#Metro50Años: PCC, el cerebro de una ciudad debajo de la ciudad

Conozcamos el Puesto Central de Control que atiende las necesidades operativas de cada una de las 12 líneas que componen el STC

Ciudad de México (N22/Ana León).- En 2017, el Sistema de Transporte Colectivo (STC) Metro transportó a mil 615 millones 652 mil 411 pasajeros. Ese año, el día viernes 17 de noviembre, se registró como afluencia máxima el ingreso de 5 millones 613 mil 7 personas transportadas. ¿Cómo organizar esta ciudad subterránea que acumula poco más de 201 mil kilómetros de red construida? 

Uno de esos espacios de relevancia vital –literalmente–, es el Puesto Central de Control. Ubicado en la calle de Delicias, en la Ciudad de México, este “cerebro” se divide en dos: PCC 1 y PCC 2, y tiene como función atender todas las cuestiones operativas de las diferentes líneas que integran el STC. ¿Por qué digo cerebro? Porque desde aquí, el regulador, «la persona que está a cargo de los tableros de cada línea», me dice Alejandro Varela Lópeza, a cargo de la Coordinación Técnica del Control Central (CC) –dentro del PCC–, coordina todos los trenes que operan en cada una de las doce líneas que lo integran. 

El trabajo aquí es preciso y lo desarrolla entonces un “regulador”, un trabajador que ya ha pasado por cargos como auxiliar de estación, conductor, inspector jefe de estación y que conoce a detalle el funcionamiento de los trenes, las dinámicas en las vías, los detalles de la conducción, los imprevistos que se pueden suscitar, es decir, el día a día del trabajo en campo. 

Todo inicia, como sabemos, antes del amanecer y de hecho, para esta área del metro, el trabajo nunca para, cuatro turnos satisfacen las necesidades operativas en vías los 365 días del año: «desde el inicio del servicio, que iniciamos a las cinco de la mañana y hasta las 00:30 horas que termina la operación de los trenes, el regulador por medio de los tableros de control óptico está observando toda la operación. Tiene el mando y control de cada una de las funciones de los trenes que están circulando en la línea», no poca cosa, pues es este operador el encargado de que cada tren, y junto con el conductor, obviamente, llegue a su destino en un tiempo preciso. 

Pero también está un cuarto turno, el del regulador que opera de las cero horas a las 6:30 de la mañana. Mientras todos dormimos, el trabajo en el metro sigue, alrededor de 200 personas, me cuenta Alejandro, trabajan durante la noche, entiendo que por lo menos, en la Línea 1. 

© Ireli Vázquez


«Una vez que ya todos los trenes se estacionaron adecuadamente en las posiciones, se hace el corte de corriente en toda la línea y se empiezan a reportar todas las áreas para darle mantenimiento a las instalaciones. Eso es lo que hace el regulador, tomar el descenso de todas esas personas. Tienen un horario de trabajo, para darle mantenimiento a esas instalaciones, de la una de la mañana a, aproximadamente, las cuatro de la mañana. Antes de las cuatro de la mañana tienen que reportar su salida con el regulador y en ese momento nosotros podemos preparar los trenes para el inicio del servicio.» 

Entrar al PCC es como regresar en el tiempo, el diseño de este espacio de trabajo responde a la estética de los años setentas, 1969, para ser precisa. Físicamente poco ha cambiado, salvo un detalle tan relevante como es que las herramientas que tenían que atender una afluencia máxima de 346 mil 600 pasajeros en un día, ahora deben satisfacer la demanda de más de 5 millones de personas en un día y el acelerado ritmo de vida que ahora se vive. 

© Ireli Vázquez


Sin embargo, funciona. A través del tablero, el regulador hace una lectura del funcionamiento y la operación de la línea a su cargo, «es la representación gráfica de cada una de las líneas, desde la terminal de origen hasta la terminal de destino», me dice Alejandro Varela, y precisa: «están marcadas la vía de la terminal de origen a la terminal de destino y en cada una de las vías, dentro de las vías, tenemos representadas las estaciones con su nombre, tenemos representadas las zonas de maniobras, tenemos representada parte de la señalización, la más importante que es en las zonas de maniobras, y también tenemos distribuidos todo lo que es la energía dentro de toda la línea. Asimismo, tenemos todo el mando y control de lo que son las cuestiones operativas; en cada una de las zonas de maniobra tenemos un display lo que es prácticamente la comunicación con cada uno de los conductores, y unas platinas de telefonía para comunicarnos con todo el personal que está en la línea.»

© Ana León


El regulador es también quien decide que se corte la energía en vías en caso de un siniestro, en coordinación con el Centro de Comunicación (CC): «cuando lamentablemente tenemos un problema de esa índole, ya tenemos un protocolo bien establecido. En este caso, el regulador, lo primero que tiene que hacer es cortar corriente en la zona donde se encuentre el tren. Una vez que se corta la corriente se hace todo el protocolo con el personal que esté en línea, con el mismo conductor que lleva el tren, y en este caso el regulador le avisa al Centro de Comunicaciones el problema que se está suscitando en ese momento para que le mande el apoyo, ya sea personal de servicios médicos, de protección civil, de seguridad industrial, para que vayan a la estación y nos apoyen para atender el problema.» 

© Ireli Vázquez


También es responsable, en muchos casos, de que el conductor cambie de pilotaje automático a manual, «la indicación es que todos los trenes avancen en pilotaje automático. La indicación la da el regulador, salvo en casos específicos, si tenemos una zona de superficie y está lloviendo, tenemos un protocolo de lluvia donde el conductor, automáticamente, si ve que está lloviendo, a parte de que nos informa a nosotros como PCC, tiene que degradar su conducción: tomar el mando y control de la velocidad del tren [que tiene una máxima de 70 km / h] y él va a darle los grados de tracción y frenado al tren para evitar que el tren se derrape en las estaciones.»

Además, es guardián del tiempo, cuida que el intervalo entre cada tren –aquí en la Línea 1 es de 1:55 minutos en hora pico y 2:10 minutos en “hora valle”– se respete; o en caso necesario, de que el tren permanezca más tiempo en la estación.  

Al PCC, como a las instalaciones del metro, lo alimentan cuatro transformadores, moles de hierro encargadas de convertir la energía de 85 mil kilovolts a 23 mil. Pocas veces se carece de luz en el metro, pero de suceder o de suscitarse una caída de sistema que provoque que el tablero, los ojos del regulador, se apague, se puede echar mano del teléfono para estar en contacto directo con el personal de cada línea. 

© Ireli Vázquez

Desde un puesto central, el jefe de todos estos reguladores supervisa el trabajo de todos los miembros del equipo. Desde ahí se aprecia la intermitencia de cada luz roja en el tablero y que representa a cada uno de los trenes en vía. Las luces parpadeantes, los múltiples botones, dan la sensación de que todo es un juego, pero aquí nada es un juego, segundos perdidos, una distracción, una omisión, pueden poner en riesgo no sólo la operación sino la vida de los ciudadanos que se mueven cada día en esta ciudad debajo de la ciudad. 

© Ireli Vázquez

Imagen de portada: © Ireli Vázquez