Rubén Bonifaz Nuño: académico, traductor, humanista y poeta

Por Jocelyn Martínez Elizalde* 
jocelynmtzelizalde@hotmail.com


Distrito Federal, 04/03/13, (N22).- Rubén Bonifaz Nuño (1923) nació en Córdoba, Veracruz, y murió el 31 de enero de 2013 en la Ciudad de México. Llevó a cabo estudios de licenciatura en la UNAM, donde se recibió de abogado en 1950. Más tarde, decidió seguir su camino en el área de las Letras Clásicas, por lo que obtuvo el grado de Maestro, en 1968, y el de Doctor en 1971, en la misma universidad. 

Fue becario del Centro Mexicano de Escritores de 1951 a 1952 y, posteriormente, de 1984 a 1985. Ingresó en la Academia de la Lengua en 1963 (cargo al que renunció en 1996) y fue miembro del Colegio Nacional desde 1972.

Recibió diversas distinciones, entre ellas el Premio Nacional de Letras, en 1974; el Premio Latinoamericano de Letras “Rafael Heliodoro Valle”, en 1981; el Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Colima, en 1984; ingreso a la Academia Latinitati Inter Omnes Gentes Fovendae, de Roma, en 1985; en el mismo año obtuvo el Premio Internacional “Alfonso Reyes” y, al siguiente, el Premio “Jorge Cuesta”. En 1992 obtuvo el Doctorado Honoris Causa, por la Universidad Veracruzana.

Como universitario desempeñó diversos cargos: Director de Publicaciones (1962-1966), Coordinador de Humanidades (1966-1977, 1980-1981), maestro en la Facultad de Filosofía y Letras y en el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, del cual fue fundador, investigador y fungió como Director en el periodo de 1973 a 1985. Fue Miembro del Consejo Universitario (1973 a 1985), Miembro de la Junta de Gobierno (1987 a 1993), Director de la Bibliotheca Scriptorum Graecorum et Romanorum Mexicana, desde 1970.

Fue traductor de diversos autores clásicos grecolatinos como Virgilio (Las Geórgicas, 1963, La Eneida, 1972), Catulo (Cármenes, 1969, Poemas a Lesbia, 1982), Propercio (Elegías, 1974),

Ovidio (Arte de amar y Remedios del amor, 1975, Metamorfosis 1979), Lucrecio (De la natura de las cosas, 1984) y Homero (Ilíada, 1996), entre otros.

De igual forma, se suman a su obra los ensayos acerca de la cosmogonía prehispánica: Destino del canto (1963), “La fundación de la ciudad” (1972), El arte en el templo mayor (1981) y La imagen de Tláloc (1986), entre otros.

Bonifaz Nuño salvó el cuerpo con la palabra
Como puede verse en esta sinopsis de su vida académica, Rubén Bonifaz Nuño pasó por las áreas más importantes en las que tiene injerencia la universidad: enseñanza, investigación y difusión del conocimiento, actividades a las que él agregó la de la creación poética.

Debido a la combinación de diversas áreas del conocimiento en la que Bonifaz Nuño se ha interesado, su obra poética refleja, tanto en su contenido como en sus estructuras literarias, la erudición del autor en temas que van de las culturas clásicas griega y latina (As de oros, 1981) a las culturas prehispánicas (El ala del tigre, 1969); de la tradición alquímica (Los demonios y los días, 1956) a la canción ranchera (Albur de amor, 1987); de la Cábala mística (Del templo de su cuerpo, 1992) al refrán popular (Fuego de pobres, 1961); de la glosa de un poema renacentista (Madrigal del adolorido, 195…) a la poetización de una actriz de telenovelas (Pulsera para Lucía Méndez, 1989). Su obra se encuentra reunida en el Fondo de Cultura Económica (FCE).

En la obra lírica de Rubén Bonifaz coinciden diversas tradiciones literarias y culturales que la enriquecen y que, al mismo tiempo, exigen del lector el conocimiento de las mismas, para acercarse a sus múltiples sentidos. Se ha dicho que la poesía bonifaciana guarda una estrecha relación temática y formal con diversas tradiciones literarias; tal es el caso de la literatura grecolatina, con autores como Homero, Sófocles o Catulo; de la literatura náhuatl prehispánica, con Nezahualcóyotl; de la literatura europea con poetas como Gustavo Adolfo Bécquer o Rainer Maria Rilke; y de la literatura latinoamericana, con César Vallejo, Pablo Neruda, Jorge Cuesta y Jaime Sabines. Además de la tradición literaria, en la obra poética de Bonifaz Nuño también es posible hallar guiños a textos populares como son el bolero y la canción ranchera, dichos y refranes mexicanos e incluso alusiones a telenovelas.

Es posible notar que los libros más cercanos a 1982, año en que le fuera diagnosticada la enfermedad que le ocasionó la pérdida gradual de la vista, tienen más alusiones a la ceguera y en general al deterioro del cuerpo del amante, en contraposición con el cuerpo de la amada. Existe, en casi todos los poemarios de Bonifaz Nuño, un tono de añoranza por la juventud, provocado por una insistente vejez melancólica y prematura, es decir, el tema de la vejez aparece aun en los años en que el poeta era un hombre joven. La resistencia al paso del tiempo se da con la juventud y es la mujer la única que, de forma ilusoria, podrá portarla eternamente o al menos ésa es la solicitud de la voz del poeta en El manto y la corona: “Amiga a la que amo: no envejezcas./ Que se detenga el tiempo sin tocarte;/ que no te quite el manto/ de la perfecta juventud. Inmóvil/ junto a tu cuerpo de muchacha dulce/ quede, al hallarte, el tiempo.”

A diferencia de la figura femenina que se poetiza en la obra bonifaciana, la masculina se mostrará, la mayoría de las veces, como un hombre común, que canta desde la pobreza y desde la soledad, cuya única certeza es la inevitable presencia de la muerte, de la que sólo lo salvará ‒aunque sea momentáneamente‒ el amor. Bonifaz Nuño privilegia el amor humano y lo engrandece de tal forma que, a partir de su experiencia, se consigue la posibilidad de trascender.

La poesía bonifaciana es una búsqueda de la salvación del cuerpo a través de la palabra, un breve intento por permanecer, aun a pesar de la vejez y de los impedimentos físicos; en la voz del poeta entendemos que recordar y nombrar las cosas es también una forma de vivirlas.

Bonifaz Nuño coloca al mismo nivel al héroe mítico, al caballero, al poeta, al asceta, al oficinista, al indígena, a la profesora, a la esposa; todos ocupan ese sitio en el que lidiar con la lluvia, el tedio, los precios altos, la soledad, la conciencia de la muerte y el desamor es la batalla de todos los días.

13MAG

* Jocelyn Martínez Elizalde (Ciudad de México, 1983). Es Maestra en Letras Mexicanas por la UNAM. Obtuvo el grado con el proyecto “Del letargo a la hiperestesia. El cuerpo y los sentidos como vía de iniciación a la poesía Bonifaciana». Actualmente se encuentra en el Doctorado en Letras en la misma universidad. Se ha especializado en el estudio de la obra poética de Rubén Bonifaz Nuño y está llevando a cabo una investigación acerca de la poesía de Francisco Hernández. Fue Becaria del Instituto de Investigaciones Filológicas en el Macroproyecto “La enseñanza del Español en México”. Ha participado en congresos, coloquios y jornadas académicas nacionales e internacionales. Es miembro fundador del Seminario de investigación en poesía mexicana contemporánea.

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