«Sin muertos no hay carnaval», el retrato de una realidad descarnada

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El filme tiene tres líneas argumentales, todas parten sobre la disputa de un pedazo de tierra

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Ciudad de México (N22/ Julio López). – Sin muertos no hay carnaval es una película que se desarrolla en Guayaquil, Ecuador, y aborda problemáticas propias de toda Latinoamérica: pobreza, falta de oportunidades, impunidad, pero sobre todo pequeños y grandes actos de corrupción.

Sebastián Cordero es el director de esta película, quien piensa que la maquinaria de la corrupción deja de funcionar si se quitan piezas clave, “de alguna forma todo funciona junto, los engranajes tienen que están pegados los unos a los otros para que toda esa maquinaria funcione. Es una reflexión muy apropiada porque incluso el personaje más cuestionable, sino tuviera alguien que le siga la corriente, no podría actuar de esa forma”.

El filme tiene tres líneas argumentales, todas parten sobre la disputa de un pedazo de tierra. Por un lado, tenemos a un grupo de invasores que se han asentado en el terreno ilegalmente, por otro, están los dueños del lugar que buscan vender la propiedad, pero antes tienen que echar a los “paracaidistas”. En medio de estos dos está un abogado poco confiable que saca ventaja de la situación.

Para la productora Bertha Navarro, “esta es de las películas que nos reflejan lo que tenemos que cambiar. Hacer más consciente una problemática que están en nuestros países, una ciudadanía consiente es lo que realmente se necesita”. Maya Zapata, quien interpreta a Ingrid, coincide en el potencial del filme para promover la reflexión: “nosotros estamos en el camino de encontrar la manera de acabar con la impunidad, de acabar sobre todo el miedo tan grande que nos provoca el hecho de saber que podemos ser castigados por intentar hacer lo correcto”.

Sin muertos no hay carnaval logra retratar de manera efectiva una realidad descarnada, cruda y hostil. Una realidad que se ha vuelto cotidiana en nuestro país.

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