Revista “La Tempestad”, 20 años: ¿una forma de resistencia en una era líquida?

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¿Cómo debe ser una publicación impresa en la era digital? fue la pregunta que se plantearon los editores de esta publicación de artes para renovar su diseño y arquitectura editorial, y celebrar dos décadas de existencia

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Imagen tomada de latempestad.mx

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Ciudad de México (N22/Ana León).- “Cada número de una revista es un relato distinto de nuestro tiempo, una narración que nos sobrevivirá”, escribió Óscar Benassini, coeditor de la revista La Tempestad, en el volumen siete de Folio, una publicación dedicada a la reflexión sobre el diseño y que en dicho número analizaba el futuro de los impresos, y ¿cuál es ese futuro? La moneda sigue en el aire y aunque se insiste en que los bits le ganarán al papel, hasta ahora, pese a que la batalla ha sido dura, la palabra escrita resiste e insiste en contar y el editor en publicar.

En este espacio de resistencia se encuentra la revista de artes La Tempestad, que este mes alcanza dos décadas de existencia, no poca cosa teniendo en cuenta que esta publicación dedicada a rastrear el pulso del arte contemporáneo nacional e internacional, es completamente independiente y, a diferencia de muchas otras, no vende sus contenidos al mejor postor. Es por ello que su permanencia como dice Guillermo García Pérez, su editor, es “un ejercicio de resistencia, justamente porque el hecho de no poner los contenidos al mejor postor tanto en el sentido literal como en el sentido metafórico, lo vuelve un camino un poco más complejo pero también más rico. El significado principal de la duración de la revista es eso: un acto de resistencia. Después, creo que la revista –yo he estado unos ocho años trabajando aquí– su proceso de transformación responde también a esa forma de confección de los contenidos. Es decir, no es que tengamos un plan maestro en el que metamos cierto tipo de contenidos, sino que tratamos de estar atentos a los cambios culturales a nuestro alrededor y a partir de ellos poder reunir bajo criterios editoriales el tipo de contenidos que consideramos más relevantes también a nivel político, no sólo estético. Y creo que ese nivel político es también la potencia de la revista.”

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Iniciada en 1998 por Nicolás Cabral y José Antonio Chaurand, más como una revista literaria que de artes, La Tempestad como “obra en proceso”, ha mutado. En veinte años de vida difícil sería ubicar un número más destacado que otro, pues sus 135 ediciones “han respondido a distintas coyunturas en distintos contextos y en ese sentido, hay muchos números que son representativos de lo que ha sido la revista, porque hay números más orientados hacia el momento político o el momento histórico; ha habido otros mucho más concentrados en las estéticas contemporáneas de cine, de literatura, de música, entre otras disciplinas. Yo diría que el número actual, el 135, con el que cumplimos veinte años, de alguna manera sintetiza la trayectoria de la revista porque responde a los diferentes cambios que ha tenido tanto gráficos como en la arquitectura editorial y también representa lo que hemos ido buscando en cuanto a la relación con los lectores”, explica Nicolás Cabral su director.

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Si bien La Tempestad tiene una línea editorial muy bien definida y un cuidado en la edición impecable, esto no responde a un proceso o metodología estricta, sino a algo más orgánico, se percibe que en este comentario, en esta búsqueda de la manera más eficiente de comunicar una historia, hay años de trabajo en conjunto, “hay cuestiones que en el equipo editorial trabajamos ya casi como por intuición. No tenemos que sentarnos a decidir el perfil que le vamos a dar a un reportaje o a una entrevista o a un ensayo porque sabemos de antemano que vamos a estar más o menos de acuerdo con el perfil y que si no vamos a estar de acuerdo va a ser porque es una buena sorpresa, porque hay una una nueva visión agregada a la experiencia de la revista que vamos a recibir bien”, dice Guillermo García.

Después de un año de reflexionar lo que una publicación impresa debía ser en la era digital, se buscó que este cambio completo en su diseño y arquitectura editorial funcionara como “una manera distinta de comunicarnos con los lectores. Es un momento crítico para las publicaciones impresas en general y creemos que en algún momento hubo una confusión respecto hacia dónde debían ir las publicaciones físicas, digamos, en su relación con Internet, con la lectura en línea, y lo que hemos tratado con el nuevo diseño es de enfatizar la experiencia de lectura en papel, no seguir las dinámicas que tiene la web que ya son unas dinámicas establecidas por años en que la gente ha estado leyendo contenidos ahí. Sino más bien de alguna manera encontrar un balance entre cómo es una revista tradicional en el sentido del formato y, al mismo tiempo, una revista que sigue siendo contemporánea y que sigue interpelando a los lectores actuales”, esto en palabras de Cabral.  

Pero no por enfatizar y ser una celebración de la permanencia de los impresos La Tempestad se ha negado a vivir también en un formato digital, espacio con el que comparte la misma línea editorial que ha definido la personalidad de la publicación con la diferencia de que en la pantalla “el periodismo cultural debe al tiempo informar pero también abrir la reflexión” pero sin la misma densidad que se lleva al impreso. Entonces, “¿qué es, hoy, una revista?”, se pregunta Benassini al final del texto antes mencionado: “un conjunto de historias únicas que nos permiten solventar nuestro presente común, sometidas a un ritmo periódico de aparición. […] Un impulso primitivo.”

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