Discos Cuchillo: filo editorial y sonoro

Una cuestión de sinergias es lo que ha apuntalado el camino de este sello musical que ahora se introduce con ánimo disruptivo en el mundo editorial para generar conversación

Ciudad de México (N22/Ana León).- Eptos Uno es el nombre del rapero mexicano fichado por Discos Cuchillo. Fue lo primero que publicó el sello como proyecto musical. Ahora él está con Universal. Luego vino El Mañana, quienes lanzaron con ellos su EP del mismo nombre, en 2012; una agrupación de la Ciudad de México que construye mapas sonoros de siete minutos. 

Carlos Dávalos formado en la comunicación y Fabián Rodríguez en la ingeniería industrial, se unieron para crear este sello movidos bajo un idea: «hacer lo que queremos como algo natural». ¿El lado romántico de discos cuchillo?: «la intención de regresar a la música lo que nos ha dado». Y esto engloba, también, la publicación de libros.

Todo ha sido muy orgánico. Había una idea base: ser disruptivos, pero mucho de lo que mueve a este sello –que luego trascendió a los libros, razón por la que hoy platicamos– son las conexiones con el entorno. «Programas de radio fueron la manera en la que nos empezamos a desarrollar y vincular con gente, con obras tanto musicales como literarias. Una transición a través de la gente que conocíamos y que tenían una propuesta o una alternativa. En 2010, llegan a Eptos Uno, al primero que publican musicalmente, «porque Carlos tenía un programa en Radio Ibero que tenía de nombre Scratchamama». Luego vino El Mañana. Ésta es entonces una historia de encuentros. 

Luego llegaría a su vida Pepe Casanova, la música y la amistad previa los motivó a invitarlo a hacer una reedición de un libro que llevó por nombre #YONOSOYDJ, y que se convirtió en el primer libro editado por el sello musical. Un libro que lleva un texto de Joselo Rangel como prólogo. Sucedió entonces que otras amistades hicieron llegar a Carlos Dávalos y a Fabián Rodríguez a Wenceslao Bruciaga; «una serie de conexiones orgánicas», como las define Fabián. 

La selección de los autores, que podría parecer una serie de encuentros afortunados, no lo es. Responde mucho a ese ánimo de los fundadores de mantener como sello «una discusión disruptiva. Nosotros lo que pensamos dentro de las cosas que publicamos de música como de la parte editorial, es justamente eso, son discusiones que están ahí y que son discusiones muy manoseadas y muy sobadas, y que siempre están bajo la lupa, en los lugares comunes que son políticamente correctos y no pisan ninguna susceptibilidad, lo que hace que sean conversaciones muy estériles. Y cuando nos asociamos y encontramos que Wenceslao [Bruciaga], Pepe [Casanova] o Adrián [Román], están ahí y quieren hacerse escuchar, para nosotros es congruente poder entrar en esa contradicción donde se genera una discusión. […] sin amordazar a nuestros autores.»

Formar un sello editorial no es fácil. Tampoco uno musical. Éste, hasta ahora, sigue siendo un proyecto que se mueve por las ganas de publicar, de ser un espacio que dé a conocer tanto a escritores como a músicos. La distribución de los libros, por ejemplo, antes de que Fauna estuviera a cargo de ella, me cuenta Fabián, «era en mi cajuela y me iba a parar a todas las librerías donde me permitían poner los libros y darle seguimiento. […] Todo lo que logramos, tanto editorial como musicalmente, es por medios propios. Nos encantaría vivir de esto, pero mucho tiempo hemos estado enfocados a la academia. Carlos está en un doctorado fuera del país, y yo mucho he dado clases en diferentes universidades. Esas son nuestras fuentes de ingreso principales». Y algunas veces existen alianzas como la que se dio con espacios como Sodom [cuando se publicó el libro de Wenceslao Bruciaga]. Pero el camino sigue, los tirajes que empezaron en quinientos libros ahora llegan a mil. 


Discos Cuchillo cuida también la imagen de su propuesta editorial. Me dice Fabián que creen en los objetos editoriales y que a éstos hay que darles la misma importancia que tienen los textos de los que van acompañados, «para resaltar el “objeto editorial”, todas nuestras portadas ya no tienen texto [sólo la ilustración], sino que traen un cintillo donde ponemos nuestro texto y nuestro autor para que no estén sucios y dar relevancia al ilustrador. […] Por ejemplo, en el caso de Wenceslao –Un amigo para la orgía del fin del mundo–, trabajamos con Óscar Coyoli que además de ser músico es un ilustrador muy talentoso, aunque en la industria editorial no siempre funciona porque tiene unas reglas muy cuadradas. En la portada de Wenceslao pusimos un falo eyaculando, por esta necesidad de ser disruptivos.»


Como sello musical, todo el catálogo de Discos Cuchillo está en Spotify, porque aunque tienen ese fetiche por el objeto «y nos gusta estar enfocados además del contenido, de un texto o de la música, en tener un objeto, atesorarlo, todas esas cosas que pasaban antes, la fantasía romántica de llegar a la librería o a la tienda de discos, sacar el disco, encontrarte una foto dentro del disco, todo ese disfrute […], sabemos qué es lo que hay y no nos podemos quedar porque hacemos un compromiso de ser una plataforma.»

Como sello musical tanto como sello editorial con casi diez años de vida, Discos Cuchillo, en palabras de Fabián Rodríguez, busca amplificar voces poderosas que normalmente son puestas en un tercer carril por no ser políticamente correctos y por no encajar exactamente en lo que la industria editorial o musical es hoy día. «Nuestro trabajo como editores es amplificar la voz de esos autores.» 

Imágenes: Ana León