para entender y conocer el estatus actual de las estructuras de poder, cómo funcionan”, señaló Jill Magid al tomar la palabra por primera vez. En el caso del Archivo Barragán, ante la negativa de consulta de la Fundación en dos ocasiones, la artista se interesó por la forma en que se construye un legado, quién tiene derecho a éste y cómo hacer visible la ley en su trabajo al mismo tiempo que se hace visible para otros. Fue así como buscó plantear el proyecto a la familia Barragán, “hice las preguntas adecuadas, cada solicitud, cada paso pudo ser negado.” La exhumación de las cenizas y su posterior transformación en un diamante, así como su exposición en tres museos, no las entiende como una falta de respeto al arquitecto y a su memoria, sino como “otra manera de entender el legado de Barragán, otra forma de utilizar las imágenes […] La propuesta no es sólo el anillo, sino también la documentación”. Una vez lanzada al mundo, “la obra cobra vida por sí misma”, señaló la artista en una de sus últimas intervenciones al hablar de las implicaciones de su trabajo. Mencionó también que la idea original (el intercambio del anillo por los archivos) puede ser ingenua, naif, pero apelo a no olvidar que se hablaba de un proyecto artístico. Las razones que la Fundación suiza dio a la artista para negar el acceso al archivo nunca fueron abordadas.

El papel del curador

Cuauhtémoc Medina, que junto a Alejandra Labastida curó esta exposición, abordó la complejidad ética que encierra la práctica curatorial, la cual proviene de la tradición del arte moderno y contemporáneo y de la confrontación con las sociedades de su época. Su trabajo, como explicó, es concebir diferentes modos de preguntar fuera de la disciplinas científica y social, preservar el lugar de los argumentos y la existencia de la obra artística, “en este caso una obra que tocó nervios de muchas condiciones”. El curador “establece un marco referencial para generar debates sobre una obra de la misma forma que preserva su dignidad material y ética”, en este caso, “la obra opera sobre la vía de la intervención”. Medina celebró la autonomía en la programación de las exposiciones de la que goza el museo que permitió que la obra de Magid llegara al MUAC y que además, según dijo, mantiene independientes a la cultura y a la política, respecto a las decisiones que el museo toma con relación a su programación.

Bajo sospecha

César Cervantes, que en algún momento apoyó el proyecto artístico de Magid, insistió continuamente en saber el destino final de la pieza que consideró es utilizada para lucrar con la figura del arquitecto en favor de la carrera de la artista. Sugirió la destrucción de la misma y su posterior devolución a la urna, donde en el lugar que ocuparan los restos ahora se encuentra un caballito de plata hecho por Magid. Después de que ésta aclarara que el anillo nunca ha estado a la venta y que el lucro no es parte de su naturaleza, señaló que considera “la destrucción del trabajo artístico como un silenciamiento y estoy en contra de esos silenciamientos”. Por su parte Cuauhtémoc Medina dijo puntualmente que una vez concluido el tiempo de oferta del anillo por el archivo (tres años), éste se integraría a la colección de alguna institución pública.

Preservación de nuestro patrimonio

“No existe una política de archivos de arquitectura en México”, señaló Enrique de Anda, “ni las condiciones para mantener los archivos en México”. Medina contó que en su momentos se buscó que los archivos de Barragán volvieran al país, sin embargo, el precio que se pedía estaba por encima de la norma de las instituciones culturales y su presupuesto.

En la mesa se echó en falta la presencia de Daniel Garza Usabiaga quien figuraba en el primer panel de expertos que se dio a conocer y cuya participación no se concretó. En una carta publicada en el la revista digital GASTV, el curador independiente y actual director artístico de Zona Maco, publicó una carta dirigida a la artista en la que hace varias preguntas acerca de las incongruencias en su investigación, las fuentes y la narrativa construida por para legitimar su obra. Cuestionamientos que en la mesa realizada nunca fueron hechos. Así como tampoco se abordó el valor estético y artístico de la pieza como obra de arte. La carta completa se puede leer aquí.

Las próxima mesa se realizarán el martes 2 de mayo a las 17 horas en la sala Francisco de la Maza del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM. Se hablará sobre la ley de archivos desde distintos enfoques historiográficos, legales y de conservación.

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