Arqueólogo Edgar Daniel Pat Cruz ofrecerá una charla sobre la concepción de la muerte entre los mayas


Distrito Federal, 29/10/12 (N22).-

Para los mayas, la dualidad entre la vida y la muerte era un ciclo en el que la materia se desintegraba pero el alma subsistía, y tardaba cuatro o cinco años en llegar al Xibalbá o inframundo; después de ese tiempo, el espíritu se diluía y entraba por medio del suspiro en la boca de una mujer embarazada para revivir en otro ser y reiniciar así un nuevo ciclo.

Esta antigua concepción será tema de la conferencia que ofrecerá el arqueólogo Edgar Daniel Pat Cruz, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), como parte del ciclo “La visión de la muerte entre los mayas”, que se realiza este 29 y 30 de octubre en el auditorio del Centro INAH Campeche, de las 18:00 a las 20:00 horas.

El especialista señaló que como parte de su ponencia titulada La muerte y sus representaciones en la cosmovisión de la cultura maya, se referirá a algunas investigaciones de epigrafistas sobre la iconografía y estudios de tradición oral, según los cuales la diferencia entre la vida y la muerte para esta antigua civilización radicaba en la materia.

“El cuerpo humano era el que perecía, pero el alma del individuo permanecía y era requerida por el dios maya de la muerte, Ah Puch, que lo guiaba en el interior del inframundo, Luego de un tiempo, el alma o Píxan del individuo revivía en otro ser y recomenzaba el ciclo”.

Los mayas creían que el cosmos se formaba por tres estratos: el cielo, que se componía de trece niveles, la Tierra, y el Inframundo o Xibalbá, de nueve. La tierra está situada entre el cielo y el Xibalbá, y es el sitio donde se da la contienda de la vida y la muerte, donde se producen el choque y la armonía de los contrarios, lugar sagrado entre los mayas, símbolo de la dualidad y origen de la vida y de la muerte al que sólo podían penetrar los representantes de los dioses en la Tierra.

Pat Cruz explicó que la muerte estaba asociada al inframundo, el caos, la oscuridad y la destrucción, mientras que la vida se vinculaba con el cielo, el orden, la luz, el sol, la creación y la racionalidad.

Añadió que esta ambivalencia se representaba a través de diversos elementos, como la Ceiba, que era el árbol sagrado de los mayas, cuya parte superior simbolizaba el cielo, mientras que la raíz era la entrada al inframundo.

“Otra representación que encontramos en su cosmogonía son los animales considerados portadores de la muerte, como el búho, que cuando cantaba la gente le tiraba piedras, porque se creía que su canto vaticinaba la muerte. Y lo mismo ocurría con los zopilotes, que se han podido identificar en diversos contextos arqueológicos, como cerámica o pintura mural”, comentó el arqueólogo del Centro INAH-Campeche.

Edgar Pat Cruz también se refirió a una idea que prevalecía entre los mayas, que era la existencia de portales hacia el inframundo, como las portadas de estilo zoomorfo de diversos monumentos, muy comunes en Campeche, que tenían representadas fauces de animales y se pensaba que al entrar ahí, se ingresaba al Xibalbá. Otros portales son las cuevas o cenotes, donde se han encontrado gran cantidad de osamentas.

Asimismo, abordará en su ponencia las características específicas de los contextos mortuorios, tanto de la elite como de la gente común, que se han encontrado en toda la península. “Los gobernantes mandaban construir grandes edificios mortuorios para ser enterrados en ellos, como la de los soberanos Garra de Jaguar, en Calakmul, o Pakal, en Palenque, cuyas cámaras mortuorias destacan por su arquitectura y riqueza iconográfica, así como la presencia de bienes suntuosos, como cuentas de jade y orejeras, además de su vestimenta y algunos utensilios”.

En tanto, los enterramientos del resto de los habitantes eran más sencillos y se realizaban dentro de las mismas áreas habitacionales, por lo regular en las esquinas de las estructuras, dentro de vasijas o cistas de piedra, acompañados de elementos de su vida cotidiana, aseveró el arqueólogo Edgar Daniel Pat.

Señaló que como parte de esta concepción, permanece entre los mayas actuales la tradición de darle la bienvenida a las almas de los muertos, los días 31 de octubre, 1 y 2 de noviembre, colocando altares con los alimentos que les gustaban a los difuntos. A esta milenaria tradición se le nombra como Hanal Píxan (comida de ánimas).

Como parte del ciclo “La visión de la muerte entre los mayas”, también participan este lunes el historiador Lázaro Hilario Tuz Chi, con el tema “Salgan, salgan ánimas en pena. Concepciones sagradas de la muerte en los pueblos mayas peninsulares”, y la antropóloga Cessia Chuc Uc, con la conferencia “Pixano’ob. El discurso sobre los ‘otros’ desde la identidad maya”, ambos de la Universidad Autónoma de Yucatán.

Mañana 30 de octubre, al concluir la ponencia del arqueólogo Edgar Daniel Pat Cruz, participará el investigador David Reyes con el tema “Tanatología. Un enfoque clínico”. El auditorio del Centro INAH Campeche se ubica en Calle 50, número 36, entre 14 y 16, Centro Histórico de Campeche.

Asimismo, este martes, de las 9:00 a las 12:00 horas, en el Museo de Arquitectura Maya “Baluarte de la Soledad”, se ofrecerá una visita guiada a 35 niños, quienes también participarán en una sesión de cuenta cuentos mayas, organizada por la radiodifusora El Corazón de la Voz de la Selva, y en un taller de elaboración de máscaras.

12MAG

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