Virus globales, heraldos negros

  • Para Samuel Ponce de León, las pandemias en el mundo moderno se harán cada vez más presentes. Esto debido a que “vivimos en un mundo cada vez más pequeño, cada vez más caliente y cada vez más poblado”.

Ciudad de
México, 28/11/16, (N22/Conacyt).- Era 1898 cuando la construcción de un canal
que uniría el Océano Atlántico y el Pacífico fue abandonada. A las
complicaciones de ingeniería y del sofocante clima que llevaron al proyecto
francés al fracaso, se le sumó la muerte de miles de trabajadores que después
de sufrir de fiebre, vómito y dolores intensos, cedían ante un hígado tan
destrozado que no podía sostener la vida.

Fue la fiebre
amarilla que evitó que en el siglo XIX la cintura del continente americano
fuera tajada. Pero ya para inicios de 1900, Walter Reed, científico y militar
estadounidense, había establecido que era el mosquito Stegomyia fasciata el
transmisor del virus causante de esta letal enfermedad. Conocimiento que
permitió la erradicación de la fiebre amarilla y, finalmente, esta vez por los
Estados Unidos, la construcción de una de las obras de ingeniería más
representativas del siglo: el Canal de Panamá.
Este es solo uno
de tantos casos en el que las enfermedades infecciosas, sin necesidad del
consentimiento humano, han establecido una ruta para los acontecimientos
históricos.
Así, a través de
la historia humana, las enfermedades infecciosas han demostrado el poder que
las pandemias tienen sobre las civilizaciones, como lo señala Samuel Ponce de
León Rosales, especialista en infectología y miembro del Consejo de Emergencia
Pandémica de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Samuel Ponce de
León, miembro nivel III del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), comenta
que desde la misteriosa plaga de Atenas, hasta el virus de la inmunodeficiencia
humana (VIH), estas amenazas globales han afectado la vida de comunidades
enteras. Allí están los ejemplos de la viruela y el sarampión, que influyeron
en la conquista de México; las epidemias de fiebre amarilla, que atacaron a
América y retrasaron la construcción del Canal de Panamá; o la influenza
española, que mató alrededor de 50 millones de personas.

Amenaza actual
Pero las
pandemias globales no son un problema que se apolilla en los libros de
historia. Para Samuel Ponce de León, las características del mundo globalizado
en el que ahora se vive representan un nicho ideal para el surgimiento, la
propagación y la intensificación de las enfermedades infecciosas.
Pero el problema
no es solo con los nuevos patógenos, además, se ha visto el resurgimiento de
enfermedades que se pensaba se tenían controladas o que ya no existían, como es
el caso del resurgimiento de la fiebre amarilla en Angola.

¿Por qué surge la pandemia?
Para Samuel
Ponce de León, las pandemias en el mundo moderno se harán cada vez más
presentes. Esto debido a que “vivimos en un mundo cada vez más pequeño, cada
vez más caliente y cada vez más poblado”.
Susana López
Charretón, investigadora del Departamento de Genética del Desarrollo y
Fisiología Molecular, en el Instituto de Biotecnología de la Universidad
Nacional Autónoma de México (UNAM), quien se especializa en el estudio de los
virus causantes de enfermedades infecciosas, explica que los principales
factores que favorecen el surgimiento de una epidemia son la sobrepoblación, la
globalización y los grandes cambios ambientales.
La conectividad
y el aumento en el número de viajes que han hecho posibles el comercio y el
esparcimiento como lo concebimos actualmente ha tenido consecuencias en la
salud global, o más bien, en la enfermedad global.
El hacinamiento
es también un factor determinante que aumenta el peligro de incubación y
propagación de las enfermedades infecciosas. Como explica Samuel Ponce de León,
los grandes multifamiliares en donde las familias tienen unos pocos metros
cuadrados para vivir, la falta de servicios públicos y de acceso a los sistemas
de salud y otros factores sociales propician el desarrollo de estas
enfermedades. A mayor pobreza, peores epidemias.

Cambios ambientales y epidemias
En cuanto a los
cambios globales que propician el surgimiento de nuevas pandemias y la
persistencia de las existentes, se encuentran en primer lugar el cambio de uso
de suelo, mediante la deforestación descontrolada, y el cambio climático
global.
La deforestación
es un factor clave en el desarrollo de nuevas enfermedades infecciosas. Esta
actividad provoca la invasión de zonas y el contacto con animales con los que
no se había convivido antes y que podrían ser portadores de patógenos
desconocidos, explica Susana López. Este fenómeno, en el que se da un brinco de
los agentes infecciosos de los animales a los hombres, o viceversa, es conocido
como zoonosis.
La investigadora
pone como ejemplo de este fenómeno el caso de la epidemia por el virus Nipah,
en Malasia. Este virus tiene un ciclo de vida que incluye a los murciélagos
fruteros de la familia Pteropodidae como hospederos. El problema surgió cuando,
al aumentar la producción ganadera, se extendieron las granjas de cerdo
invadiendo zona selvática, donde los cerdos consumían frutas mordidas por los
murciélagos, o alimentos contaminados con sus heces.
Esto ocasionó
que los granjeros se infectaran por contacto con los cerdos, iniciando una
enfermedad que iba desde una infección asintomática, hasta síntomas respiratorios
graves y la muerte por encefalitis. La solución a esta epidemia fue el
sacrificio de más de un millón de cerdos, ocasionando pérdidas económicas
enormes, pero salvando la vida de los pobladores, narra Susana López.
Este es un caso
que ilustra la importancia de conocer el ciclo de vida de los vectores que
pueden ser portadores de patógenos, pues como en el caso de los cerdos en
Malasia, normalmente existe un ciclo de vida selvático de los insectos que, al
trasladarse al ser humano, entra en un ciclo urbano, volviendo más compleja la
transmisión del patógeno.
En cuanto al
calentamiento global, este fenómeno favorece un mayor número y una más rápida
distribución de las epidemias. Además, zonas a las cuales ciertos vectores, por
ejemplo los mosquitos, no tenían acceso por las bajas temperaturas, cada vez
serán más accesibles para ser infestadas por estos insectos.

Conocer al enemigo para poder combatirlo
Los virus no son
considerados seres vivos y podrían definirse como nanoestructuras formadas por
ácidos nucleicos y proteínas, que necesitan obligadamente de las células para
reproducirse, explica Susana López.
“Cada virus es
una pequeña maquinaria, solo visible mediante el microscopio electrónico, que
carga solamente la información necesaria para infectar la célula huésped”.
Una de las
formas más conocidas por las cuales se transmiten estos patógenos es mediante
el uso de un intermediario, conocido como vector. Estos vectores pueden tener
ciclos de vida muy complejos, que incluso involucran a más de un animal,
salvaje o urbano, para la incubación de sus diferentes etapas, ya sean huevos,
pupas, larvas o adultos.
Para que la
pandemia ocurra, es necesaria la tríada: patógeno, vector y humano, explica el
doctor Mario Henry Rodríguez, director general del Instituto Nacional de Salud
Pública (INSP). El contacto entre el patógeno, ya sea virus, bacteria o
parásito, con el vector; además del contacto entre el ser humano y el vector,
es obligado para que ocurra la infección.
Este
requerimiento de contacto entre el vector —transmisor obligado para el
patógeno— y el ser humano abre una ventana para el desarrollo de estrategias de
control de la enfermedad.
El mosco, vector por excelencia
Uno de los vectores
más conocido y además causante de una gran cantidad de enfermedades infecciosas
son los culícidos, una familia de dípteros, comúnmente conocidos como
mosquitos.
Estos insectos,
en los que la hembra es hematófaga y al alimentarse es capaz de transmitir los
patógenos que porte, son transmisores de enfermedades como la fiebre amarilla,
el dengue, el Zika, la fiebre del Nilo, varios tipos de encefalitis y muchas
más.
Estos insectos
mantienen un ciclo selvático, que puede trasladarse a un ciclo urbano, en donde
la epidemia se propaga de humano a humano, con el insecto como intermediario,
detalla Mario Rodríguez.
Otra de las
características urbanas que permite la propagación de los patógenos es la gran
cantidad de sitios que hay en las ciudades para que los insectos completen su
ciclo de vida.
“Así, los
mosquitos infectados pueden pasar el virus a los huevos, que son colocados en
un depósito de agua. Cuando el agua se seca, los huevos también se secan y
pueden permanecer dormidos por más de un año. Entonces, después de este tiempo,
cuando llega la temporada de lluvias, los insectos nacen y ya infectados”,
explica el director del INSP.
Estrategias tradicionales para controlar
las enfermedades transmitidas por vector
Existen varias
estrategias para controlar las enfermedades transmitidas por vector, las más
utilizadas por su costo y practicidad son las que buscan minimizar el contacto
entre insecto y humano. Entre ellas se encuentra la promoción de uso de
barreras, como mosquiteros y repelentes, y el control de criaderos mediante las
campañas de deschatarrización.
Estas
estrategias pueden llegar a ser bastante exitosas, pero para ello necesitan de
la participación comunitaria, explica el doctor Mario Rodríguez.
En muchas
ocasiones, esto no es tan fácil como se escucha, pues no depende simplemente de
la disposición de la población, sino de un cambio cultural que implica
redefinir el concepto de basura, que conlleva un cambio en la percepción de lo
que es un ambiente salubre y lo que no lo es.
El significado
de un “patio limpio” no es el mismo en una casa en la Ciudad de México, que en
un solar maya en la península de Yucatán. Incluso, dentro de una misma ciudad,
en diferentes colonias, la deschatarrización tiene niveles de aceptación muy
diferentes. Como dice el doctor Mario Rodríguez: “lo que para unos es
basura, no lo es para otros”.
Además, existe
el problema de los grandes depósitos de basura que forman un ambiente propicio
para la incubación de estos insectos. Como dice Susana López, “¿de qué
sirve que una casa se mantenga sin criaderos si se encuentra junto a un enorme
depósito de llantas?”.
Atacando al mensajero
Otra de las estrategias
ampliamente utilizadas para el control de estas enfermedades es la reducción de
las poblaciones de mosquitos adultos. Esto se realiza, comúnmente, rociando
insecticidas químicos en viviendas y espacios públicos al momento de inicio y a
la mitad de la temporada de lluvia, explica el director general del INSP.
La reducción de
las poblaciones de larvas del mosquito es otra vía de control de los vectores.
Esto previene que los insectos pasen a la fase adulta de su desarrollo y, por
lo tanto, no entren al estadio en el que son capaces de transmitir el patógeno
al humano. Por ejemplo, existe una familia de insecticidas que al entrar en
contacto con las larvas les provoca una diarrea severa que impide su
crecimiento.
El doctor Mario
Rodríguez explica que el problema con las estrategias químicas, dirigidas tanto
a adultos como a estados juveniles, es que no solo contaminan el entorno sino
que, debido a la rápida adaptación de los insectos, ya casi no se cuenta con
insecticidas que sean realmente eficaces contra los mosquitos, señala Mario
Rodríguez.
Por ello, otra
opción viable que podría ayudar a controlar las poblaciones de larvas del
insecto es el empleo de peces larvívoros, de los cuales existan, probadas en
México, por lo menos cinco especies. El problema con esta estrategia es la
dificultad de su aplicación, la necesidad de un mantenimiento constante de
criaderos de peces y que, debido al equilibrio depredador-presa, este método
representa una forma de control más que una de erradicación de las larvas.
Estrategias alternativas y estrategias
genéticas para controlar los vectores
Se ha probado
también la posibilidad de liberar al ambiente mosquitos macho que hayan sido
esterilizados por radiación iónica. O generar insectos transgénicos que no sean
capaces de llegar a la vida adulta, que no sean capaces de reproducirse o que
sean capaces de eliminar al patógeno mediante un sistema inmunológico
fortalecido.
El problema con
los machos estériles es que dejan de ser competitivos ambientalmente, es decir,
son desplazados fácilmente por los machos silvestres fértiles, comenta Mario
Rodríguez.
Además, tanto
las estrategias que usan machos estériles, como las estrategias que insertan
genes letales mediante la ingeniería genética, plantean los problemas de
inmigración de hembras ya fecundadas a la región que se desea controlar; la
necesidad de la producción masiva de machos, que implica dificultades
tecnológicas y económicas; y el regreso de las poblaciones silvestres una vez que
se deja de aplicar la estrategia de liberación de insectos modificados.
Y aun cuando
estos primeros problemas lograran sortearse, quedan las implicaciones
ecológicas desconocidas de introducir un organismo genéticamente modificado al
ecosistema.
Estrategias integrales
Para el
investigador Samuel Ponce de León, la postura de que una infección es causada
por un microorganismo y, por lo tanto, a través de su estudio se podrá
eventualmente crear un fármaco que proporcione una cura y con ello se resuelva el
problema, es una postura parcial y simplista que no contempla atacar la
epidemia de raíz mediante la prevención.
Para el director
del INSP, Mario Rodríguez, una verdadera solución requiere atacar las causas
primarias que propician la generación de criaderos y ambientes insalubres. Y
eso, comenta, no es solo responsabilidad de la Secretaría de Salud, es una
tarea que involucra a los sectores de economía, desarrollo social, educación,
urbanización y a la población en su conjunto.
Los
especialistas concuerdan en que si no se combate la pobreza en el país, todo
esfuerzo será un trabajo parcial.
La vigilancia epidemiológica en México
En el país
existe todo un sistema de reporte para las enfermedades infecciosas que integra
la información proveniente de todas las partes de la república en un sistema
único. El problema, según el investigador, radica en la manera en que cada
reporte se va configurando.
Además de los
reportes que se generan en el sector salud, están los reportes gubernamentales.
Estos reportes muchas veces se ven alterados por miedo a que las noticias de
una epidemia afecten las actividades económicas de la región. Allí está el Zika
en Cancún, en donde los reportes indican cero casos, o en todo Quintana Roo,
con escasos reportes de infección, comenta Samuel Ponce de León.

“Estamos en
penumbras en tema de vigilancia epidemiológica. Aunque desde luego se ha
mejorado en el área y el gobierno ha generado un buen sistema, este todavía es
muy limitado”, concluye el investigado

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