«Un país al que no le importa su cultura, y entre ella va la literatura, está destinado a una sequía mental absoluta»: Alma Delia Murillo

En la segunda semana de octubre escritoras, editoras, reporteras y correctoras de estilo se unieron en Twitter con el hashtag #EscriboYCobro, para visibilizar la precarización del oficio y demandar pagos justos

Ciudad de México (N22/Karen Rivera).- «Cada vez que me han invitado escribir de entrada es gratuito, es “te invitamos a colaborar”. Los acuerdos con las editoriales, los anticipos suelen ser también irrisorios, y volteas y tienes otros amigos escritores y te enteras que en el caso de los hombres por default hay otras negociaciones que son siempre más altas», señala Alma Delia Murillo, escritora.

«¿Por qué no hablar de dinero?, ¿por qué dar por sentado que vas a hacer tu trabajo gratis?, ¿por qué dan por sentado que por estar en las artes es algo que te encanta hacer? Pues por eso ni se dignan hablar de dinero, porque además de todo eres mujer», dice la escritora Brenda Lozano.

Y Nubia Macías, directora de MN Consultora apunta: «Tenemos que dignificar el trabajo de las escritoras y de los escritores, tenemos que reivindicar el esfuerzo que significa para ellos hacerlo, y tenemos que reivindicarlo como una profesión que cobra honorarios por eso.»

«Que se señale, que se denuncie, que se exija que eso cambie no me parece más que positivo la verdad», apunta Eduardo Rabasa, escritor, editor y cofundador de Sexto Piso.

¿Cuánto vale mi trabajo? ¿Cómo sostener la seguridad para cobrar lo que se debe cobrar? “Tenemos que hablar de dinero”. Ésas fueron las preguntas y el lema con el que las escritoras, traductoras y editoras Yeni Rueda, Martha Mega y Judith Santopietro lanzaron, a mediados de octubre, la campaña #EscriboYCobro en Twitter, con la misión de escuchar, compartir y poner sobre la mesa la precariedad en el mundo editorial y la exigencia de pagos justos.

«Algunas ya tenemos idea de cuánto cobrar, pero no tenemos las herramientas para cobrar eso que justamente consideramos que es el pago que tendríamos que recibir y yo compartí este sentir en Twitter y varias escritoras también replicaron ese tuit y fue ahí cuando Martha y Judith empezamos a intercambiar algunas ideas sobre el tema», cuenta Yeni Rueda, escritora y editora.

«Sí, hay una gran brecha. Sí, hay una precarización del trabajo de escritura, del trabajo cultural, falta un reconocimiento de estos contratos laborales entre quien te emplea para ciertas labores o actividades y también pues que no estamos aún organizadas como escritoras colectivamente para exigir estos derechos», señala Santopietro.

«También vimos muy claramente con el ejercicio de #EscriboYCobro la desigualdad marcadísima entre clases, raza y contexto social y geográfico», Martha Mega, escritora y actriz.

Y continúa Alma Delia Murillo: «No se pagan las apariciones en mesas redondas, en presentaciones nadie te lo paga, en ferias del libro nadie te lo paga, y en otros países sí; o sea, hay otras industrias y otros países donde de entrada hay una oferta por hacer esa labor y luego está el tema de que cuando te pagan suelen tardarse. […]  Hay un tema de falta de profesionalización en cuanto al trato, se romantiza la idea de que el escritor o escritora, ahorita hablamos en particular de las mujeres, pero en general se romantiza la idea de que el escritor o escritora puede vivir sin comer.»

«Y muchas veces las instituciones públicas son las que más racanean el dinero a las escrituras, entonces me parece que también este mensaje va para ellos porque además, las escrituras hasta que no triunfan fuera de México en general viven con mucha precariedad de lo que se les pagan en las editoriales», dice Macías. Y Lozano apunta: «las cosas en el súper cuestan igual para un contador, un médico o un artista y esos trabajos precarizados con todos estos pliegues, siendo mujer, siendo escritora o siendo mujer y siendo artista, pues se colocan en un lugar muy de última fila.»

Existen tabuladores que permiten conocer el mínimo a cobrar en actividades como la traducción y la redacción, en esta última, por ejemplo, un freelance puede ofrecer un precio por palabra que se multiplica por la cantidad de estas que lleva el contenido, en México la media es una tarifa de seis centavos por cada una, de acuerdo con el directorio de freelance del país.

«Creo que tenemos que repensar el modelo editorial, el modelo de todas las empresas y de todas las instituciones que hacen cultura, no creo que mi reivindicación personalmente sea que nos paguen mejor a nosotras, sino que repensemos cómo está el modelo justamente incluyendo editores, distribuidores, libreros, directores, etcétera», apunta Brenda Navarro.

Y Macías precisa: «En la mayoría de los casos las escritoras muy jóvenes o nuevas en la promoción no suelen recibir honorarios por adelantado, se les paga un pequeño FI, o sea, una cantidad reducida y cuando firman el contrato se les firma por una cantidad de porcentaje, casi siempre va del 10%, y si eres una escritora o un escritor muy reconocido elevas la cantidad de los derechos de autor entre el 10 y hasta el 15% pero ya el 15% es raro.»

«Creo que es absolutamente cierto, digo la verdad en nuestro caso no es así, de ninguna manera y eso te lo podemos demostrar numéricamente con contratos. Obviamente no le pagamos más a hombres que a mujeres, eso nunca ha sido así, pero para nada estoy diciendo con eso que no sea una práctica que ocurra, no conozco casos específicos, no conozco ni tabuladores, índices de pagos, más que de donde yo trabajo donde sé que no es así», señala Rabasa respecto a Sexto Piso.

«Yo creo que soy un mal ejemplo porque aunque yo he trabajado digamos, colateralmente dentro de la industria editorial por mucho tiempo, nunca ha sido mi sustento, he tenido otro tipo de trabajos y esto es como un segundo o tercer trabajo, y ahora como escritora publicada [publicó en 2019 Casas vacías con sexto Piso] en una editorial con un impacto nacional e internacional, tengo que decir que he sido muy bien arropada, pero justamente porque sé que he sido muy bien arropada, que se me ha pagado por mi trabajo, reconozco que estoy en una situación excepcional», señala Navarro.

De acuerdo con el Observatorio de Trabajo Digno de la Organización Ciudadana Frente a la Pobreza, México tiene la peor brecha salarial de América Latina entre hombres y mujeres, las trabajadoras ganan hasta 797 pesos menos con mayor carga laboral. El machismo en la industria editorial también se expuso en los comentarios de las redes que formaron parte de esta iniciativa.

Macías: «Tienen más experiencia negociando, también hay que decirlo, los hombres llegan con más armas a negociar porque todas su vida se han dedicado a negociar honorarios; las mujeres llegan en condiciones de desventaja primero porque no les han dicho que ésa es una posibilidad que pueden hacer y pueden cobrar por su trabajo.»

«Para mí la pregunta fundamental es a quién le conviene que nos dé miedo ser transparentes con lo que ganamos, ¿a nosotros nos conviene que la otra no sepa lo que cobro, que no sepa lo que está pagando tal persona o tal institución? o ¿a quien le está conviniendo que haya esta secrecía entre nosotras?, esta sensación de competencia, porque justo creo que no es a las escritoras», señala Mega.

«Y creo que una de las cosas más importantes es el sentido de la colectividad, no se trata de mí al final, se trata de que si yo, por ejemplo, acepto hacer gratis un texto, si hay una chavita que ahorita está terminando de estudiar la licenciatura en Letras, ves que a la que sigue detrás de mí cuando la vayan a invitar, pues no le van a ofrecer dinero, entonces abrir estos temas entre todas y entre todos, por supuesto que son en miras de esa colectividad», señala Lozano.

«Entonces ahí lo que nos toca como editores, también, y como gestores culturales hacer estas reflexiones y crear estas nuevas estrategias y no nada más quedarnos en la cuestión de que no hay presupuesto», señaló Rueda.

Finalmente, Alma Delia Murillo comentó: «La verdad es que el tema está ahí y es incómodo hablar de dinero, pero que incomode por favor, hagamos que se incomode la industria, hagamos que se incomoden quienes toman las decisiones porque sí hay mucho camino por andar. Un país al que no le importa su cultura, y entre ella va la literatura, está destinado a una sequía mental absoluta.»