El antropólogo argentino nos habla sobre su primera novela, Pistas falsas. Una ficción antropológica en la que ensaya algunas visiones de futuro; el libro es publicado por la editorial Sexto Piso

© Huemanzin Rodríguez

Ciudad de México (N22/Ana León).- En un cercano 2030, los partidos políticos formarán parte de corporaciones teatrales, los espacios de cultura se alojarán en corporaciones turísticas, los jóvenes menores de 35 años tendrán que participar en sorteos para conseguir empleo y precisamente este segmento de la población será el más masacrado por la violencia… Este es el imaginario que ensaya en su primera novela el antropólogo argentino, Néstor García Canclini (La Plata, 1939).

En Pistas falsas el autor de libros como Culturas híbridas (1990), La globalización imaginada (1999), La sociedad sin relato (2010) o Lectores, espectadores e internautas (2007), sigue ensayando algunas de las líneas de sus investigaciones como antropólogo pero desde el terreno de la ficción. Desde la mezcla de géneros, de modos de narrar, de hacer poesía que ensaya la novela, García Canclini nos presenta algunas predicciones arriesgadas de cómo podría ser un futuro donde la aceleración de los tiempos y las costumbres, así como los cambios en la comunicación hacen cada vez más difícil prever lo que viene.

En su primera novela nos lanza una ficción antropológica que no se percibe tanto como tal porque está muy apegada a la realidad y situada en un futuro muy próximo, 2030. ¿A qué se debe este marco temporal tan cercano?

Hay varias razones. Una es que la aceleración de los tiempos, de las costumbres, de los cambios de comunicación han vuelto cada vez más difícil prever lo que va a ocurrir en veinte o treinta años. Me pareció que poner la referencia en 2030 ya desafiaba cualquier predicción. Inclusive hay recursos que tuve que usar para los instrumentos de comunicación que emplean los personajes, por ejemplo, se llama red sociotécnica porque no sé si se va a llamar iPhone en 2030.

Hay algunas apuestas en el relato en el sentido de que papel y pantalla van a coexistir, eso incluso tiene cierto soporte en investigaciones, la última que hice en equipo sobre cómo leemos hoy se llama así, Una antropología de los lectores, el libro, se puede descargar libremente de la web, muestra que aun en los hábitos de lectura de los jóvenes siguen conviviendo la lectura en papel, libros, revistas, periódicos, con la lectura en las distintas pantallas, y con la visión de películas no sólo en cine sino también en el celular. Hay una interconexión y cooperación o conflictos a veces entre los distintos medios. En esta situación tan dinámica es muy difícil prever qué va a pasar después. Y así también con las costumbres, con las guerras.

Hay algunas predicciones arriesgadas como decir que la Unión Europea va a seguir descomponiéndose y que Italia, en el 2020 o el 2022, se va a separar. Pero son sugerencias de ficción no estoy haciendo pronósticos.

Se han dado muchos tipos de mutaciones sociales que se han generado a partir de internet y las relaciones han cambiado porque justo ya no se hacen a través de los cuerpos sino de las pantallas, y China es una de las sociedades que tiene el mayor índice de suicidios por este nivel de convivencia y la competencia desmedida por querer ser. En este sentido, me parece interesante que la historia entonces se aborde desde la perspectiva, precisamente, de un arqueólogo chino.

Algunos aspectos de la ficción están relacionados con lo que descubrí al visitar China en 2009, pero no quise seguir la trayectoria y el asombro de un latinoamericano que va a China sino al revés, ¿qué le sucede a un arqueólogo chino que quiere distanciarse de ciertas experiencias ingratas que ha vivido en su profesión especializándose en literatura y artes latinoamericanas y viniendo a Argentina a México, a buscar otro tipo de sociedad? Está sucediendo mucho esta impregnación de la cultura china, la cultura laboral, la cotidiana, en las películas, hay un canal de televisión (chino) que se transmite en América Latina en español y pareciera que nos estamos dando poca cuenta, todavía, de lo que esto está significando. Los cambios en los modos de trabajar, de relacionarnos, de depender ya no sólo de EEUU.

Construye una ficción basado en hechos reales y muy específicos como la banalización del mal, el avance del fascismo, el Brexit, la precarización laboral, la falta de trabajo para los jóvenes, ¿por qué decide no hacer ficciones de estos hechos sino usar esta realidad tan específica como base?

Porque en trabajos anteriores de ciencias sociales como antropólogo, me he ocupado de esa zona de globalización, de precariedad laboral, de la vida cotidiana de los jóvenes… No se trataba de insistir en eso sino tomarlo como antecedente, como lugar desde el cual llegaremos al 2030 o ya nos estamos dirigiendo. La novela no quiere contar lo que ya todos sabemos sino partir de alusiones a esas experiencias, imaginar hacia qué mundo vamos.

Esta ficción resulta bastante inquietante al estar hecha por un antropólogo, ¿de alguna manera ensaya formas o visiones de nuestro futuro, hace una autopsia de éste?

Es una combinación entre lo que ya está presente y lo vamos a encontrar aludido por ejemplo, en los embotellamientos en la Ciudad de México. Es una experiencia que tiene el arqueólogo chino cuando viene a un congreso en Mextrópoli 2030 y no logra llegar a la sesión, pero descubre en la ciudad los motivos que entorpecen el tráfico: los altares populares, los puestos ilegales de venta en  las calles… Hay algo instructivo que va recibiendo en la experiencia muy semejante a la que hoy tenemos cuando circulamos por la Ciudad de México, pero exasperada, llevada a un futuro donde las preguntas son más radicales.

Hay muchos guiños orwellianos y a J.G. Ballard en la novela, ¿fueron referentes para este trabajo?

Sí. No los únicos. Hay otros autores que quizá literariamente valoro más y que no han sido principalmente autores de literatura de anticipación pero que se han ocupado de despegar del conocimiento científico, en su momento, consecuencias imaginativas hacia el futuro como Italo Calvino o el propio Borges.

Hay una pregunta que lanza el protagonista dentro de la narración que es “¿cuál es el género de la posglobalización?” Lo pregunto porque hace referencia hacia la figura del escritor como un destino turístico.

El escritor como destino turístico, algo que comienza a ocurrir en estos días al incorporar al repertorio de atractivos de ciudades, de países, las casas en que vivieron los escritores, los cafés o restaurantes que visitaron y también –como se habla largamente en varias páginas en un congreso al que asiste el arqueólogo en Buenos Aires– las cartas, las fotografías tomadas por los escritores, los papelitos que dejaron abandonados en los cajones, lo no publicado y que como ediciones póstumas se convierte en libros de más páginas que los que ellos quisieron publicar en vida. Se analiza el caso de Cortázar. Se trata de entender qué cambios en la industria editorial y en los hábitos de los lectores llevaron a eso.

Queda como duda [sobre los géneros], la novela no decide eso porque conviven unos cuantos, quizá cada vez más, y convive la mezcla de géneros que es de lo que trata de dar cuenta esta combinación de modos de narrar, de hacer poesía, de ensayar que hay en la novela.