Esto es una librería: La Murciélaga

Una librería de viejo que digna de su nombre tiene una vida nocturna bastante activa: suceden presentaciones de libros, talleres, charlas y exposiciones

 

Ciudad de México (N22/Ana León).- Es junio de 2018. Son casi las ocho de la noche y la casa está llena. Los libreros a tope, las mesas de recomendaciones (nada de novedad, obvio) rebosan, el espacio dedicado a los textos de lo extraño, es extraño, por supuesto. Esto es una librería pero no parece una librería. Antes fue un restaurante porque en el rincón donde se guardan todavía más libros que no han sido inventariados y algunas curiosidades, antes hubo una cocina y la verdad es que ahí se seguirán cocinando, ya no alimentos, pero sí proyectos. Esto es La Murciélaga, una librería que es también un personaje tuitero, bromista, sarcástico. Una librería que no parece una librería.

 

 

La Murciélaga, dice, que alberga “tesoros que quizá nunca vuelvas a ver”. Y digo ‘dice’ porque esta librería ha construido, además, toda una personalidad en Twitter. Se despierta temprano y algunas veces tarde, y lo anuncia, opina, bromea, saluda a sus amistades. Detrás de este personaje están cuatro profesionales del mundo editorial que se han movido en diferentes rubros: el escritor, Luigi Amara; el editor, Diego Rabasa; el escritor y editor, Óscar Benassini; y el escritor Guillermo Núñez Jáuregui. Todos con bastante buen olfato para hallar esos “tesoros” de los que habla esta amiga de la noche.

 

 

 

Me dice Benassini, con quien intercambio preguntas y respuestas por mail, que esta murciélaga mezcalera surgió como un juego. “Hace exactamente un año los cuatro nos topamos en una venta de libros de editoriales independientes y, nada, en el humor del momento, se nos ocurrió montar una librería de viejo. Después de un par de reuniones, unos meses después, se apareció la oportunidad de rentar el local de Cuauhtémoc 838, y ya. El único objetivo que perseguimos, supongo, fue el de vivir la experiencia. En realidad todo fue muy natural. Sigue siendo muy natural.”

 

 

Y es justo con esa naturalidad y el alejarse de ese tufillo añejo que a veces llegan a tener ciertas librerías de viejo, que sigue funcionando esta quiróptera desde hace ya siete meses. Si vas una tarde entre semana o de sábado, puedes encontrarte con cualquiera de sus cuatro fundadores que responderán tus preguntas y te harán sugerencias de esas que en las cadenas de librerías ya no se hacen. Tal vez suceda que no está lo que buscas, pero seguro encuentras algo mejor. Aquí la clave es no llevar prisa, recorrer sus libreros lentamente, dejarte llevar, siempre se encuentra algo.

 

 

La Murciélaga, si no lo había mencionado antes, es una librería de viejo, pero contrario a lo que se podría pensar, no todos sus libros son baratos y justo le pregunto eso a Óscar, a lo que me responde: “Creo que el primer supuesto, que no siempre es verdad, cuando se piensa en libros de viejo, es que son baratos. Y sí lo son, muchos de nuestros títulos, quizá el 80%, no pasan de 200 pesos. Pero, también tenemos alrededor algunos libreros con libros raros o libros de tiraje muy corto, o libros que simplemente ya no se consiguen ni en librerías ni en las calles. Eso, el valor del fetiche, hace que un libro pueda valer miles de pesos. Aunque detrás del fetiche, o más bien, más allá del mero fetiche, también hay una labor de búsqueda, catalogación y conservación de aquellos libros que consideramos valiosos para la historia de la edición y de la literatura.”

 

 

 

Benassini es uno de los lectores y editores con más olfato que conozco. Tiene buen instinto y siempre sabe estar un paso adelante, aunque no esté pensando precisamente en eso, en adelantarse. Y con ese olfato que comparte con los otros tres involucrados en este proyecto, se lanza junto con ellos a las pesquisas a la deriva por las calles de la ciudad, a ventas de bodega de otras librerías de viejo, a la compra de bibliotecas personales –alguna vez me contó de un viaje que hicieron hasta Xochimilco por una de estas bibliotecas. También están las cajas de libros que llegan a La Murciélaga, dice. 

El olfato para saber qué vale la pena se va adquiriendo con el tiempo y con el consejo de colegas libreros o coleccionistas. No hay precisamente un consenso en cuanto al precio de los libros de colección, que son los que pueden llegar a precios de ‘susto’. Imagino que es algo similar con las obras de arte, o así más o menos lo concibo yo. Entre la apuesta, la especulación y los hechos o la historia real del título. Y con los otros libros, con la mayoría de nuestros títulos, los de batalla, digamos, tratamos de venderlos a un precio menor que el de las otras librerías.”

 

 

Si aún no has pisado este espacio, muchos de sus libros los puedes conocer a través de sus cuentas de Twitter e Instagram, donde los anuncian. También está el trato que tiene con coleccionistas que “piden que les apartemos títulos o autores específicos, esos libros no llegan a los libreros de La Murciélaga. Cuando damos con algún título muy raro o excepcional sí tratamos de colocarlo entre coleccionistas primero, pero también los ponemos en exhibición. Obviamente: cualquiera puede comprarnos el libro que le apetezca.”

Como libreros, lectores y escritores, ¿cómo ven la estrategia de Paco Ignacio Taibo II para fomentar la lectura? ¿Servirá vender libros a 10 pesos para que la gente lea? Y sobre todo, ¿cómo los afectaría esto que dijo de ser concretado: “vamos a desbaratarlo, vamos a hacer libros baratísimos, vamos a regalar libros. Y no solo eso: vamos a forzar a que el conjunto de la industria editorial baje sus precios”?

Que el libro sea más barato está bien. No sé si sea una estrategia infalible de fomento a la lectura, me suena muy fantástica. Pero en principio que el precio del libro baje, de los clásicos universales y mexicanos, por ejemplo, está muy bien. Me parece que es una medida que podría implementar en el FCE, pero veo medio imposible que se extienda a las editoriales privadas. El gran problema no es hacer un libro, sino distribuirlo y venderlo, ahí es donde se chupan la lana. Si de algún modo Taibo puede obligar a los puntos de venta y a las distribuidoras a bajar sus porcentajes, sin meterse con las editoriales, lo celebraría.

Además de librería de viejo, en este espacio también suceden presentaciones de libros, charlas, próximamente se iniciará en los talleres con un Laboratorio de poesía  y por primera vez alojará una exposición, este miércoles a las 18 se inaugura no alcohol, no mota, no droga, de Cristian Franco y Edgar Cobián.

Se está formulando una ley de espacios culturales independientes. La Murciélaga no sólo aloja libros sino que también funciona como espacio para presentaciones editoriales, ahora exposiciones y talleres, ¿qué tan bueno y no sería que se concretara esta ley que por lo que dicen quienes la gestionan, busca estimular la existencia y permanencia de estos espacios?

La verdad desconozco la nueva ley. Pero creo que cualquier proyecto cultural autónomo debe estar más allá de cualquier legislación.