El Día de Reyes bajo la estética del selfie

Por Marcos Daniel Aguilar
No quisiera decir aquella
frase trillada de que “los tiempos pasados siempre fueron mejores”; y es que la
vida actual parece ir tan deprisa, los datos las informaciones parecen abstraerse
en pequeñas imágenes y las reuniones entre amigos y familiares parecen
esfumarse porque uno siente que ha convivido con las personas a través de internet. Y ¿no sé si esto está bien o mal?, podrían ser ambas
opciones. Porque estos cambios se observan a la vuelta de la esquina, en cualquier
detalle ínfimo que ocurre en la vida cotidiana, por ejemplo, en el Día de
Reyes. 
Les contaré algo. Cuando era niño, antes y después de la revelación de
que los Reyes Mágicos eran “los papás”, me divertía paseando por los mercados y
tianguis de juguetes que se instalaban dos días antes de esta fiesta
infantil. Será que en el pasado veía televisión, que consumía los productos
mediáticos y publicitarios con mayor frecuencia, pero cada uno de los objetos de los puestos de
aquellos mercados sobre ruedas me emocionaban, incluyendo la música que se
escuchaba y la comida que se comía. Pero lo que era un hecho es que los padres iban a comprar juguetes, iban a comprar un regalo para sus seres
queridos, o para alguien parecido. 
Esto lo comento porque ayer acudí, después
de muchos años, a uno de estos tianguis que se instalan en la Ciudad de
México. La imagen me pareció deprimente. No sé. Pensé que tal vez ya era viejo
y que por ello la escena me parecía algo desangelada, quizá porque he perdido
la capacidad de asombro no podía ver las maravillas que los marchantes tenían
en su poder. 
En primer lugar, no vi a la gente comprar un solo juguete, un solo
personaje de acción de los más recientes protagonistas de películas o series
animadas. Nadie. Los padres sólo preguntaban por el precio pero nadie compraba.
Eso me pareció inaudito. Segundo hecho que me llamó la atención fue ver que más
que muñecos, carros de acción, bicicletas, había en exhibición teléfonos
celulares, más tabletas que helicópteros de control, más fundas para el iPhone
6 que juegos de mesa, más chamarras para el frío y lentes para el sol que
juguetes. 
Creo que la cultura popular y las necesidades de los niños de este
2015 son muy diferentes a la que tenían los niños hace 5 o 10 años. La tecnología
y la vanidad son una necesidad imperiosa y totalizante de la que ni siquiera
los niños se salvan. Porque supongo que ahora los chamacos también quieren su
iPad donde verán a Pepa Pig, también quieren una GoPro o unos lentes para verse igual de cool que sus
padres. Tal vez ahora toda la diversión que esta sociedad de híper consumo desea  se encuentra en una selfie que en los próximos segundos estará en
whatsapp y en Facebook. 
Siento nostalgia, por aquellos otros tiempos, pero
también me da curiosidad qué ocurrirá el siguiente año. Nuestros tianguis de
juguetes para el día de los Santos Reyes están destinados a ser Plazas de la
Computación y Bazares al estilo Palacio de Hierro. Poco a poco nos abstraemos
más en una pantalla y dejamos en campo libre, y con todo el potencial, al mundo, que aunque no lo creamos sigue ahí esperándonos para vivirlo.   

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