Más de 60 mil visitantes han conocido piezas prehispánicas colombianas


Distrito Federal, 14/01/13 (N22).- Delicadas piezas de oro elaboradas entre los años 500 a.C. y 1,500 d.C. por sociedades orfebres de las regiones prehispánicas de Colombia, en menos de tres meses de exhibición han atrapado la mirada de 60 mil personas en el Museo Nacional de las Culturas, donde permanecerán hasta el 3 de febrero, en la exposición Oro, arte prehispánico de Colombia.

La curaduría, realizada por el Museo del Oro del Banco de la República de Colombia, del cual procede el acervo, presenta al público mexicano una propuesta museográfica en la que piezas de carácter mitológico y simbólico se muestran como obras de arte fino. El discurso resalta el sentido estético de 200 objetos milenarios, y muestra por qué la composición y el equilibrio de los diseños le confieren a la orfebrería prehispánica de Colombia un lugar destacado en el arte universal. Asimismo, la exhibición da a conocer el contexto histórico y social de las obras.

Oro, arte prehispánico de Colombia, inaugurada en octubre pasado, es una muestra organizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), en colaboración con el recinto sudamericano, con la cual se invita al público a comenzar el año visitando museos.

Roberto Lleras Pérez, especialista del Museo del Oro, explicó que en el lapso de dos mil años, comprendido de 500 a.C. a la conquista española (1500 d.C.), la metalurgia floreció en el actual territorio de Colombia como en pocas regiones del mundo en época alguna.

“En el área andina, los litorales del Caribe y el Pacífico surgieron cerca de una docena de estilos diferentes, se elaboraron miles de piezas de adorno y de ofrenda con las más variadas representaciones de hombres, animales y figuras geométricas, y se combinaron técnicas complejas sobre diferentes aleaciones, como la del oro con el cobre que produce la tumbaga. El resultado, en términos estéticos, es sorprendente. El diseño de las figuras humanas y animales, la composición, el equilibrio y el manejo de los colores le confieren a estos objetos un lugar destacado en el arte universal.”

La exposición, de entrada libre, en el Museo Nacional de las Culturas (en el Centro Histórico de la Ciudad de México, atrás de Palacio Nacional) da la oportunidad de apreciar más de 200 objetos de ese rico abanico que resultó del desarrollo de la orfebrería prehispánica colombiana. En vitrinas de fondo rojo, resalta el dorado de figuras votivas, colgantes de orejeras, remates de bastón, pectorales y palillos para cal elaborados con moldes bajo la técnica de cera perdida, o bien con martillado y otros más con filigrana.

El especialista del Museo del Oro refirió que en esta región del mundo, una gran parte de las piezas de oro, tumbaga y cobre tienen un carácter religioso y simbólico que las explica y justifica. “No fueron, como en el mundo moderno, joyas para realzar la vanidad individual, sino objetos sagrados que participaban de principios e ideas religiosas fundamentales para toda la sociedad. Este factor marcó una profunda diferencia entre las industrias metalúrgicas del Viejo y del Nuevo Mundo, en el momento del descubrimiento de América”.

Un ejemplo de ello, citó Lleras Pérez, son las figuras votivas ofrendadas durante rituales, arrojándose a espacios sagrados como las lagunas, en honor a los dioses o a los antepasados. Oro, arte prehispánico de Colombia presenta una gran variedad de objetos que tuvieron este uso.

Las piezas reunidas en esta muestra también dan testimonio de la compleja y profunda filosofía indígena que explicaba el origen del mundo y la humanidad, las relaciones de los hombres entre sí y con la naturaleza, y el devenir del universo, destacó el especialista del Museo del Oro.

Asimismo, recordó que las antiguas autoridades políticas y religiosas, es decir caciques y chamanes, utilizaron grandes y complejas piezas del preciado metal para reforzar su prestigio y hacer visibles su autoridad y privilegios. “Hay evidencias que indican que en el suroccidente colombiano las elites gobernantes de Calima, Malagana, San Agustín, Tierradentro y Tolima compartieron elementos de la ideología religiosa, y mantuvieron un activo intercambio de bienes suntuarios que incluyó piezas de metal”.

La más notable tecnología tuvo su desarrollo en el centro del país, durante el período Quimbaya Temprano (500 a.C. – 600 d.C.), cuando la población desarrolló la técnica de la cera perdida para grandes objetos huecos, piezas bicolores y la fundición en varias etapas.

En tanto, la función religiosa de los objetos de orfebrería, común a todo el territorio, fue especialmente notable en tres culturas: la tairona, la muisca y la cauca, señaló Lleras, al abundar que en la primera, la iconografía representada en los objetos de esta época recuerda constantemente la relación y el poder de los animales sagrados: serpientes, murciélagos y aves.

En tanto que entre los muiscas, la ofrenda absorbió la mayor parte de los objetos de metal; y en la cauca, el hombre–ave en pleno vuelo compendia la razón de ser de la metalurgia americana.

Por su parte, el arqueólogo colombiano Efraín Sánchez, curador de la exposición, explicó que las crónicas del siglo XVI, así como la arqueología y la etnología, permiten concluir que en muchos casos los receptores finales del arte de la orfebrería eran los dioses u otros seres-espíritus considerados “dueños de los animales” o “dueños de las aguas”.

“Quizás, muchas piezas iban directamente de las manos del artífice al fondo de una laguna sagrada, o a las profundidades de cuevas inaccesibles, o se sepultaban en las tumbas ya que los hallazgos se han verificado en todos estos lugares. El chamán pudo haber sido el principal, y en muchos casos tal vez el único agente receptivo-recreador de las piezas de orfebrería. Esto supone que entre el chamán y el orfebre debió existir una relación estrecha, y que aquél tenía una ascendencia fuerte en el proceso creativo.”

Luego de los trabajos arqueológicos de Colombia, que han recuperado de las profundidades de las cuevas o lagunas estos exquisitos objetos ceremoniales, el público mexicano tiene oportunidad de apreciarlos, acompañados de una selección de piezas hechas —en cerámica, piedra y madera— también por las culturas agrícolas prehispánicas de ese país, con la intención de recordar ese contexto arqueológico al que pertenecen.

Antes de la muestra colombiana, el Museo Nacional de las Culturas presentó en 2012 las exposiciones temporales Primeros pueblos de Canadá: obras maestras del Museo Canadiense de la Civilizaciones; China Milenaria. Cinco mil años de cultura (conformada con piezas del propio museo); E Tū Ake: Orgullo māori y Arte Antiguo de la India, Obras maestras del Museo de Arte del Condado de Los Ángeles, esta última una de las más visitadas con 60 mil personas en todo su periodo de exhibición (cuatro meses). 


El montaje colombiano, en menos de tres meses, ha rebasado las cifras de visitantes de que tuvo la muestra de arte hindú, al sumar ya 60 mil personas; Oro sagrado arte prehispánico de Colombia permanecerá en exhibición hasta el 3 de febrero próximo, por lo que se espera que la afluencia que alcanzó Arte antiguo de la India quede superada.

El Museo Nacional de las Culturas se ubica en Moneda 3, Centro Histórico de la Ciudad de México, el horario es de 9 a la mañana a 5 de la tarde. Entrada libre.

12MAG

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