Ser cineasta es una forma de participar en el mundo, no para cambiarlo: Volker Schlöndorff (Segunda parte)

  • Según con el cineasta, es muy difícil interferir en la política, pero especialmente en el cine se hace a través de la mente de la gente

Por Huemanzin Rodríguez 

CIUDAD DE MÉXICO, México, (N22).-  

Tiene una nueva película que se presenta durante su estancia en México, es Mar en calma (La mer à L’Aube Alemania-Francia 2011). ¿Puede contarnos algo sobre la historia de esta película?
Sí, esta es la última película que he hecho desde hace dos años, pero debí rodarla antes del El joven Törless hace 40 años, porque es la historia de otro joven francés de 17 años en París de la ocupación, y está en contra de los alemanes, él terminó ejecutado en el paredón. Es acerca de la inocencia, es sobre revueltas, él es algo así como un héroe nacional en Francia, su nombre es Guy Môquet, pero yo lo trato como un desconocido. Y eso sucedió muy cerca del lugar donde por primera vez llegué a Francia, para aprender francés en la escuela. Por eso es que creo que debí rodarla entonces. Es sobre el valor y cómo alguien que no tiene intención de convertirse en héroe, se encuentra a sí mismo siendo un héroe. Lo que es un tema que encuentro cada vez más y más. Desconfío de aquellos que tienen una misión y quieren ser un héroe, pero amo a la gente que se comporta en cierta medida como héroe pero que no es nadie.
¿Es el héroe clásico?

De hecho es un concepto europeo del héroe, el héroe en Europa no es realmente exitoso; sí es un héroe pero la mayor parte del tiempo es un mártir. El héroe estadounidense es el héroe-héroe. Nunca pierde. Así es, el héroe europeo siempre está muy cerca de la muerte, lo que resulta también muy mexicano, en cierta medida.

¿Es como el “everyman”? Este personaje popular de la literatura británica antigua que es un héroe en cada aventura, que vive por los poblados que pasa, pero sólo él mismo sabe de sus glorias, nadie más.
En la cultura alemana también hay un personaje de este tipo, es una obra teatral que se monta, desde hace un siglo, cada año en Salzburgo; literalmente es el “everyman”, es cada persona, yo digo “nadie” pero es más correcto decir “cada persona”. Y lo único que tenemos en común es que, algún día, la muerte tocará a su puerta. Y es cuando el “everyman” se pregunta: ¿Por qué yo? ¿Por qué ahora? ¿Por qué en este momento? Y ese siempre es el instante preciso para empezar una historia.
¿Ser un artista, ser un cineasta, implica una decisión política?

¡Oh, no! Aunque todo ha sido muy serio está sin ninguna responsabilidad con la sociedad en principio. Primero me enamoré del cine al mirar las películas, pero también de la idea de formar parte de un equipo de rodaje que se mueve alrededor del mundo, pienso que es más interesante que ser un abogado. Y 50, 55 años después sigo recorriendo el mundo haciendo películas y sigo disfrutándolo. Ser cineasta es una forma maravillosa de participar en el mundo, no para cambiarlo. Claro que miras las responsabilidades, tratas de mirar lo que está bien, lo que está mal, lo que es justo, lo que es injusto… No puedo ayudar a un extraño a indignarse frente a cada injusticia, no tengo más moral que nadie. Lo que puedo ofrecer no es consiente, estrictamente es temperamento.

Es muy difícil interferir en la política a menos que te conviertas en político. En el arte, especialmente en el cine, la forma de interferir no es en las estructuras sociales, pero interfieres en la mente de la gente. Tú tratas de encontrar un espacio común con otras personas donde puedas decir: ¿No crees que esto está mal? ¿No piensas que está mal? ¡Entonces hagamos algo contra ello! Pero lo que hacemos es una película, es mucho más fácil que hacer un partido político.

No digo que ninguna película cambie el mundo, pero incluso las famosas como el Acorazado Potiemkin de Einseinstein, fue hecha 10 años después de la Revolución, no creó la Revolución. Necesitamos películas para las almas, necesitamos películas como necesitamos música, como necesitamos escuchar las historias de otras personas, ése es el impacto político de las películas. Cada emoción que sientes en una película, te enriquece. Sólo una persona que por sí misma se ha enriquecido en su interior, puede también llegar a ser un buen ciudadano… Esa es la mente política del cineasta.

Ahora que ha escrito el libro Luz, sombra y movimiento, editado en español por la UNAM, ¿cuáles son otros momentos importantes? Nos ha dicho que Guanajuato, aquí en México es uno de ellos, pero ¿otro?

Cuando miras tu vida hacia atrás ves que hay ciertos momentos que te han cambiado, el primero que me cambió fue cuando a los 16 años dejé casa y fui a Francia para aprender francés; me quedé 10 meses en lugar de dos meses. Ese cambio de civilización, sí, maduré, fue lo más importante. Regresar fue otro momento importante, cuando la muerte de mi madre… Fue un largo camino antes de que aceptara la vida. Creo que mi cambio más importante fue casarme con Marguereta Von Trotta, mi primera esposa, ella hizo recientemente la película Hanna Arendt (2012) y nos enriquecimos de alguna manera, ella me hizo entender lo que es una mujer, me hizo entender lo que es una actriz, tal vez yo le hice entender algo de la dirección. Ése era el momento. Esencialmente, todos los días son el momento preciso.


¿Y su amistad con Jean-Claude Carriére? Vive en el edificio frente al suyo, son vecinos. Una vez que Carriére estuvo en México, me contó historias graciosas y adorables sobre usted, Louis Malle y él mismo aquí en México.

Yo conocí a Louis Malle el día que él conoció a Jean-Claude Carriére, trabajábamos juntos en Italia, él tenía la idea de escribir esa película, yo era el asistente de Louis. Después fui a buscar locaciones para una posible película en México y Jean-Calude Carriére fue parte de eso. Por esos años él empezó a trabajar con Luis Buñuel. Así dio inicio una amistad que sobrevive hasta hoy. En el libro hay una fotografía cuando empezamos a trabajar juntos, ahora somos un par de hombres mayores, él tiene más de 80 años pero seguimos sintiéndonos como niños descubriendo el mundo.

Jean-Claude me platicó que usted recorrió muchos pueblos de México en automóvil.

Cuando vine a México la primera vez y conocí al hijo de Luis Buñuel, Juan Luis, porque conocía muy bien el país y Louis Malle le pidió que se sumara al grupo. Lo primero que hicimos fue comprar un Citroën usado y Juan Luis y yo manejamos 4 mil kilómetros a través de México; aunque él conocía bien el país, la mayor parte del viaje lo descubrimos juntos. Y fuimos al norte, fuimos a Veracruz donde hacía mucho frío por el invierno, así que compramos unos suéteres en una prisión de Veracruz, porque los presos hacían estos suéteres… Sí, México se convirtió en algo muy importante para todo el equipo de rodaje. Louis Malle se casó aquí, él llamó a su primer hijo, de hecho lo bautizó como Cuauhtémoc, no es un nombre muy fácil para él que es de Munich, ahora se mudó a Nueva York. El jefe de producción abrió un restaurante francés en México. Aquí yo tuve mi primera novia a la que me llevé a Alemania, a la que presioné para que se hiciera cineasta. Fue un tiempo maravilloso para todos nosotros ese año en México. Y, afortunadamente, pienso que los mexicanos no han cambiado. El país ha cambiado, la población se ha duplicado pero a cualquier lado que he ido sigo encontrando la misma calidez maravillosa, la actitud generosa hacia los extraños. Es un buen lugar para estar

He visto una fotografía en este libro con Werner Herzog, Wim Wenders y usted, que junto con Fassbinder, Margarethe von Trotta y otros, representan gran parte de la cinematografía alemana de finales del siglo XX y lo que va del XXI.

Al volver de México, en el verano de 1964, fui a Munich para comenzar la preparación de mi primera película, y una de las primeras personas a las que conocí fue a Werner Herzog. Él trabajaba en un cuarto de edición de la cineasta Leni Reiffenstal (Olympia, 1938). Ella tenía una mesa de edición que la rentaba y Werner era uno de sus clientes, en alguna ocasión vimos a la dama en las escaleras del lugar. Él hacía su primer cortometraje, él me indicaba las locaciones de mi primera película El joven Törlles en Austria, y fuimos amigos muy cercanos en todos los sentidos. Y Win Wenders vino un poco después y de alguna manera fuimos el trío restante de ese período que aún está activo.

Cada uno de nosotros sólo quería hacer su primera película, sólo una vez logramos que nos identificaran como un grupo, teníamos algunas coincidencias que nos permitían llamarnos a nosotros mismos, como sea, una escuela, una corriente, como si la gente creara una categoría para el joven cine alemán, pero nunca funcionó en lo colectivo. Cada artista es muy egoísta, a veces ególatra y sólo quiere hacer sus ideas, especialmente Werner.

¿Puede decirnos algo más a propósito de Diplomacia, su siguiente película, que planea presentar en la Berlinale de 2014?

Esta es la segunda película después de Mar en calma, los franceses me han pedido hacer otra película sobre la liberación de París, como ustedes saben París no fue destruida en la Segunda Guerra Mundial, pero Hitler había ordenado borrar a París, quemar París. Todos los puentes, 32 de ellos ya tenían las cargas de dinamita, así como los monumentos importantes como la Torre Eiffel, incluso la catedral de Notre-Dame, y otros así. Y fue un diplomático sueco que convenció a los generales alemanes de no destruir la ciudad. Mi película va sobre eso, cómo lograron que París no tuviera la misma suerte devastadora que vivieron ciudades de los Países Bajos, Polonia, Ucrania, y todos los lugares por donde pasó la barbarie, porque esos generales nazis no eran nada amistosos. Por eso hice esta película, creo que es muy fácil comenzar una guerra, pero difícil es pararla. Y después de eso vendrá otro proyecto, y otro, como ocurre con la vida, entonces espero poder volver pronto a México.

Fotografía Huemanzin Rodríguez
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