La UCSJ teje una ofrenda a los muertos

  • La ofrenda está dividida en cuatro módulos y comienza con una gran representación del Cihuapilli, palabra con las que ciertos grupos indígenas aluden a los genitales femeninos externos. 



Por Huemanzin Rodríguez
Ciudad de México, 1/11/16, (N22).- En
el Museo de la Indumentaria Mexicana “Luis Márquez Romay”, que está en la
Universidad del Claustro de Sor Juana, como cada año es montada una ofrenda de
Día de Muertos, pero en esta ocasión con la propuesta de su directora Martha Ríos
Basurto, es una ofrenda tejida.
“La
narrativa de la exposición ‘Tejer y destejer la vida’ es reflexionar un poco
sobre los ciclos de vida y cómo son concebidos por algunos grupos indígenas
desde el nacimiento hasta la muerte”, comentó Teresa Palerm, asistente general
de la colección de indumentaria mexicana “Luis Márquez Romay” de la Universidad
del Claustro de Sor Juana.
La
ofrenda está dividida en cuatro módulos y comienza con una gran representación
del Cihuapilli, palabra con las que ciertos grupos indígenas aluden a los
genitales femeninos externos.
“La
idea de esta pieza, de esta vagina tejida es representar de una manera
simbólica cómo a través del tejido que es una labor típicamente femenina,
maternal, de crear para proteger es representar esta vagina que es la dadora de
luz. Para los aztecas la vagina es la hendidura por donde nuestras almas entran
a este plano, a este universo”.
El
segundo módulo está dedicado al Papalotl, las mariposas.
“Tenemos
la lápida de Sor Juana rodeada de mariposas blancas tejidas. En realidad para
algunos mazahuas y algunos grupos nahuas, las mariposas representan los
espíritus de los muertos que vienen a visitarnos en la temporada de día de
muertos”.
Una
sección breve dedicada a la lluvia, que representa el luto, pero también es el
agua que cae del cielo y nutre la Tierra.
“Casi todo está
tejido a gancho, cerca del 90% de la exposición está tejida a mano. Y
hay algunas cosas tejidas con agujas. La vagina es la entrada a este mundo, la
sala de las mariposas es el tránsito por esta vida donde nos acompañan las
almas de nuestros muertos. La sala de lluvia es la sala de luto. Y finalmente
está la sala del altar que es la sala de la muerte”.

Algunas
piezas fueron comisionadas a diseñadoras como Genoveva Álvarez, quien coordinó
a un grupo de tejedoras. También participó el colectivo Lana de sastre, y otras
75 tejedoras voluntarias. La ofrenda estará hasta enero del 2017.

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