Nancy Spero: ¿subversión sutil?

Desde octubre se puede ver, en el Museo Tamayo, el desopilante imaginario feminista de esta artista que criticó la guerra de Vietnam, las políticas estadounidenses, y que buscó justicia social y equidad para las mujeres

 

Ciudad de México (N22/Ana León).- Nancy Spero es brutal. Aunque tal vez sería mejor decir que su trabajo es brutal. Te golpea, te cuestiona descaradamente y sólo después de este shock, te invita a entrar, te abre la puerta a un universo de lo femenino, de su observación del mundo desde lo femenino. En el Museo Tamayo se puede ver, desde el pasado 6 de octubre, la exposición Nancy Spero: Paper Mirror, una mirada profunda y cronológica del trabajo de la artista.

El recorrido que ha diseñado la curadora Julie Ault, nos lleva por la primeras pinturas de Spero. Escenas figurativas de amantes en escenarios rotos, irreconocibles. La tristeza y la desolación brotan de estos primeros trabajos de la serie Black Paintings (1960) que, en palabras de Ault, “revelan su aislamiento como artista mujer”, y también una profunda tristeza. A primera vista,  podrían pensarse como escenas melancólicas, pero hay más desasosiego que un sentimiento de añoranza.

Luego vienen la indignación, el Vietnam de 1966. Y es tal vez, sólo en esta parada de este recorrido en la que podríamos vincular el trabajo de Spero con el de Golub (su esposo). Un guiño pictórico desde el desgarro y el desdoblamiento que plantea Spero, producto de la guerra y al mismo tiempo una crítica a la política estadounidense en Vietnam, directa, fulminante. Y esto no es raro, pues ambos artistas, como contó Leon Golub a Ault en una entrevista muy anterior a esta exposición, criticaban y opinaban sobre el trabajo del otro: “Intervenimos constante, continuamente en la obra del otro y lo hacemos de inmediato. Es una parte importante de la lógica con la que operamos. Llevamos cuarenta años haciéndolo y no tenemos dudas a la hora de ser muy francos, si no es que brutalmente explícitos.” A lo que Spero añadía: “Nos consultamos el uno al otro sobre muchas cosas. Nuestro taller, que compartimos desde 1977, es un loft dividido por una pared abierta en los extremos, y cada uno ocupa uno de sus lados. Pero, en esencia, cuando estamos mostrando obra o la extendemos por el piso, invadimos el territorio del otro. Muchas veces uno impulsa al otro para hacer una evaluación.”

La sala se abre y entonces vienen los frisos, las mujeres de Spero. El universo gráfico que la pintora nacida en Cleveland creó combinando y yuxtaponiendo el pasado y el presente del imaginario de lo femenino. Examina todas las formas en que ha sido representada la mujer a lo largo de la historia, desde lo mitológico, retomando aquellas que considera más poderosas, de imagen más potente. El cuerpo de la mujer compuesto en todas sus formas posibles, la vulva, visiones exponenciadas de lo femenino, de su poder. ¿En dónde radica el poder?, Spero buscaba, quizás, erradicar esa pregunta pues la palabra “poder” se relaciona directamente con el falocentrismo, y “¿por qué las mujeres artistas tendrían que estar limitadas a responder al poder y al control masculinos?”

El imaginario de Spero (1926-2009) es desopilante. Una subversión devenida trazo, repetición, color sobre el papel. La exposición también incluye el trabajo que Nancy creó apropiándose de los escritos de Antonin Artaud. “En el Codex Artaud (1971-3) usé el lenguaje de Antonin Artaud para sacar al mundo mis frustraciones.” Y ambos lenguajes dieron paso a una serie de largos pergaminos en los que también están estas mujeres en tinta, “una reacción al mundo grandilocuente de la pintura estadounidense de la posguerra, con sus gestos y sus espacios enormes”.

Esta exposición es la primera a gran escala de la pintora en México, una feminista, una subversiva, una crítica que no conoció límites.

 

Imagen: The Goddess Nut II, 1990. Foto: Michael Bodycomb. Cortesía Galerie Lelong & Co. © The Nancy Spero and Leon Golub Foundation for the Arts / VAGA at ARS, NY