Descubren universitarios segunda pirámide al interior de la de Kukulkán, en Chichén Itzá

Con nueva tecnología no invasiva, única en el mundo y
desarrollada por investigadores del Instituto de Geofísica, de la Facultad de
Ingeniería de la UNAM, y del INAH, hicieron el hallazgo.




Ciudad de México, 16/11/16, (N22/UNAM).- Científicos del Instituto
de Geofísica (IGf), de la Facultad de Ingeniería (FI) de la UNAM,
y del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), descubrieron que en
el interior de la pirámide de Kukulkán, en Chichén Itzá, existe una segunda
subestructura (pirámide).
En los años 30 se encontró una primera subestructura dentro
de la pirámide. Ahora, con una tomografía eléctrica tridimensional, los
universitarios hallaron una más, dentro de la primera.
El descubrimiento fue confirmado con la tomografía, que
permite “mirar” al interior de la estructura. Esta tecnología, no invasiva y
única en el mundo, fue desarrollada por el equipo de investigación, en el que
participan René Chávez Segura, Gerardo Cifuentes Nava y Esteban Hernández
Quintero, del IGf; Andrés Tejero Andrade, de la FI; y Denisse Argote, del INAH.
En esta segunda y última fase del trabajo de campo
(2015-2016), financiado por DGAPA-PAPIIT y la Coordinación de la Investigación
Científica de esta casa de estudios, se “reconstruyó” e “iluminó” el interior
de la pirámide, se verificaron sus etapas constructivas y se precisó qué ocurre
con su estructura, informaron en rueda de medios.
La metodología, el tipo de estudio que se realizó con
electrodos planos para escrutar al interior de un edificio o ver el subsuelo de
un inmueble, es totalmente nueva dentro de la geofísica, no sólo en México,
sino a nivel mundial, remarcó Chávez Segura.
En una primera etapa, recordó el científico, se descubrió
que la misma pirámide maya está construida sobre una oquedad: un cuerpo de agua
o cenote.
Después, se planteó el interés, por parte de los
arqueólogos, de saber si dentro de la pirámide, también conocida como El Castillo,
existían más estructuras. De ese modo, con la técnica no invasiva, que no daña
el patrimonio histórico de la nación, se iluminó el interior.
Se hizo una tomografía eléctrica, que consiste en colocar
detectores alrededor de los diferentes cuerpos de la pirámide (10 en total,
tomando en cuenta la base) y enviar corriente eléctrica al subsuelo mediante
una serie de electrodos, que también permiten medir de manera simultánea la
diferencia de potencial y, finalmente, la resistividad del subsuelo.
Gracias a eso, refirió Cifuentes Nava, se detectó una
subestructura por debajo de la primera; se observa una rampa, seguramente una
escalinata, y la probable existencia de un adoratorio. La altura de la más
antigua (descubierta por los universitarios) es de alrededor de 10 metros, más
el mencionado adoratorio, y de la encontrada en los años 30, es de 20 metros.
En su oportunidad, Argote explicó que se desconocía si en
la pirámide había más etapas constructivas. Este fue uno de los objetivos de
iluminar por dentro la estructura de El Castillo.
A través de estudios de termoluminiscencia y de
fechamientos absolutos que se hicieron recientemente, se determinó que el
periodo habitacional más importante de Chichén Itzá se divide en tres etapas:
de los años 550 al 800 d.C., correspondiente a una etapa de “mayas puros”; del
800 al 1000, momento transicional, cuando llegan pobladores del centro México y
comienza el estilo maya-tolteca; y por último, del 1000 al 1300, d.C., cuando
ocurrió la decadencia del asentamiento.
La estructura descubierta el siglo pasado correspondería al
periodo de transición, y la encontrada ahora sería del estilo maya puro. “Si se
puede investigar a futuro esta estructura sería significativo, porque hablaría
de los primeros periodos de población del sitio y daría información de cómo
evolucionó el asentamiento”, remarcó.
Además, expuso, es posible la probabilidad de que el
adoratorio o el área de templo en la cima de la estructura esté intacto; la
primera subestructura fue encontrada intacta, simplemente rellena. “Puede ser
que se haya conservado de la misma manera la más antigua”.
Ahora, dijo, sería importante trabajar un proyecto a
futuro, donde se extraiga información directamente de esa subestructura, ya con
la seguridad de que existe.
Al respecto, Chávez expuso que una tercera fase de
investigación sería a petición del INAH, con un interés específico y
considerando si el equipo desarrollado por los universitarios, con la
metodología y herramientas, es útil.
Infografía: IGf/UNAM

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