Desde Roma, una entrevista con Héctor Perea, merecedor del Premio Alfonso Reyes 2019

Actualmente trabaja una antología literaria doble en colaboración con la Universidad de Roma La Sapienza

Ciudad de México (N22/Huemanzin Rodríguez).- Héctor Perea (Ciudad de México, 1953) es periodista, investigador y escritor. Sus libros han sido publicados en España y México. Ha desarrollado trabajos en colaboración con la Universidad de Roma La Sapienza, donde ahora se encuentra. Perea ha ganado otros reconocimientos como el Premio Nacional de Periodismo Cultural Rosario Castellanos (1989) o Premio Bellas Artes de Ensayo Literario José Revueltas (1994), entre otros. A finales de noviembre se tomará unos días para viajar a México y recibir el Premio Alfonso Reyes.

«Realmente ha sido muy impactante para mí, no esperaba ser considerado para este premio, finalmente es muy satisfactorio. Son muchos años de trabajar en torno a la obra de Alfonso Reyes, además, el jurado también tomó en cuenta otros elementos de mi trayectoria, como mi trabajo en el periodismo y en el campo de las letras. En este sentido Alfonso Reyes ha sido una inspiración, una guía.»

¿Cómo ha sido para ti el acercamiento no sólo la obra de Reyes, también a su figura?

Desde muy joven he leído su obra en la Capilla Alfonsina. Eso me abrió muchas facetas de su vida, muchas desconocidas para mí y que quizás, no me atrevía arriesgarme a seguir. Leerlo me ayudó a liberarme para escribir, a librarme del miedo, del qué dirán, todo eso que siempre está encima de uno cuando es joven. Lo empecé a leer cuando tenía 18, 19 años, leía su obra, su vida, de manera especial aquellos años difíciles de exilio en París y Madrid, su invierno en Madrid. Ese momento extremo de pobreza y hambre después de la muerte de su padre, el general Bernardo Reyes (muerto en la Decena trágica) y que lo hizo seguir un sendero que quizás nunca hubiera tomado en México por la cantidad de compromisos que tenía y por el peso de su apellido. Leí de sus años de exilio, y cuando regresó a la diplomacia, realmente hizo lo que quiso.  Pero también vivió una vida muy apasionada, se acercó a quien quiso acercarse y escribió lo que en verdad quiso escribir. Así Reyes realmente me abrió un camino muy apasionante.

Has trabajado como periodista en diferentes partes del mundo, de manera particular en México y España, que han sido referentes en tu trabajo. ¿Este ejercicio periodístico y ese paso por España no te hizo sentir que de alguna manera recorrías algunos de los pasos de Reyes?

Yo seguí un camino paralelo y no porque lo haya decidido. Reyes escribió en los periódicos más importantes de la época de la Edad de plata, que se le llama al momento cultural en participó. Él pudo colaborar en periódicos como El Sol, El Imparcial, en muchas revistas del momento como Vanguardia, del gran movimiento vanguardista español. Cuando yo empecé en el periodismo fue en el Unomásuno, después me fui a España donde pude seguir escribiendo en el Unomásuno, de ahí me pasé a La Jornada. Y tuve la oportunidad de conocer a gente muy importante en la Universidad Complutense, que serían determinantes para mí como Marta Portal (1930-2016) y César Antonio Molina, otro gran periodista que en los años 80 ejercían con toda contundencia su labor periodística. Y después pude trabajar en un periódico que hoy es leyenda en España, es Diario 16, que es todo un símbolo de la transición democrática española. Mi primer artículo lo publiqué ahí, gracias a José Miguel Millán del suplemento cultural de Diario 16. Después César Antonio Molina tuvo a su cargo el suplemento Cultural y Libros, donde pude complementar mi trabajo.  

En España me sentí con toda la libertad de trabajar y explorar posibilidades y me sentía que estaba en una situación que había leído con Reyes, y que coincidía con el cambio de gobierno ahí (entró un gobierno socialista), y además coincidía con otro cambio en el ámbito cultural que fue La Movida madrileña. Yo vivía entonces en el centro de Madrid, en el Barrio del Refugio, muy cerca de donde ocurrió la Movida, de donde salieron personajes como el cineasta Pedro Almodóvar, surgieron cantantes, escritores, personas como Miquel Barceló, y mucha paja que se quedó en el camino. Aquellos artistas importantes de la época son hoy líderes debido a su trayectoria y a su obra. Fueron los años de Hugo Sánchez, jugando primero en el Atlético de Madrid y luego en el Real Madrid, un mexicano que dio mucho de qué hablar, y de alguna manera reflejaba los cambios que se vivían en España.

Escribí sobre estos momentos en una columna que tenía en el Unomásuno, en la sección cultural coordinada por Roberto Vallarino, quien después viajó a España y de esa aventura que vivimos escribió un libro de crónicas rocambolescas. También estaba Miguel Icaza, quien era nuestro vecino, y era el operador de Néstor Almendros, director de fotografía que trabajó con Carlos Saura. Fue un momento en donde muchos mexicanos coincidimos y entramos en el mundo cultural de español que en ese momento era muy permeable. Era una esponja fantástica donde convivíamos mexicanos, latinoamericanos y españoles en un mismo nivel donde compartíamos muchas experiencias.

Volviendo al periodismo, fue en Diario 16 donde fui reportero, redactor, corrector y después sería corresponsal cultural cuando volví a México.

¿En qué momento empezaste con la literatura?

Siempre me interesó, desde muy pequeño. Cuando me fui a estudiar el doctorado de Ciencias de la información en la Universidad Complutense de Madrid, siempre escogí materias afines a estos campos, el literario y el artístico. A la muerte de Franco el mundo exterior entró en España con vigor, especialmente en las expresiones artísticas y eso era muy motivador. Escribía sobre todo eso y además de mis cursos, busqué formarme con la gente que conocía. Yo ya había empezado a escribir ficción en mis años de estudio en la facultad de Ciencias Políticas en la UNAM. Ya en Madrid publico mi primer libro, Imágenes rotas (1980), inspirado en el título de T. S. Eliot. Ese libro es con el que después tengo acceso a una beca para seguir escribiendo. Mis cuentos los he escrito entre Madrid, Ciudad de México y ahora, también en Roma.

Tienes un libro titulado Ojos de Reyes (2009) editado por la UNAM, que está vinculado a tu trabajo relacionado con las artes plásticas. ¿cómo te acercaste a ellas?

Siempre he visitado los museos, y en los viajes visito museos constantemente. Cuando estudiaba en Madrid con mi credencial de la Universidad podía entrar siempre al Museo del Prado sin pagar boleto, mi credencial decía “investigador” y sólo los investigadores no pagaban la entrada. Así aproveché, iba cada tercer día, recordaba lo que veía y regresaba para comprobarlo. Después me animé a escribir sobre arte. Pero el solo hecho de mirar arte, siempre me ha apasionado.

En el caso del libro Ojos de Reyes, título que tomo de una expresión de Raquel Tibol (1923-2015), primera curadora de la colección de arte de Alfonso Reyes que resguarda la capilla Alfonsina, yo estaba no solamente estaba tratando de entender el temperamento de Reyes proyectado a través de las obras que coleccionó, sino que de repente me tocó la coincidencia, de que me pidieran hiciera la curaduría de la colección. Y dentro de los arreglos que se estaba haciendo en la Capilla Alfonsina, me tocaron los descubrimientos que se iban haciendo de obras ocultas en distintas partes del inmueble, y que le iban dando un perfil distinto a colección según la había visto Raquel. Yo lo que hice fue tratar de asimilar lo que estaba pasando frente a mis ojos, y después lo pude completar cuando, gracias a la invitación del Instituto Cervantes, pude curar una exposición internacional itinerante sobre la sobre la figura de Reyes pero centrada en la colección. Pude cotejar en Brasil la importancia de las obras brasileñas, del modernismo brasileño que reunió Reyes. También, montando en París, pude valorar la colección de Reyes junto a colegas franceses, a partir de las obras de la colección pertenecientes a la Escuela de París. Reyes pudo reunir algunas obras interesantes de figuras esenciales del movimiento de otros pintores franceses y de otras partes del mundo, esta es la característica del movimiento. Reyes no tenía mucho dinero, entre el azar y el ojo pudo juntar obras muy interesantes no sólo de franceses, también de latinoamericanos y de mexicanos.  Así fui haciendo más sólida mi visión de la colección de Reyes, que no es grande pero sí tiene piezas muy exquisitas. Y es algo que no encontramos en otro escritor de la época, Reyes se va involucrando en los movimientos plásticos, en los movimientos culturales de su tiempo. Eso me ha influenciado mucho, siempre que escribo pienso en esa relación de Reyes con el arte.

Cuéntanos un poco qué es lo que te ha llevado a Roma.

Estoy editando una antología dentro de la Universidad de Roma, La Sapienza, con el profesor italiano Stefano Tedeschi, estamos haciendo estas dos antologías espejo con materiales poco conocidos y algunos desconocidos, materiales muy interesantes poco conocidos e incluso algunos totalmente desconocidos, que hablan de diversos temas sobre los países frente al otro. Yo ya he terminado la selección de los materiales mexicanos que observan a Italia prácticamente en todo el siglo XX hasta nuestros días. Y lo que está haciendo Stefano Tedeschi es la otra visión, México mirado desde ojos italianos. Muchos de ellos estuvieron en México como científicos, exploradores, arqueólogos, viajeros, que al regresar a Italia escribieron sobre México. Hemos encontrado maravillas. La idea principal es que trabajemos en conjunto con la Universidad de Roma, a través de un convenio que tiene ya diez años.

Ya hemos hecho otras colaboraciones como la que hoy nos reúne, dos publicaciones bilingüe de cuento contemporáneo, traducidas por alumnos de estas dos universidades, los libros han sido muy celebrados y se pueden conseguir on line.

Ahora han surgido otras posibilidades de colaboración entre La Sapienza y la UNAM, que esperamos se puedan desarrollar pronto.