Iron Maiden en México

Con un espectáculo épico y lleno de teatralidad, la banda de heavy metal dio el segundo de sus tres conciertos en el Palacio de los Deportes

Ciudad de México (N22 / Ireli Vázquez).- Iron Maiden abrió en México su gira por Latinoamérica. El Palacio de los Deportes fue el espacio su Legacy of the Beast, un espectáculo que está basado en el cómic y el video juego para celular, donde Eddie, la mascota de la banda, debe recuperar los pedazos de su alma, que fueron esparcidos por varios mundos.

La noche del domingo 29 de septiembre se llevó a cabo la segunda de tres fechas pactadas, poco más de 21 mil personas fueron testigos de este evento. Todo el escenario se encontraba tapado con mantas mientras, detrás de ellas, se afinaban pequeños detalles. El tema de Doctor, Doctor de “UFO”, sirvió para descubrir los instrumentos y las plataformas por las que una y otra vez pasaría Bruce Dickinson, quien parecía la “prima donna” de la noche. Después interpretaron el histórico tema Aces High donde se escucha parte del discurso We shall fight on the beaches (1984), pronunciado por Winston Churchill el 4 de junio de 1940. El público estalló en gritos con esta canción que habla de un piloto inglés de la Segunda Guerra Mundial.

En el escenario se vio la réplica de un avión caza y Dickinson vestido de piloto. Las imágenes en el escenario y el vestuario cambiante del vocalista dieron al show toques que evocaban a la nostalgia, subrayada por la selección de temas los cuáles en su mayoría fueron creados en los años 80: Where Eagles Dare (1983), 2 Minutes to Midnight (1984), The Evil That Men Do (1988), Hallowed Be Thy Name (1982) y Run Tho The Hills (1982).

Durante todo el concierto los tres guitarristas: Dave Murray, Adrian Smith y Janick Gers, tocaron con precisión y mucha energía, hicieron suyo el escenario moviéndose de un lado a otro mientras hacían malabares con sus guitarras, apuntándolas al público a la menor provocación. Steve Harris, al tocar el bajo, parecía ser la persona más feliz del mundo. Nicko McBrain era poco visible detrás de su batería enorme que lo cubrió en todo momento.

El tema de la guerra fue la atmósfera durante las primeras cinco canciones. Con The Trooper (1983), Eddie apareció en el escenario y se enfrentó con Dickinson en un blandir de espadas. Después en Revelations (1983) y For The Greater Good of God (2006), al fondo se descubrió una cuyos vitrales evocaban a Eddie; y más tarde en Sign of the cross (1995), el espacio se transformó en un cementerio. Continuaron con Flight of the Icarus (1983) que no habían tocado hace 32 años, hasta que fue incluida en esta gira desde el año pasado. Ahí apareció un inmenso Ícaro, y Dickinson usó unos lanzallamas para lanzar fuego con las manos.

Los fans no podían quejarse, Iron Maiden dio repaso por casi toda su discografía, desde el inicial y homónimo álbum Iron Maiden (1980), hasta A matter of life and dead (2006), seleccionando canciones en las que tanto las letras como en la música tienen una narrativa épica que lograron condensar en pocos minutos.

El show no pudo terminar mejor, con The Number of the Beast (1982), por un momento el escenario pareció la entrada del Infierno con pirotecnia y luces rojas. En Iron Maiden apareció un diabólico Eddie con cuernos y todo tuvo un toque más dramático. En Hallowed Be Thy Name, detrás de los barrotes de una celda, Bruce Dickinson cantó los pensamientos últimos de un condenado a la horca. Finalmente, en Run to the Hills, con un telón sobre el cual se veían imágenes del juego Legacy of the Beast, Bruce se despidió del público y agradeció una noche más: “¡Nos vemos mañana, México!”,  y Iron Maiden se retiró del escenario.

Imágenes: Toni François y El Heraldo de México.