“Contar es escuchar”, lo último de Ursula K. Le Guin

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Círculo de Tiza publica el último libro de la escritora estadounidense, una antología de textos de no ficción en los que revela sus influencias literarias y dialoga con el lector acerca de la belleza, la vejez, la naturaleza, el arte y la política

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Ciudad de México (N22/Redacción).- Pocos días después de la muerte de la escritora estadounidense de ficción, Ursula K. Le Guin, la editorial Círculo de Tiza anunció la publicación del último libro de la autora que recoge los textos de no ficción en los que rescata a escritores como Tolstoi, Tolkien, Mark Twain o Borges,  y textos que le inspiraron: Contar es escuchar.

En este libro, según describe la editorial, la autora de La mano izquierda de la oscuridad (1969), dialoga con el lector “sobre asuntos tan aparentemente dispares como la belleza, la vejez, la naturaleza, el arte o la política”. Al inicio de este libro, escrito en plena madurez creativa se puede leer:

Presentación

Escrito a principios de los años noventa para ser leído en voz alta como performance, leído un par de veces y ligeramente actualizado para este volumen.

Soy un hombre. Pensarán que he cometido un error de género sin querer, o quizá que intento engañarlos, porque mi nombre de pila acaba en a, y soy dueña de tres sujetadores, y he estado embarazada cinco veces, y otras cosas por el estilo que sin duda habrán notado, pequeños detalles. Pero los detalles no importan. Soy un hombre, y quiero que me crean y lo acepten como un hecho, tal y como lo acepté yo misma durante muchos años.

Verán, mientras crecía en tiempos de las guerras de los medos y los persas, y cuando iba a la universidad poco después de la guerra de los Cien Años y mientras criaba a mis hijos durante las guerras de Corea y Vietnam, no había mujeres. Las mujeres son una invención muy reciente. Precedo en varias décadas a la invención de las mujeres. De acuerdo, si son ustedes muy quisquillosos en cuanto a la precisión, las mujeres fueron inventadas varias veces en sitios sumamente distintos, pero lo cierto es que los inventores no supieron poner a la venta el producto. Emplearon técnicas de distribución rudimentarias y no hicieron ninguna investigación de mercado, de manera que por supuesto el concepto no cundió. Incluso con el respaldo de un genio un invento tiene que hallar su mercado, y al parecer durante mucho tiempo la idea de las mujeres no entró en el balance final. Los modelos como el Austen y el Brontë eran demasiado complicados, y la gente se reía del Sufragista, y el Woolf estaba demasiado adelantado a su tiempo.

 

El fragmento, más amplio, fue publicado en Zenda Libros**

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