«High Life»: nadie, nada

La más reciente cinta de Claire Denis nos muestra que la directora sabe navegar en sus aguas, ya sea en el espacio o en la Tierra, vuelve a los ejes columna de su filmografía 

Ciudad de México (N22/Ana León).- La primera escena de la nueva cinta de Claire Denis, High Life  –protagonizada por Robert Pattinson y Juliette Binoche–, nos dice dos cosas: la primera, que la cineasta no se casa con un estilo, que es capaz de mutar de cintas como Los canallas (2013) o Un bello sol interior (2017) a ésta, donde vemos a un hombre en el espacio arreglando una nave; la segunda, que el vacío es uno de sus personajes, que el afuera es una metáfora, algo que quedó flotando en el limbo junto con el futuro. 

Un grupo de prisioneros condenados a muerte, entre los que se encuentra el personaje de Pattinson y una doctora (Juliette Binoche), son lanzados al espacio como parte de un proyecto de investigación que da esa opción al convicto, el quedarse en su celda y morir, o navegar sin rumbo por el espacio exterior en una aparente libertad. Una especie de higienización de la Tierra lanzando la escoria humana fuera de ella. 

La cárcel se traslada al exterior y esta microsociedad que no presentaba antes virtud alguna de convivencia, se va descomponiendo más y más. Podría pensarse que el cine de Denis en esta ocasión se aleja del cine de Denis, pero la directora francesa sabe navegar bien en sus aguas, en sus temas eje y meternos en ellos con una atmósfera de ciencia ficción. Sabe ser otra sin dejar de ser ella. 

En esta, su primera película hablada en inglés, porque declaró «la historia tiene lugar en el espacio y, no sé por qué, pero para mí, la gente en el espacio habla inglés, o ruso, o chino, pero no francés», la violencia, la decadencia, y la poca certeza de futuro, de algo por venir, se cuelan nuevamente. La abigarrada mente de sus personajes se autodestruye víctima de las pulsiones, del deseo, del instinto de supervivencia. 

El viaje es un proyecto de fertilidad, el crear un ser genéticamente fuerte, estable, en el espacio. Los genes provienen de los mismos prisioneros. Y la vida se abre paso en esa nave que lleva en el exterior el número 7. ¿Qué conocerá ese ser humano? ¿Cómo será formado en el exterior? ¿Qué lo dotará de identidad si nos identificamos respecto al otro y sólo hay un único otro? La única posibilidad es salir a ese vacío absoluto, pero ¿hacia dónde?