Presentarán estudio sobre las condecoraciones político-militares del siglo XIX

Distrito Federal, 12/06/12 (N22).-Objetos codiciados por los principales
estadistas y militares del país, las condecoraciones mexicanas, convertidas
actualmente en piezas de colección, encierran un pedazo de la agitada historia
que vivió México en el siglo XIX, cuando nacieron estos simbólicos objetos
hechos en oro, plata y cobre; la colección que resguarda el Museo Nacional de
Historia “Castillo de Chapultepec” de estas significativas piezas, es analizada
en un libro digital, elaborado por el investigador Ricardo Trillanes Sánchez,
que se presentará este jueves en dicho recinto.
 La
publicación en disco compacto, además de revelar el devenir de este tipo de
insignias, que tenían como finalidad reconocer las hazañas o trayectoria de
quienes forjaron la nación mexicana, recupera el valor histórico de las
condecoraciones, actualmente en desuso en México, aunque no así en otros países
como Francia, donde se mantiene vigente la famosa Orden de la Legión de Honor.
Medallas y condecoraciones del
acervo histórico del Museo Nacional de Historia “Castillo de Chapultepec”
presenta las
cerca de 60 condecoraciones históricas que resguarda este recinto, que datan de
1821 a 1933, entre las que destacan la colección completa de la época de Santa
Anna, en grado de comendador, oficial y caballero, y las miniaturas que se
usaban para el traje de gala confeccionadas en oro.

Otras de las piezas
más relevantes son la gran placa de la
Orden de Guadalupe de Juan Nepomuceno Almonte, y el llamado
Galardón de Honor de Agustín de Iturbide, mientras que de Maximiliano de
Habsburgo se conservan distintas condecoraciones en plata dorada.

La publicación, a
modo de catálogo digital, es editada por el Instituto Nacional de Antropología
e Historia (INAH-Conaculta); ofrece una descripción detallada de dichas
insignias: su manufactura, relevancia histórica, origen y qué méritos se
reconocían con cada una de ellas.


Al hacer un recuento
del surgimiento de las condecoraciones en México, el investigador Ricardo
Trillanes detalló que en 1822, Agustín de Iturbide instituyó la Orden de Guadalupe para
méritos militares, pero sólo duró poco más de un año, ya que el Imperio culminó
en 1824. Dicha insignia se iguala en calidad a las europeas, pues era fabricada
por joyeros en oro, plata y cobre.

Posteriormente,
Antonio López de Santa Anna reinstauró dicha presea y la transformó en una cruz
pateada (templaria), muy similar a la
Legión de Honor de Francia. “Cuando se restituyó, en 1853,
hubo una gran fiesta en Palacio Nacional, pero a los dos años cayó en desuso”.

Ya durante el Segundo
Imperio Mexicano (1863-1867), Maximiliano de Habsburgo investigó cuáles eran
las condecoraciones que había en México y mandó traer joyeros reales de Francia
para reestablecer la Orden
de Guadalupe.

Durante su mandato,
Maximiliano estableció el primero de enero de 1865 en el Diario del Imperio, la
creación de la Orden
del Águila Mexicana. “A los conservadores les molestó que Maximiliano colocara
esta nueva presea por encima de la de Guadalupe, que si bien, en sus orígenes
fue creada para reconocer el patriotismo militar, fue Santa Anna quien decidió
distinguir con ella también el grado civil, lo mismo que Maximiliano, quien se
la concedió a su zapatero real y a los maestros de la época.

“La Orden de Guadalupe es una de
las piezas más hermosas que hay en el mundo de la falerística (ciencia auxiliar
que estudia las medallas y las condecoraciones, como una rama de la
numismática); consta de una cruz griega pateada, hecha en esmalte y con la
efigie de la Virgen
al centro; el anillo que circunda la imagen muestra las tres garantías:
Religión, Unión e Independencia”.


Trillanes Sánchez
comentó que entre los personajes que recibieron la Orden de Guadalupe, en
reconocimiento al mérito militar por parte de Maximiliano, figuran Juan
Nepomuceno Almonte (hijo de José María Morelos), Miguel Miramón y Tomás Mejía,
estos dos últimos murieron con él en el Cerro de las Campanas, en Querétaro.

En cuanto a la Orden del Águila Mexicana,
únicamente era concedida a extranjeros; fue otorgada al Papa Pío IX, al
emperador Napoleón III y a Leopoldo II (hermano de la emperatriz Carlota),
entre otros personajes allegados a Maximiliano. Tras la muerte del archiduque
austriaco se extinguieron dichas preseas.

Una de las insignias
creadas en el siglo XX fue la
Orden del Águila Azteca, instaurada en 1933 y que es otorgada
por el presidente de la
República únicamente a extranjeros, a ésta se suman otras
condecoraciones, como las medallas “Eduardo Neri”, que entrega la Cámara de Diputados, y la
“Belisario Domínguez”, que concede la
Cámara de Senadores a mexicanos distinguidos. Estas dos
últimas son monedas de oro troqueladas y penden del cuello con un listón.

En opinión del
investigador Ricardo Trillanes, sería importante restituir la Orden de Guadalupe en grado
civil y militar para reconocer los méritos de mexicanos. “Erróneamente se le ha
considerado una evocación de los imperios, pero creo que sería una
condecoración con un nuevo significado que representaría un importante estímulo
para los mexicanos que la recibieran, como sucede con la Orden de la Legión de Honor en Francia,
que se entrega a humanistas”, concluyó.


El libro sobre
medallas y condecoraciones del Museo Nacional de Historia “Castillo de
Chapultpec”, se presentará al público este jueves 14 de junio, a las 12:00
horas, en el auditorio de este recinto. 
Foto: INAH
12MAG

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