Electricidad para tratar enfermedades mentales nuevas teorías y añejas prácticas

Redacción/CDMX

Enfermedades mentales como el trastorno obsesivo compulsivo, la depresión y la adicción se vuelven complicadas al atenderlas, incluso suelen no tener reacción a las drogas. 

Una nueva ola de tratamientos que utilizan la estimulación eléctrica en el cerebro se muestra prometedora para los pacientes y en los ensayos clínicos. 

Pacientes como Moksha Patel, médica y profesora de la Universidad de Colorado tiene TOC (trastorno obsesivo compulsivo) grave.

“El TOC realmente se estaba apoderando de mi vida. El más obvio de mis síntomas fue no poder usar ningún baño público, ducharme durante una hora después de usar los baños cada vez y usar limpiadores químicos en mi piel y mi boca”, recuerda. 

Después de lidiar con esto durante bastantes años, Patel se contactó con Rachel Davis, psiquiatra e investigadora también de la Universidad de Colorado, sugirió que Moksha era un buen candidato para la estimulación profunda como tratamiento para su TOC. 

“La estimulación cerebral profunda involucra la implantación de electrodos en las áreas más profundas del cerebro”.

Electrodos que transfieren al cerebro pequeñas corrientes eléctricas que un médico y su paciente intentan sintonizar correctamente. 

La estimulación cerebral profunda funciona para muchos, llamando la atención en la última década, pero las ideas que se encuentran detrás de este tratamiento tienen casi 60 años. 

El profesor Joseph Fins, neuroético y profesor de medicina en el Weill Cornell Medical College, parte de la Universidad de Cornell en los EE. UU. afirma que todo comenzó con un neurocientífico español llamado José Manuel Rodríguez Delgado en 1964.

“Puso una cosa llamada stimoceiver, un estimulador cerebral profundo, en el cerebro de un toro embistiendo.

Y con una corriente eléctrica controlada por radiofrecuencia, pudo detener al toro en seco”.

Con este tratamiento Delgado salió en la portada de The New York Times, impulsándolo después de tratamientos de salud mental poco profesionales, como las lobotomías o terapias de elctroshock.

A medida que la neurociencia moderna avanza en nuestra comprensión de cómo funciona el cerebro y se desvanece el estigma en torno a la terapia física, la estimulación cerebral profunda tiene una segunda oportunidad, ayudando también a las personas a superar problemas de salud mental como la depresión.

Los investigadores con cada nuevo tratamiento aprenden más sobre el complicado mundo del cerebro y, avanzan hacia los tratamientos del mañana.

(Con información de The Conversation)