Exposición sobre Mitra examina cómo la ciencia ha eliminado mitos

Redacción/CDMX

El director del Museo Arqueológico de Fráncfort Wolfgang David, mencionó en entrevista con el diario La Jornada que, “Hasta ahora, nunca se había hecho una exposición dedicada a Mitra”, en relación a la muestra –que finalizó este lunes- titulado El misterio de Mitra.

Dicha exposición se presentó en Bélgica y Francia, con la participación  de 20 países y el asesoramiento de los mayores expertos del mundo.

El título hace evocación al enigma de Mitra, dios del Sol, cuyo culto coincidió con la afirmación del monoteísmo y cuya práctica fue transmitida oralmente.

En las pasadas cuatro décadas se han logrado importantes avances científicos en torno al tema, puestos, finalmente, al alcance del gran público.

Cuando el cristianismo se impuso como religión oficial en el Imperio Romano, el mitraísmo se extinguió, pero su influencia en su enorme extensión territorial, llenó con pequeños santuarios subterráneos llamados mitreos, muchos de ellos conservados hasta la actualidad y que están adornados con relieves, estatuas o pinturas murales.

David menciona cómo Fráncfort fue el límite norte de la provincia romana, sede de la contigua Nida (área rica de mitreos).

“Mitra fue algo muy distinto. A diferencia del paganismo, se trató de un culto privado, que podría compararse al actual Club de Rotarios, cuyos miembros pertenecían a la poderosa élite administrativa romana. Formaban una red y significaba para ellos un reparo, porque trabajaban fuera de su localidad de origen y eran constantemente transferidos. Los unía la lealtad entre sí y la solidaridad al emperador.”   

“Se agrupaban en los mitreos, caracterizados por una forma rectangular de unos 30 a 40 metros cuadrados, situados bajo tierra o en cuevas, recreando el momento principal de la vida de Mitra: la tauromaquia. Ahí se realizaban banquetes para honrarlo. Se han encontrado miles de huesos con restos de comida que han sido analizados, descubriéndose que utilizaban la mejor carne, en particular pollo y lechones. Además, se bebía buen vino, como denota la finura de las copas encontradas”, señala.  

El dios que mata al toro es el símbolo mismo del mitraísmo, pero es solo una de las 49 escenas que se han podido encontrar para figurar su vida, bordeándola en formato menor.

La tauromaquia representa al dios Mitra cumpliendo un acto cosmogónico de regeneración, cuyo fluido vital era la fecundación de la naturaleza, de la que se beneficiaban los animales que lo acompañaban en la escena: un cuervo, un perro que lame la sangre del toro, una serpiente arrasándose y un alacrán que le pica los testículos.

Textes et monuments figurés relatifs aux mystères de Mithra, (1896-1899), documento del belga Franz Cumont, marcó el inicio de los estudios científicos dedicados a Mitra que a pesar de su importancia, hubo equívocos que han llevado más de un siglo para ser corregidos, iniciando por desmentir que el mitraísmo nació en Irán, ya que fue en Roma, influido, sí, por la tradición persa, pero que fue probablemente “inventado” por un alto funcionario imperial.

David califica esta conclusión “como una de las mayores aportaciones recientes de la ciencia, como ha sido también haber desmentido que era una religión de soldados; se descubrió que estos formaban, en realidad, solo 10 por ciento de los fieles. Además, se ha entendido que las mujeres estaban excluidas”.

Quedarán desencantados quienes sabían del mito de la supuesta rivalidad entre el cristianismo y el mitraísmo. El investigador Noel M. Swerdlow nota cómo a pesar de la propagación del mitraísmo, en todo el Imperio Romano, “no debió ser una religión en forma, porque los escritores cristianos casi no le dedican atención, lo que explica que no debió suponer una amenaza para ellos”. 

Respecto a esto, David, agrega de qué forma “el mitraísmo se extinguió con el Edicto de Teodosio, que declaró el cristianismo la religión del imperio en 380. Es lógico que terminara porque eran seguidores del emperador, formaban parte del sistema y lo obedecían. No hay registro de persecuciones, y la arqueología lo aclara por completo, ya que los mitreos estaban intactos a principios del siglo V; no fueron quemados ni destruidos”.

Más que reflexionar en una influencia recíproca, Ales Chalupa –experto en estudios religiosos- destaca en el catálogo que algunas de las similitudes comunes que deben a la misma raíz grecolatina, empezando porque el uso de los banquetes era una praxis omnipresente en Roma como forma de cohesión colectiva. Lo mismo dígase del bautizo y la eucaristía, que se ha descubierto que eran prácticas también por el mitraísmo.

David señala de qué manera el cristianismo adoptó la iconografía mitraica en mosaicos tempranos como el Cristo-Sol de Justicia, o más tarde en la basílica de san Apolinar el Nuevo en Revenna, los Tres Reyes Magos, representados con el gorro frigio persa rojo, símbolo por excelencia de Mitra.

El director destaca el estudio de Nicolás Amoroso, quien ha demostrado cómo esa influencia llegó hasta el medioevo, como la tauromaquia esculpida en un capitel de la catedral de Monreale en la Sicilia del siglo XII.

Algunas de las obras maestras del culto a Mitra que señala David fueron producidas en mármol, como las estatuas de Sidon en Líbano en el 390 después de Cristo y los bajorrelieves Borghese (siglo II dC, descubierto desde el Renacimiento, ambos en el Louvre; el segundo en la sede de Lens), y el de Vulci en el Lacio. De entre las pinturas murales destaca el mitreo de Marino, en esta misma región italiana. Sin embargo, la mayor parte de los relieves fueron en piedra, comprometidos al desgaste del tiempo.

La exposición quedará como un hito para futuros estudios mitraicos, atestiguando la relevancia de la ciencia en la tarea de despejar mitos arraigados, aunque reconociéndose también lo mucho que falta por descubrirse.

(Con información de La Jornada)