Ljaa´Tejedoras de Esperanzas

Una cooperativa integrada por mujeres que busca que la tradición del telar de cintura permanezca y sea ésta la que de valor a su trabajo

Ciudad de México (N22/Ireli Vázquez).-  Dentro de la Cuidad de México, específicamente en la colonia Unidad Modelo de la alcaldía Iztapalapa, se encuentra un lugar lleno de tradición, su nombre es Ljaa´Tejedoras de Esperanzas. Una cooperativa que nace de la necesidad de dar a conocer la tradición de un trabajo artesanal y ofrecer a la venta las prendas que realizan varias mujeres artesanas amuzgas de diversas comunidades de Xochistlahuaca, Guerrero.

Imágenes: © Ljaa´Tejedoras de Esperanzas e © Ireli Vázquez

La historia de esta cooperativa se remonta al año 2010, donde varias artesanas se conocieron mientras colaboraban en las actividades de la radio libre local Radio Ñomndaa, explicó en entrevista, Eduarda Francisco, compañera y miembro de la Ljaa´Tejedoras de Esperanzas.

«Nosotras y las demás compañeras nos conocimos a través de la radio comunitaria, cada año festejamos el aniversario de la radio […], convivimos y platicamos y ahí me di cuenta de que la mayoría son artesanas de telar de cintura y que hacen diferentes trabajos. Vi que igual yo sé hacer algunas cosas como ellas en el telar de cintura. Empezamos a platicar sobre nuestro trabajo y les pegunté cómo le hacían para vender sus prendas y me dijeron que los vendían en el centro de Xochistlahuaca, porque los domingos llegaban muchos turistas o personas que compran muy barato su trabajo, pero que al final revenden sus productos.»

Dentro de su comunidad es muy difícil poder mantenerse de esta tradición, ya que muchos no saben hablar bien español o las parejas de las mujeres les impiden salir a vender. Viendo todas esas problemáticas, es como decidieron reunirse y organizarse para ver la posibilidad de vender de una mejor forma sus productos.

«Decidimos juntarnos para ver cómo podríamos llegar a más gente. Cuando comenzamos éramos cinco compañeras, durante nuestras reuniones se planteó que cada integrante invitara a otras dos mujeres artesanas para unirnos y que podamos ser más, porque no sólo se trata de salir a vender, sino de una forma de conservar el trabajo que nos han dejado nuestras abuelas», comentó Eduarda Francisco.

En la actualidad, son 38 tejedoras de distintas comunidades amuzgas quienes comparten la lucha por el telar y por la autonomía de su pueblo, dejando de lado la explotación que sufrían y convirtiendo una tradición en su principal oficio.

Dentro de la Ciudad de México

Actualmente, en la Ciudad de México se encuentra el punto de venta de la cooperativa. Aquí varias personas son las encargadas de comercializar y promover las pendras. Asimismo, dentro del lugar se realizan talleres para que la gente se acerque a esta tradición y se comprenda el gran esfuerzo de este oficio.

«Conocimos a unos amigos en la cuidad y con ellos vimos que hay gente que todavía no sabe cómo es el trabajo y cómo se elaboran las prendas, así fue como nuestro trabajo llegó a la ciudad. Empezamos a compartir talleres para que la gente tenga la idea de cómo realizamos una prenda y cuánto tiempo se lleva. Porque a veces cuando lo ven piensan que es una manta bordada, pero no, nosotras lo hacemos en telar de cintura, todo está hecho a mano, mientras se va avanzando el tejido, igual se va bordando. Cuando empezamos a dar talleres como que la gente despertó y vio que es un trabajo que lleva su tiempo […], lo valora más y lo compra, porque ya saben cómo está hecho y también a partir de ahí se decide poner a la venta nuestros productos dentro de un lugar establecido y en la Ciudad de México», concluyó Eduarda Francisco .

La construcción de esta cooperativa les ha enseñado a no regalar su trabajo, a unirse como mujeres para luchar por sus derechos y, sobre todo, a ser conscientes de la necesidad de continuar con el legado que les han dejado sus abuelas y la importancia de heredarlo a las futuras generaciones.

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