Las mujeres han sido arrojadas cazadoras, no solo recolectoras

Redacción/CDMX

En 1968, se publicó el libro Man the hunter (El hombre cazador) que fue resultado de un simposio desarrollado dos años antes.

Organizado por los antropólogos Richard Lee e Irven Devore, se presentaron trabajos etnográficos y arqueológicos sobre sociedades primitivas de recolectores-cazadores donde se sostenía el paradigma del hombre cazador.

Pero el hallazgo de una joven enterrada con sus armas en los Andes hace unos 8 mil años, terminó por desmontar el mito que el hombre cazaba y la mujer recolectaba frutos.

Un grupo de antropólogas de las universidades de Washington y Seattle Pacific ha rastreado en las bases de datos etnográficas lo que los antropólogos y etnógrafos han escrito sobre la caza en sociedades tradicionales del presente (o que existieron hasta hace relativamente poco, como es el caso de los iroqueses, apaches y otros nativos americanos).

Seleccionaron casi 400 culturas, de las cuales redujeron la muestra a solo 63, porque a decir de Cara Wall-Scheffler, coautora de la investigación, buscaban estudios que detallaran el comportamiento y estrategias de caza, es decir, que existieran tablas, estadísticas o detalles.

Descubrimientos

Se encontró que, independientemente de su estado materno, las mujeres cazan en el 79 por ciento de las sociedades que estudiaron.

Más del 70 por ciento de la caza de las mujeres parece ser intencional, no solo de animales que se encontraban mientras realizan otras actividades.

No solamente se enfoca a especímenes de pequeño tamaño sino la mayoría de las veces es una caza mayor.

El análisis mostró que las mujeres participan activamente en la enseñanza de la caza y que utilizan una mayor variedad de armas y estrategias en relación con los hombres.

Uno de los ejemplos es las mujeres Agta de Filipinas, pues ahí los hombres cazan en gran medida con arco y flecha pero algunas mujeres prefieren cazar solo con cuchillos, además del arco y la flecha y algunas otras con la combinación de ambas.

El equipo pide que se reevalúen las evidencias arqueológicas más antiguas y advierte contra la aplicación incorrecta de la idea de que los hombres son cazadores y las mujeres recolectoras en trabajos futuros.

Los hallazgos también destacan la importancia de la flexibilidad en la evolución.

“La gente es muy buena para ser flexible”, dice Wall-Sceffler

“Estar encerrado en un rol específico sin otras opciones probablemente no es la forma en que hemos tenido tanto éxito como especie”, agregó.

(Con información de El País y Popular Science)