«Hemos dejado la primavera y el verano de los Derechos Humanos, el invierno está aquí»

«Los Derechos Humanos en América Latina van en reversa», dice la experta en la materia, Anna Neistat, en entrevista. El panorama a nivel global, no es alentador 

Pachuca (N22/Huemanzin Rodríguez).- Una entrevista con Anna Neistat, ex directora asociada de Human Rights Watch y ex colaboradora de Amnistía Internacional. 

¿Por qué tenemos que hablar de Derechos Humanos en el mundo?

Porque creo que es algo que concierne absolutamente a cada persona, aunque no se den cuenta de ello. La gente suele pensar que los Derechos Humanos están asociados con prisioneros políticos o conflictos o crisis en algún lugar del mundo, pero, en realidad, los Derechos Humanos es algo absolutamente esencial para la existencia de todos y no solo debamos hablar de ellos. Obviamente deberíamos estar convencidos de que hacemos algo al respecto y no solo preocuparnos en la armonización de que cada persona tiene un papel que desempeñar.

Los políticos nos han hecho creer que es la economía la que nos permite ver el nivel de desarrollo de los países. Otros indicadores tienen que ver con la pobreza y la industria. ¿El cumplimiento de los DD.HH. son un parámetro de desarrollo?

No se trata de equiparar esos indicadores, se trata de comprender que todos forman parte de un mismo problema. El desarrollo no es posible sin el respeto de los DD. HH., porque el desarrollo sin respetar DD. HH. conduce a la desigualdad y podemos verlo en todo el mundo. La desigualdad es un tema de DD. HH. como lo es la salud, como lo es el acceso al trabajo, como lo es el derecho a la privacidad. Es algo con lo que realmente interactuamos a diario y realmente creo que no es accidental que la gente ahora esté tratando de desconectarse de ellos, pues es la retórica de los políticos que intentan explicar que los DD. HH. son algo contrario al interés de las personas. 

¿La calidad del respeto a los DD. HH., refleja la calidad de la democracia de los países?

Te diría que no. Solíamos pensar que la democracia es un atajo a los Derechos Humanos. Solíamos pensar que las democracias desarrolladas, las democracias civilizadas daban por sentado en sus obligaciones el cumplimiento de los DD. HH., pero especialmente ahora cuando miramos alrededor del mundo, vemos que es exactamente lo contrario. Países que que se consideran demócratas, que se consideran campeones de la democracia frenaban los DD. HH.  Mira a los Estados Unidos, mira al Reino Unido y a otros países europeos, aquí en América Latina, donde la mayoría de los países tienen democracias desarrolladas. La democracia no es sinónimo de Derechos Humanos. En teoría, el abuso de los DD. HH. ocurre en las dictaduras o en regímenes totalitarios, pero eso no es una garantía.

Hoy tenemos teléfonos inteligentes donde podemos ver lo que pasa ahora mismo en el mundo. Es la primera vez en la historia de la humanidad que vivimos de esta manera los datos y la información. Podemos saber la situación en Myanmar, en Reino Unido, en China, en Rusia, en Estados Unidos; como en cualquier país de América Latina o lo que ocurre cerca de nosotros. ¿Eso nos permite tener una conciencia distinta de los Derechos Humanos a la que hubo después de la Segunda Guerra Mundial?

Es mucho más difícil en el mundo moderno afirmar que no lo sabes lo que pasa. Con todos los periodistas y con todos los medios de comunicación que tenemos, decir que no sabes sobre las atrocidades que ocurren en tu país o en el resto de los países, simplemente es inaceptable. El problema es, en primer lugar, la información, porque verificar esta información se ha vuelto mucho más difícil para nosotros como defensores de los Derechos Humanos. Por ejemplo, no es suficiente solo distribuir videos que obtienes de las persecuciones en Myanmar, tienes que analizar quién y cómo difundió eso, y asegurarte que no es un video falso. Hay una cantidad enorme de información falsa o información fabricada. Es un asunto no sobre la cantidad y sí de la calidad de la información. 

El mayor problema para nosotros en este momento es que el método tradicional de defensa de los Derechos Humanos, donde solíamos nombrar y avergonzar a los culpables, ya no funciona. Hoy las situaciones están ahí, incluso sabemos los nombres e incluso se han mencionado en los medios de comunicación y en las cumbres mundiales, pero eso ya no es un problema. Tal parece que la vergüenza está en retirada, los gobiernos, en todo el mundo, se ha vuelto casi impermeable a este tipo de críticas.  Entonces se trata de encontrar nuevas formas de presionarlos a través de organizaciones internacionales y a través de acciones legales. Ya no sólo se trata de tener las pruebas, sino también de usar el conocimiento para acciones de presión.  

Sócrates creía que era el conocimiento lo que nos permitía a todos ser ciudadanos y no quedar expuestos a la ley de la naturaleza donde el más fuerte domina al más débil. El conocimiento es poder, pero los Estados usan el conocimiento y el poder.

Sí, el conocimiento es poder. Yo solía ​​pensar que, entre más informadas estuvieran las personas tendrían mayor conocimiento y podrían tomar decisiones correctas. Pero, en primer lugar, la cuestión es la calidad del conocimiento y la manipulación del conocimiento. Muchas personas que votan por políticos de derecha o se unen a movimientos extremistas creen saber; sin embargo, el conocimiento que se les ha dado está dirigido específicamente para un propósito. En el mundo moderno la naturaleza del conocimiento también ha cambiado. El reto para las democracias liberales y los defensores de Derechos Humanos es encontrar formas nuevas para usar el conocimiento y captar el interés de las personas, porque si no sienten que actuamos en favor de sus intereses, no vamos a llegar muy lejos.  

Usted ha estado en diversos lugares del planeta, ya sea como parte de Human Rights Watch o Amnistía Internacional, en su experiencia ¿cómo está el nivel de respeto a los Derechos Humanos en algunas regiones importantes?

Creo que es justo decir que estamos en un momento muy difícil, sé que hace veinte años ya se decía eso pero, en mi experiencia, definitivamente hemos dejado la primavera y el verano de los Derechos Humanos y citando a Juego de tronos: «El invierno se aproxima», o potencialmente hablando “el invierno de los Derechos Humanos ya está aquí”. Tenemos desafíos masivos, no en los derechos individuales y colectivos, sí en los cambios de protección de los Derechos Humanos, y eso es aterrador, porque los gobiernos que solían ser al menos los retóricos campeones en la defensa de los DD.HH., están revirtiendo por completo sus posiciones. Y al mismo tiempo, gobiernos como los de Rusia y China usan este vacío para socavar todo el sistema y la noción de universalidad de los Derechos Humanos. Vemos que las instituciones internacionales establecidas para proteger los DD.HH. básicamente están indefensas y bloqueadas por los mismos regímenes.  Con respecto a la realidad, esos conflictos en curso que hemos visto en el Medio Oriente y de los que solíamos hablar todo el tiempo hace cinco años, ahora apenas provocan algunos titulares de noticias, mientras que en Siria, al tiempo en que tú y yo estamos hablando, mueren cientos de personas. En Yemen, mientras estamos hablando, mueren cientos de personas. Si vemos la crisis de los refugiados en el mundo, estamos en una escala que no habíamos visto desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Y si nos enfocamos en esta región, en 2018 tuvimos las cifras más mortales para los periodistas en América del Sur, ¡la cifra más mortal del mundo! En la región está la cifra más mortal para los defensores de los Derechos Humanos, y en particular, la más mortal para los defensores del medioambiente. Los Derechos Humanos en América Latina van en reversa, periodistas y defensores están pagando cuotas muy altas. Las cifras que hoy tenemos no las habíamos visto en décadas, pese a que la región nunca ha sido completamente estable e ideal. Y la defensa de los DD. HH., que se había visto como un camino correcto, ahora está en reversa en demasiados países de esta región. Así como se habla de una emergencia climática, podemos hablar de una emergencia en Derechos Humanos, no con relación a un conflicto o crisis en particular, sino de una crisis general en la protección de DD. HH., a menos de que hoy hagamos algo al respecto, mañana será demasiado tarde.

El tema de nuestra generación es la migración, ¿qué se puede hacer en favor de los DD. HH. de los refugiados?

Si pensamos en el cambio climático y su impacto en la economía tal y como funciona ahora, es preocupante, desconocemos el impacto en una escala global, pues los números van y vienen y están fuera de nuestros parámetros. Insisto, estamos en una crisis migratoria que no veíamos desde la Segunda Guerra Mundial. Los números son muy altos. La región que está lidiando con estas crisis, especialmente son los países de Europa, Estados Unidos y Canadá. Australia tiene números insignificantes.  El número de refugiados que actualmente llegan a Europa a los Estados Unidos a Australia puede ser atendido de forma integrada sin muchos problemas.

Desafortunadamente, la realidad es que los países como Turquía y Líbano son los más afectados por los refugiados. Allí puedes ver la verdadera crisis, todavía trato de entender cómo alguien en cualquier país en su sano juicio, puede darle la espalda a las personas que buscan protección contra la persecución de la guerra, contra el asesinato en sus países.

Creo que hay personas que pueden entenderlo mejor que otras, pero sigue sin estar aceptado. Las verdaderas multitudes de refugiados son mujeres, niños y familias, que son como nosotros. Y, en este momento en particular, necesitan nuestra ayuda, nuestra ayuda como individuos, como políticos y como gobiernos. Las cosas pueden cambiar, en cualquier momento y lo hemos visto. Países ahora en conflicto eran estables hace dos años, no hay garantía absoluta de que no estaremos en sus zapatos dentro de diez años. Y todo esto se trata de solidaridad mutua, la lealtad de los refugiados es esa, la que espera una mano que le ayude. 

Los Derechos Humanos son para todos, pero no son iguales, depende la parte del mundo en donde hablemos de ellos. Por ejemplo, hay otras urgencias en esta región. Si hablamos de género, ¿qué nos puede decir de las mujeres en América Latina?

Cuando hablamos de DD. HH. hay ciertas vulnerabilidades y una de ellas son los derechos en las mujeres, uno pensaría, y subrayo, pensaría que en el XXI no deberíamos hacer una separación de los derechos de los hombres y los derechos de las mujeres cuando hablamos de DD. HH., pero seguimos viendo una gran discriminación y abuso de las mujeres. Hemos registrado agresiones en una escala inimaginable, cuando ves el número de mujeres víctimas de violencia doméstica en el mundo, otra vez es esta región la de los registros más tremendos y preocupantes. Hemos visto que se ha hecho muy poco por cambiar esta situación, pues no son responsables sólo las parejas de estas mujeres, también son responsables los gobiernos de estos países, así como las instituciones que fueron creadas para enfrentar estas realidades porque no tiene que ver nada más con las desafortunadas mujeres violentadas, asesinadas o violadas, también tiene que ver con sus derechos reproductivos, tiene que ver con el pequeñísimo porcentaje de mujeres en puestos de representatividad, incluso en instituciones de Derechos Humanos de todo el mundo. 

¿Qué es lo que puede hacer un ciudadano común en la defensa de los Derechos Humanos?

Creo que todo comienza en un nivel personal. Sí necesitamos de los Estados y de las instituciones, pero sólo actúan si los forzamos, ellos creen que pueden ignorar los DD.HH. porque básicamente no les importan. ¿Y qué es lo que puede hacer la gente? Pienso que mucho. Todo empieza con el conocimiento, cuando las personas sean conscientes y no se dejen engañar por la propaganda, por la explotación política de sus vulnerabilidades. Cuando la gente sabe que tiene la razón y es muy simple, es absolutamente muy simple. Cuando entendemos que los Derechos Humanos se aplican a otras personas a su alrededor, y luego es la idea, de que no hay extraños en el mundo.

Imagen: iED Blog