Reapertura de La Casa de los Vettii de Pompeya incomoda a Occidente

La casa que perteneció a dos esclavos liberados, Aulo Vettii Conviva y Aulo Vettii Restituto que se dedicaron al comercio se preservó por la erupción del Vesubio en 79 d.C

Redacción/CDMX

Después de un largo proceso de restauración, reabrió este mes sus puertas La Casa de los Vetti, considerada por muchos La Capilla Sixtina de Pompeya.

Pero esto abrió una especie de Caja de Pandora que dejó salir una nueva reinterpretación de la sexualidad en la Antigua Roma.

En occidente, incluso la prensa que documentó el acontecimiento se notó confundida, El Metro abrió su titular “La lujosa casa de Pompeya que se duplicó como burdel tiene un arte mural interesante”.

The Guardian destacó el fresco de Prípao, el dios de la fertilidad (hijo de Dionisio y de Afrodita), el cual es representado pesando su pene de gran tamaño con una balanza con bolsas de monedas, además de los frescos eróticos que se encuentran junto a la cocina.

En cambio The Daly Mail, tal vez sorprendido, no dijo absolutamente nada sobre las pinturas, y se centró en los sellos históricos del diseño de interiores de la casa.

La sexualidad romana no se enmarcaba en términos del género de las parejas sino en términos de poder.

El género de la pareja sexual de un hombre libre era menos relevante que su posición social.

La sexualidad romana socialmente aceptable tenía que ver con el poder, el poder tenía que ver con la masculinidad, y las culturas sexuales patriarcales romanas eran afirmaciones de ambos.

Entonces, un hombre adulto libre podría tener relaciones sexuales cono pareja penetrante con cualquier persona de un estatus social más bajo, incluidas mujeres o esclavos y trabajadores sexuales de ambos sexos.

Sin embargo, las nociones modernas de homosexualidad que se leen en la historia romana es la forma en que la presencia generalizada del sexo en la Antigua Roma, incluyendo grafitis y la cultura visual conservada en Pompeya, ha sido negada, o al menos, purificada por la cultura moderna.

Este fenómeno no es nuevo, pues cuando se descubrieron por primera vez artefactos sexualmente explícitos en Pompeya, los arqueólogos decidieron preservarlos pero optaron por mantenerlos ocultos al público en general en “museos secretos”.

Incluso, la palabra pornografía surgió por la necesidad de clasificar esos artefactos romanos, el término se utilizó por primera vez para designar a los creadores de tales imágenes romanas en el Manuel de arqueología del arte de Karl Otfried Müller de 1830.

La cobertura de noticias sobre la reapertura de la Casa de los Vettii es uno de esos ejemplos de la cultura moderna dominante que desinfecta la historia romana.

Regresando al fresco de Prípao, por ejemplo, los medios de comunicación se paresuran a afirmar que el pene de gran tamaño del dios era simplemente una metáfora de la riqueza acumulada por los hombres dueños de la casa.

La pareja había hecho una fortuna vendiendo vino después de ser liberados de la esclavitud.

Prípao, con su gran hombría y su deseo insaciable de dominar a los demás a través de la penetración, era, de acuerdo al catedrático Craig Williams “Algo así como el santo patrón o la mascota del machismo romano”.

En una habitación más pequeña se encontraron frescos eróticos que los medios suponen como evidencia de que en esa habitación se usaba para el trabajo sexual, sin embargo, académicos sugieren que el espacio probablemente era un cuarto donde vivía el cocinero de la casa de los Vetti, y fueron pintados como un regalo para el esclavo.

En una cultura en la que el sexo no era tabú sino que se promovía como un signo de poder, riqueza y cultura, es justo sugerir que las imágenes eróticas no pertenecen únicamente a los burdeles.

El sexo estaba en todas partes en Roma, incluso en las artes literarias y visuales.

Pero las interpretaciones, en la actualidad, presentan los frescos explícitos como metáforas de algo más noble o como algo que estaba restringido a un sitio específico de la época romana.

(Con información de The Conversation)