“Prácticas contemporáneas de pintura y bordado”, en Belice

El Instituto Cultural de México-Belice, en Belice, aloja el trabajo de dos artistas mexicanos que reflexionan desde la pintura y el bordado sobre las pérdidas de las utopías y ponen en entredicho la idea de originalidad 

Ciudad de México (N22/Ana León).- Los artistas Pilar Córdoba Longar y Manuel Mathar inauguraron el pasado 16 de agosto, en el Instituto Cultural de México-Belice, en Belice, la exposición Prácticas contemporáneas de pintura y bordado, una muestra que se despliega bajo la curaduría de Elizabeth Calzado y que reflexiona sobre la pérdida de las utopías concluida la modernidad. Una «zona gris y espesa que proclama la posmodernidad», como escribe Calzado. 

Pilar, nacida en México, en 1981, y Manuel, nacido en Mérida en 1973, han desarrollado su carrera dentro y fuera del país; ella en la fotografía, la serigrafía, el collage, el arte objeto y el bordado; y él en la pintura, la fotografía y el performance. En su trabajo, ambos confluyen en un punto: el señalar la obsesión occidental con la originalidad y el remarcar su inutilidad. El hilo conductor es también “la repetición”.   

Aquí la explicación completa que se hace de esta exhibición. 

A continuación tres preguntas a Elizabeth Calzado sobre la exposición y el entorno en el que se inserta. 

¿Por qué eligieron Belice para montar Prácticas contemporáneas de pintura y bordado? 

Sucedió lo opuesto: Belice nos eligió a nosotros. Fue el actual director del Instituto Cultural de México en Belice –que opera desde 1993–, Diego Sapién, quien buscaba exponer en la Ciudad de Belice a la dupla de artistas contemporáneos mexicanos Pilar Córdoba Longar y Manuel Mathar, y que a su vez coordina el Programa de Promoción Cultural. Recibí entonces la invitación para estar a cargo de la curaduría, que resultó en una experiencia interesante al tratarse de dos técnicas que, aunque finalmente ligadas por la figuración, son disímiles: la pintura y el bordado.

Dentro del mapeo que has hecho como curadora en esta exposición y en otras galerías, ¿cómo se inserta la actividad artística de Belice en otras geografías y en México en específico?, ¿qué temas están en el centro de su conversación?

Tuvimos la oportunidad de conocer distintos agentes artísticos contemporáneos de Belice, como a Pen Cayetano, pintor y músico avocado a propagar la cultura garífuna, grupo étnico asentado en Dangriga, al sur de ese país. También conversamos con quien comparte su estudio/galería, Ingrid Cayetano, artista alemana que se dedica al bordado. Ambos con carreras activas y exposición internacional, también dirigen programas para niños de la comunidad de Dangriga.

A inicios de los noventa, los artistas Iván Durán y Yasser Musa realizaron la exhibición Minus 8 en la Ciudad de Belice, ahora considerada como el primer quiebre de su país entre el arte tipo souvenir y otro más bien conectado a los discursos y escenas internacionales. Musa decide fundar Image Factory en 1995, y es hoy el principal espacio de convergencia artística, organización sin fines de lucro que se dedica a la promoción, exposición (de artistas locales e internacionales), difusión y archivo documental, que además mantiene un sólido programa educativo. De 2000 a 2010, tomaron parte junto con Joan Duran, artista barcelonés, en el proyecto landings, un ciclo expositivo largo que transitó por Belice, Costa Rica, Cuba, España, Estados Unidos, Guatemala, México, Portugal, República Dominicana, Taiwán y Venezuela, con la participación de artistas locales como Santiago Cal, Michael Gordon, Gilvano Swasey, entre otros.

Belice tiene la densidad de población y población más bajas de América Central, consiguió su independencia de Gran Bretaña apenas en 1981, hospeda importantes yacimientos arqueológicos mayas, y tiene un severo pasado en cuanto a esclavitud se refiere. Es un país donde convergen grupos étnicos que van desde los criollos, los mestizos y los mayas, hasta asentamientos menonitas, algunos provenientes de Chihuahua. Su lengua oficial es el inglés, aunque predomina su variante, la lengua creole, y el 50% de la población también habla español, además de otros idiomas en menor medida. Las temáticas aparecen en el entrelazamiento de estos diversos lenguajes y culturas, religiones y mitologías, todo al alcance de una exuberante vegetación, y de un pasado que aún está reciente.


¿Qué pasa con Belice que de pronto (y desde una percepción muy superficial hago esta pregunta) parece una geografía perdida? 

Me parece necesario reconocer que las características de este enclave caribeño que mencioné en el párrafo anterior, fueron adquiridas durante mi estadía en aquél lugar. Es decir, me tomó por sorpresa, no sin cierta ingenuidad, lo poco que sabemos de uno de los dos vecinos que México tiene al sur. Este polifacético territorio podría parecer eso, una geografía perdida, pero basta acercarse un poco para darse cuenta de la efervescente riqueza que contiene.

Imágenes: Cortesía de Elizabeth Calzado