«COMETIERRA», a las víctimas de feminicidio, a sus sobrevivientes

La primera novela de la autora argentina Dolores Reyes construye su historia alrededor del feminicidio, de la búsqueda de madres, hijas, hermanas; del abandono de las autoridades

Por Ireli Vázquez

–Los muertos no ranchan donde los vivos. Tenés que entender.

–No me importa. Mamá se guarda acá, en mi casa, en la tierra.

[…]

–¿Para qué está el cementerio? Para enterrar a las personas. Vestite.

–No me importan las personas. Mamá es mía. Mamá se queda.

[…]

Nunca más mamá y yo.

[…]

Van a dejarte acá, mamá, todos, aunque no quiera. Aunque mis manos no los dejen, te vas a quedar. Ella se queda acá y yo me llevo algo de esta tierra en mí, para saber, a oscuras, mis sueños.

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Así es como Cometierra es despedida y arrancada del único ser al que ha amado, su madre, víctima de asesinato. Así es como comienza esta novela, la primera escrita por Dolores Reyes, que habla sobre el “don” que tiene una joven para encontrar a las personas desaparecidas si traga tierra del último lugar donde fue vista esa persona.

Una novela que retrata el dolor que muchos familiares, conocidos o amigos viven día tras día al no saber qué ha pasado con sus seres queridos, quienes buscan de una y mil maneras conocer la verdad sobre su paradero. Y que gracias a Editorial Sigilo con sede en Madrid y en Buenos Aires, ha llegado a México.

Aquí es donde Cometierra tiene el papel principal, pues la gente al enterarse de su poder comienza a buscarla para que sea ella quien los ayude a conocer la verdad sobre su familiar. Aunque en un principio ella disfrutaba tocar, oler, sentir e incluso tragar la tierra, conforme pasa la historia y los casos, descubre que es algo que comienza a repudiar.

«Siempre estuve mirando a las mujeres de México, enterándome por las noticias de lo tristísimo que sucede en el país», comentó Dolores Reyes (Buenos Aires, 1978) antes de comenzar la entrevista. Y que en México esta situación sigue empeorando, pues tan solo hasta abril de este año y de acuerdo con las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, del 2015 al 2019 hay un aumento de 62.6% en el número las víctimas de este delito.

Dolores Reyes

Cometierra, fue presentado en el primer día de actividades de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2020, es por eso que charlamos con la escritora argentina.

¿Cómo te sientes al haber escrito una novela con un tema tan sensible, y que en nuestra actualizad, esta golpeando a la sociedad de una manera tan significativa?

Por un lado, me siento muy contenta de cómo quedó la novela, fueron cinco años y medio de trabajar Cometierra en talleres y con los editores, y de alguna manera dimos con la historia y dimos con el lenguaje. Eso por un lado; y por el otro, hay una serie de temas que me han lastimado a lo largo de toda mi vida, ver las desapariciones y los asesinatos de chicas y de mujeres una tras del otra y sentir que no importaban, que eran un número más, apenas una mención minina en el noticiario, o muchas veces una serie de espectáculo morboso una vez asesinadas, expuestas, expuesta su vida íntima, descalificadas absolutamente. Yo sentía que esa chica que descalificaban de esa forma a mí me importaban muchísimo, que eran vidas hermosas, con un montón de sueños, con todas las posibilidades truncadas por la violencia del mundo de los adultos, entonces a la hora de escribir, fue muy difícil y doloroso llevarlo al papel, fue muy incómodo.

Muchas veces preferimos mirar para el otro lado y decir, “bueno eso les pasa a otros”, “eso pasa en México”, “eso pasa en otro país”, no, pasa acá, en tu pueblo, en tu ciudad y pasa todo el tiempo, entonces también hay algo de incomodidad en el sentido de que es mucho más fácil no hacerse cargo de lo que está proponiendo la temáticamente la novela

¿De dónde surge esta necesidad de contar una historia así?

Hay muchísimas necesidades: necesidad de buscarlas, necesidad de que las busquen, necesidad de que se valoren esas vidas, necesidad de cerrar un ciclo, algo absolutamente humano. Uno nace, uno crece y piensa que en todo caso va a enterrar a sus padres, a sus tíos o a sus mayores, a sus abuelos y en nuestra Latinoamérica muchos padres y madres entierran a sus hijos, o aún peor, buscan entre los terrenos, entre los basureros, entre los huesos de otros animales con las manos, para ver si encuentran un pedacito íntimo de sus hijas.

Algo que me atraviesa y me conmueve son las imágenes que he visto tantas veces, y pienso en Maricela y la búsqueda de su hija Rubí, una mujer echada contra la tierra, desmenuzando porquerías, pasa saber si entre todo descubre un huesito mínimo de su hija, mirar la necesidad enorme que hay de despedirla, de saber con certeza qué fue lo que le pasó, dónde terminó su cuerpo.

Otra necesidad también viene absolutamente ligada a la tierra, el trabajo de las madres, el trabajo de las buscadoras, el trabajo de las organizaciones de mujeres, por saber qué paso, la verdad y también la justicia, porque cuando hay fallos que liberan a los feminicidas, cuando hay desprecio en la construcción de esos fallos, otra vez vuelve a haber desprecio a la vida de las mujeres.

¿Por qué Cometierra no tiene un nombre y solo tiene este seudónimo?

Hay muchas cosas ahí. Por un lado, esta simbolizado el robo de la personalidad, del nombre, de la identidad que acontece en los casos de violencia de género, cuando “es un cuerpo de tantos años”, encontrado ahí, y parece que se ha despegado de su identidad, entonces lo pongo ahí un poco en juego. Por otro lado, está simbolizando la carga del don, el don hace que ella sea Cometierra pero no porque ella dice “soy Cometierra”, es la voz de los otros, la voz que esta estigmatizándola y diciéndole que no haga eso, que suelte, que deje ir, que olvide, algo que escuchamos muchísimas veces.

He leído algunas entrevistas acerca de la novela y mencionas mucho la parte donde has tenido acercamiento con familiares, conocidos y amigos de personas víctimas de feminicidio ¿cómo manejaste toda esa información que te dieron esas personas para poder plasmarla dentro del libro?

Es muy difícil manejarlo, los casos reales superan en crueldad y en la variedad de las desgracias a las que nos lleva la violencia machista a los casos que yo planteo con Cometierra.

Muchas veces tengo que dosificar la información que recibo de noticiarios y de diarios porque me hace muy mal e incluso he estado noches enteras llorando por la bestialidad sobre el cuerpo; por ejemplo, de Melina Romero, que es una de las chicas a las cuales les dedico la novela.

Yo trato de sacarlo direccionadamente, trato de que tenga una funcionalidad, de alguna forma me permite hacer la escritura que es sacudir al lector, que deje de mirar para el otro lado, deje de acostumbrarse a esto de “una muerta cada tanta hora”, como si fuera una estadística fría, y que acompañe a esta experiencia de lectura para que transite el dolor y el enorme costo que tienen estas mujeres que nos están arrancando todo el tiempo.

Cometierra disfrutaba la tierra, tocarla, sentirla e incluso olerla, y conforme pasa la historia termina repudiándola, termina despreciando este apego que sentía con la tierra, el hecho de poder saber cosas más allá de lo que el tacto nos permite. ¿Cómo fue hacer el trabajo de imaginación, de cómo debía “trabajarse” Cometierra? Porque es un proceso difícil, ella independientemente de este don, era buscada para encontrar a más personas y eso con el paso del tiempo significa un descaste físico y emocional para ella.

Hubo un trabajo larguísimo de pensar esto, bueno qué es la tierra y cuál es la vinculación que va teniendo ella dentro de la novela con la tierra.

Pasa de esta infancia en el que disfruta muchísimo, y en el que dice “bueno esta es la tierra que habité con mi mamá, estas son las plantas que ella cuidaba, este es nuestro territorio”, a la interacción de un territorio desconocido y absolutamente hostil para una niña de ocho años que es la muerte y el cementerio, las dos cosas ligadas, […] siente que la está dejando sola y para no abandonarla del todo es que empieza a comer tierra, apoya las manos en la tierra que cubrió el cuerpo de su mamá  y empieza a incorporar como forma de llevarse algo de su mamá, de ese cuerpo a su propio cuerpo, ahí descubre que puede ver, de alguna forma el feminicidio de su mamá la ayuda a descubrir ese poder que tiene que está asociado a la tierra, quizá si eso nunca hubiese pasado, hubiese tenido una vida mucha más feliz y no hubiese comido tierra nunca. Pero bueno, empieza a comer tierra. Pero ese don tiene un costo enorme sobre su psiquismo y sobre su cuerpo, hay un desgaste de meterse tierra en el cuerpo, sobre la tierra de ayer, sobre la tierra anterior y tener que responder, y ella siente muchísimo esa responsabilidad sobre la gente que le va a pedir que los ayude.

Uno podría pensar que nuestros países (México y Argentina) son totalmente diferentes, que nuestra cultura puede ser muy diferente, pero me puedo dar cuenta de que hay muchas cosas que unen a nuestros países y en las que coincidimos, y lamentablemente son el secuestro, el feminicidio, la violencia de género, temas que tu planteas dentro de la novela.

Son muchas más las coincidencias que las cosas que nos separan. Por supuesto que cada pueblo tiene sus particularidades, pero en cuanto a funcionamiento social y relación con las fuerzas del orden y las instituciones políticas que nos gobiernan y las religiones, me parece que estamos muy cerca y por eso tenemos este problema tan terrible en común.

Formamos parte de sociedades que devoran cuerpos de mujeres y escupen los restos al azar que incluso les niegan el derecho absolutamente legítimo y fundamental de las familias, de recuperar esos restos y poder despedirse y poder dar sepultura de acuerdo a los cultos.

A mí me sorprende incluso que no haya sido durante tanto tiempo tema central en la literatura, pero ahora que hay tanto espacio de las voces femeninas como no hubo hace cien o cincuenta años, me parece que es lógico que esto esté surgiendo. Somos mujeres y no es que exista una literatura femenina, pero a la hora de escribir podemos empezar a abordar una de las historias de las que no tienen voz, que son ninguneadas, borradas, violentadas, tragadas por nuestros sistemas, y por el otro poner en la hoja, en el papel, los problemas que más atraviesan y que en mi caso particular con Cometierra tiene que ver con la violencia enorme hacia las mujeres que está involucrando a la mayoría de las habitantes de América.

La ficción está marcada por la realidad. Dentro de la novela se menciona el caso de María (una chica desaparecida), y que, aunque su familiar trabaja dentro de la policía, sabe que no lo ayudarán y es cuando busca a Cometierra, pero ella menciona que siente lástima por él, porque al final todos estamos solos y, de alguna manera, este familiar sabe que para “las leyes” no es importante la búsqueda de personas. Y creo que tristemente pasa en la realidad, las personas que se supondría deben estar para “protegernos” o ayudarnos, muchas veces dan la espalda y minimizan la violencia que muchas mujeres están sufriendo.

Estas primeras horas después de la desaparición y de la denuncia son vitales para recuperar a esa chica con vida, sobre todo si cayó en una red de trata o es un secuestro. Es vital que se accionen estas horas. Lo que nos encontramos una y otra vez con los testimonios de las madres y de las denunciantes es esto, “espere una semana”, “seguro vuelve”, “seguro que se fue con el novio”, “no vamos a movilizar un patrullero por una cuestión familiar”. De hecho, por eso aquí (Argentina) se han creado comisarías específicamente de la mujer y del género, donde se supone accionan de una forma, pero hay una burocracia terrible y sigue siendo una lucha absolutamente desigual.

En Argentina en particular, más o menos el 30% de los feminicidios son con armas estatales, o sea de las fuerzas de seguridad, de la policía y esto también es un dato enorme; si yo tengo que ir a hacer una denuncia de violencia de género en una comisaría donde el policía también es violento con su madre o son su pareja y sus hijos, es muy difícil esperar que haga algo.

Cuando salió el libro me escribieron muchas personas preguntándome si la vidente existe, si la conozco, si les puedo pasar el dato, o si soy yo. Detrás de ese pedido desesperado, hay historias terribles, de madres, de hermanas, de amigas y esto —creer que existe una persona con ese don— ya está dando la idea de que los que tendrían que hacer esto, porque tienen la obligación y los recursos materiales del Estado para investigar no están haciendo nada, entonces la gente en su desesperación hace cualquier cosa, recurre a quien sea con tal de tener una pista y encontrar a este ser querido.

Tocando el tema que pones sobre la mesa de «los que tendrían que hacer esto, porque tiene la obligación y los recursos materiales para investigar y no están haciendo nada», quisiera saber tu opinión sobre algo que acaba de suceder en México. En el marco del 25N, en el estado de Sonora, específicamente en Guaymas, la alcaldesa regaló al colectivo Guerreras buscadoras palas y cubetas, son mujeres que buscan a sus familiares desaparecidos. Algo terrible, porque como lo mencionabas, es algo que deberían hacer esas personas que tienen una obligación y recursos.

Me lo contó un periodista mexicano y casi me pongo a llorar del coraje y de tristeza, no lo podía creer, es un insulto. Es mandar a buscar a tu hija a la tierra, a la mugre, y decir “yo no voy a hacer nada, tú tienes que ser la responsable de esa búsqueda”, es increíble cuando se supone que los Estados garantizan la seguridad de esos habitantes. Hay muchas cosas sarcásticas al respecto, por ejemplo, aquí en Argentina, sí alguien o un tipo te quiere agarrar o violar, es más fácil que te pongas a gritar que te quieren robar el celular porque ahí si viene la policía y te hace caso, porque si gritas lo otro no importa.

Es terrible y simbólicamente, la violencia hacia las mujeres no solo es material y física, el feminicidio es el paso final de una serie de violencias menores naturalizadas y me parece que regalarle palas y cubetas a madres que han perdido a sus hijas y que reclaman la búsqueda es un grado de violencia enorme y de desprecio hacia las vidas perdidas y hacia el reclamo de esas madres.

Sí deseas adquirir el libro, puedes entrar a Marcado de Libros de la FIL Guadalajara.