Tras los pasos de Humboldt

Caminar, pensar y volver a la naturaleza (urbana), tres de las razones para recorrer la ciudad y hacer un guiño a ese gesto tan cotidiano, el andar, pero tan relevante en la formación de conocimiento 

Ciudad de México (N22/Ana León).- Aún no amanece, es 10 de septiembre, y estamos listos para partir. Somos alrededor de 37 personas las que nos hemos reunido entre la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México y el Palacio Nacional, con una sola meta: caminar 27 kilómetros del Templo Mayor al parque de los Dinamos. No es un gesto ingenuo. Ninguna caminata lo es. Decía Goethe que «nadie puede caminar impunemente bajo las palmeras», ya que la naturaleza [o en este caso nuestro entorno urbano] ejerce una transformación en nosotros como observadores. Y lo decía particularmente por un personaje al que con esta caminata rememoramos: Alexander von Humboldt (1769-1859). 

Partimos entonces guiados por un equipo del Instituto Goethe en México que organiza esta caminata en colaboración con la Embajada de Alemania en México y con apoyo de Seguridad Pública de la Ciudad de México. El ritmo de la ciudad no se detiene; sin embargo, la velocidad del día a día queda suspendida para nosotros que andamos a nuestro propio ritmo. Hay silencios y charlas al tiempo que se anda. Reconocimientos entre extraños y encuentros entre quienes ya se conocen. Cruzamos la Alameda Central y hacemos una parada en la escultura a Humboldt realizada por Antonio Castellanos Basich. Recordamos la llegada de este explorador e intelectual universal a América, en 1799, y a México en 1803, donde permaneció poco más de un año. Es en la Ciudad de México donde pasa la mayor parte del tiempo entre archivos y bibliotecas, pero también viaja a Guanajuato, recorre minas, aguas termales, y como lo había hecho también en Cuba, condena las condiciones de trabajo, en este caso, de los mineros. 


Afín a los ideales de la ilustración francesa, condenó la situaciones de explotación del hombre, la falta de libertad, de su propia libertad que buscó siempre. También fue afín al romanticismo alemán, ese que amaba la naturaleza y la entendía como parte de un todo. 

Buscó siempre liberarse de los prejuicios de su formación burguesa y encontrar otras maneras de vivir. Esa búsqueda lo llevó a recorrer 15 mil kilómetros en nuestro continente pisando países como Colombia, Brasil, Venezuela, Perú y Ecuador, además de México. Llegó también a EEUU, a petición del presidente Thomas Jefferson.

Cinco guías nos llevan. El paisaje evoluciona con el tiempo. Aún compartimos algunas imágenes de lo vió Humboldt como la obra de Tolsá, pero en nuestro andar están ya nuevas edificaciones que permiten evocar nuestra historia como sociedad: El Caballito, el Monumento a la Revolución, el Ángel de la Independencia. Y seguimos hasta llegar al Parque Hundido donde hacemos una parada y donde una corresponsal de la radio alemana nos cuenta que ella se unió a la caminata para ver quiénes eran los mexicanos a los que les interesaba Humboldt, los que harían este trayecto. Para ella las caminatas de este tipo le son más cercanas. 

El sábado se tiene previsto cerrar este guiño al andar de Humboldt. La ruta, a diferencia de ésta, exigirá más de los caminantes, se tiene previsto la participación de 55 personas en un trayecto que irá de Zaragoza de Guadalupe al Nevado de Toluca. 

«El reto en una caminata en la ciudad es terminarla», me dice Alfredo, uno de los guías, algo más físico que mental, pero todo cambia en la montaña, ahí el reto también es mental porque no tienes referencias, como en la ciudad, del lugar en el que estás. 

Nellie, otra de las guías, me habla de las recomendaciones más de indumentaria, ropa térmica, capas de ropa para afrontar los cambios de clima en la montaña; el calzado es importante ya que los tenis para correr o botas de calle, no dan para el andar en ese espacio. Más allá de lo práctico, todas las referencias de Nellie llevan a pensar en los retos que nosotros afrontamos con ropa térmica y tecnología, ¿cómo fueron afrontados por Humboldt? Como escribe Maren Meinhardt, en Alexander von Humboldt. Anhelo por lo desconocido, «Humboldt comenzó a considerar su propio cuerpo como el instrumento más fiable y decisivo». 

Se ha perdido la educación al aire libre, si bien caminamos y reconocemos espacios por los que ya hemos transitado, y al final del trayecto la historiadora del arte Veka Duncan nos hablará de la relevancia del trabajo de Humboldt en México, no hacemos paradas para analizar qué vemos, qué naturaleza es la que puebla nuestro entorno, se echa en falta eso y lo único que podemos hacer es registrar con nuestros teléfonos insectos y flores que cruzan nuestro paso por esta urbe. Cosa que a los 34 años ya había hecho Humboldt. 


Su curiosidad era minuciosa y lo llevó a crear los mapas más fiables, mapas que en un inicio lo motivaron a salir, a poner el cuerpo afuera y encontrarse con la naturaleza: «la forma de los países, de los mares y lagos, tal como estaba perfilados en los mapas; el deseo de admirar las estrellas meridionales, no visibles en nuestro hemisferio […] podía todo ello inculcar en la mente el primer impulso de viajar a países remotos.»

El sábado 14 de septiembre, justo en el cumpleaños de Humboldt, la segunda, de dos etapas que constituyen esta caminata se llevará a cabo. Aún pueden registrarse en la página del Goethe Institut Mexiko.

Imágenes: Arturo Campos, Huemanzin Rodríguez, Ana León