#DiseñoYCiudad: Arquitectura y Ciudad, más allá de la comunicación, la conexión

¿Cómo funciona una ciudad? ¿Cuál es el discurso de la arquitectura en nuestra urbe hoy? Una charla con Gabriela Carrillo y Mauricio Rocha, del Taller Rocha-Carrillo, distinguido con la Medalla de Oro Palmarès por parte de la Academia Francesa de Arquitectura 

Ciudad de México (N22/Ana León).- En 1967 Henri Lefebvre acuñó el término “el derecho a la ciudad”, que refería al «derecho de los habitantes urbanos a decidir, construir y crear la ciudad». El término no ha perdido vigencia, al contrario, permanece en la mesa de debate cuando se lucha contra el dominio del capital financiero, la corrupción inmobiliaria que asola la ciudad bajo la complicidad de diversas autoridades traducido en la gentrificación, y cuando se habla de la degradación ambiental de la misma. ¿A quién pertenece la urbe? ¿Cómo lograr la injerencia de los habitantes y sus necesidades en la definición de las políticas urbanas, en los planes de saneamiento del espacio público? 

¿Cómo vivir la ciudad del siglo XXI? ¿Cómo pensar la ciudad del siglo XXI?

Ganan esta medalla de oro por parte de la Academia Francesa de Arquitectura 

 ¿qué significa para ustedes este premio como equipo de trabajo?

Mauricio: Nos parece un halago, sobre todo, que no fue un premio dado por hacer un lobby, redes sociales o presencia específica, sino todo lo contrario. Cuando escuchamos las razones por las cuales nos lo dieron —el valor a una arquitectura con atmósfera, una arquitectura con un rigor estructural, con una manera de entender el lugar y la materialidad—, nos dio una lección de seguir trabajando de otra manera para hacer cosas que sí son vistas desde otra manera y que al final, pueden recibir un aplauso o un apoyo. No hace más que dar energía para seguir trabajando. 

Gabriela: Hay algo en lo que construimos todos los días que no está enfocado necesariamente en qué premio vamos a recibir. Obviamente cuando concursas o cuando compites en una bienal y mandas tu trabajo, sabes que estás ahí, en una contienda. Y en esa línea sí fue sorpresivo. Creo que hablar no solamente del profesionalismo con el que se hace esta selección, sino en el histórico del premio, los arquitectos que han sido reconocidos, es gente a la que nosotros respetamos, no sólo profundamente, sino que nos quitamos el sombrero. Son grandísimos nombres. No lo podíamos creer, pero también es una responsabilidad porque implica, sin querer darle demasiado peso a los premios, el decir “qué honor, qué bien que hay un ojo volteando a ver a una arquitectura que ha respondido a la crisis, a la vulnerabilidad, de alguna  u otra manera. Gran parte de nuestro trabajo tiene que ver con hacer obras con no muchos recursos. Nos sentimos agradecidos. 

Mauricio: Hay premios o bienales que se refieren a una obra en particular y lo que compite es una obra, este es un premio a la trayectoria. Siempre ha sido una preocupación mantener un cuerpo de trabajo que tenga una lógica, un lenguaje, una ética, una política, entonces cuando premian eso, vuelve a ser una buena lección de que sí se está leyendo, que hay una preocupación nuestra, una línea que hemos cuidado y que ha sido reconocida. 

En esta idea de lenguaje y de ética, anoté algunas de las características del porqué les habían dado el premio, que eran las tradiciones, los materiales, la naturaleza, que toman todos estos elementos en cuenta, y agregué en esta lista el espacio y la luz, ¿de qué forma éstos determinan su trabajo?

Gabriela: Es parte metodológica de nuestros procesos, el reconocimiento profundo del sitio, no sólo desde sus aspectos medioambiental y físico, sino de la memoria de la producción local, de los materiales, del asoleamiento, del clima, del viento, es parte ya de una metodología de nuestro propio proceso de diseño que va en cualquiera de los proyectos, de cualquier escala y de cualquier tipología. Y de ahí que se vincula y se conecta de manera importante al programa, y el programa siempre te arroja esta oportunidad de conectarlo a estos elementos inmateriales como la luz, el poder jugar con las penumbras, el poder jugar con contrastes, con ritmos, con el tiempo, con la atmósfera, con las cosas que huelen, que se sienten, y creo que en esa línea es parte de ese proceso. 

Mauricio: Yo creo que el gran reto de hacer buena arquitectura tiene que ver con hacer una arquitectura que puede pasar desapercibida porque no busca en su formalidad su sentido, sino en la medida que la descubres, la caminas, la experimentas, tienes experiencias en ella, es cuando cubre esa contundencia. La fortuna de eso es que es difícil repetirte. Queremos sorprendernos de nosotros mismos, porque cada programa y cada circunstancia o cada lectura de un lugar, nos debería llevar a un  lugar diferente. 

Ciertos sistemas de construcción tradicionales los podemos llevar a una deconstrucción en la arquitectura contemporánea que permite probar y llevar con nosotros la memoria de esos materiales o de esas formas de construir y darles una nueva lectura a un condición contemporánea, y creo que esos es fundamental en nuestro trabajo. 

Tal vez pueda ser una pregunta muy amplia, pero, ¿cuál sería el cambio que está teniendo la arquitectura estos días con una ciudad que se mueve tan rápido, que tienen tantas urgencias? Si bien en los sesentas la arquitectura era parte de ese discurso de gobierno, ahora ¿cuál sería ese discurso cuando la disciplina se ha despegado completamente de éste? 

Gabriela: Para mí el ejemplo de la modernidad, que es producto del siglo XX, es producto de la posguerra y de una serie de valores sociales. Como bien dices, los otros valores, los del siglo XXI, se conectan mucho más al cambio climático, a las condiciones de crisis y hacinamiento, a las problemáticas migratorias. Estamos en otro lugar donde la modernidad es una manifestación en lo arquitectónico, pero en realidad es un pensamiento y es una forma de ser, de ver y de actuar. 

Creo que en este momento este valor contemporáneo se conecta a ser estratétigo, a hermanarte un poco de la crisis como un músculo. A ser contestatario, sobre todo en este tipo de valores, con esta palabra terrible de la sustentabilidad, pero que de alguna manera en su esencia buena y real, y no de moda, te lleva a ser versátil, probablemente muy flexible con una inteligencia puesta en otro sitio. 

Mauricio: Nosotros vivimos desde estudiantes y luego en la carrera, un fenómeno que era el edificio monumento que buscaban las ciudades para transformarse, como es el efecto Bilbao del Guggenheim de Gehry. Eso buscaban los gobernadores, un edificio que llamara la atención a la ciudad, que fuera turístico, comercial. Eso fracasó junto con la crisis económica, junto con la idea de hacer un gran edificio que resolvía un tema pero que no resolvía el complejo orgánico de una ciudad. 

Creo que hoy día vivimos en un lugar donde lo que tenemos que entender, es, número uno, que una ciudad, cualquier ciudad, no está hecha por arquitectos, el 95% de lo que se construye es hecho por la propia gente y no por arquitectos, y eso además está bien, es como el espíritu de la colmena: haces, transformas y construyes tus ciudades. Y en ese contexto, ¿qué es la arquitectura?, debería ser un análisis profundo de esta condición compleja orgánica y construir acupunturas, acupunturas que logran, como pasa en la medicina china, entender el cuerpo humano, y lograrlo poniendo tres, cuatro, cinco puntos alrededor de esas acciones. Acciones que no tienen que ver con una gran aguja, puede ser una mínima aguja, pero puesta en el lugar indicado y adecuado. 

Eso sucedió bien hace nueve años en Medellín, con una ciudad que había vivido el problema del narcotráfico, con guerra, balas, y después se encontró con un buen alcalde, que además de ser hijo de arquitecto, era matemático, no político, Fajardo, y dice, “vamos a tratar de hacer estos centros culturales, estos sistemas de transporte y empezar a conectar”. Lo que era más interesantes de esas acciones no era lo que pasaba entre una mediateca y la central de transporte, sino lo que pasaba intermedio, porque al hacer estas dos acciones llevabas a la gente a transformar sus casas que habían sido cerradas por el miedo de las balas y que ahora se convertían en pequeños locales con cafés, servicios, que daban vida a la calle, no hecho por los arquitectos sino por la propia gente. 

Lo que es una joya es, cómo podríamos ayudar a hacer una arquitectura que no importa si es grande o pequeña, eso tiene que ver con el programa, pero que activa la ciudad y la creatividad de las personas para rehacer en conjunto una ciudad. Y, en ese sentido, ahí hoy día el valor del espacio público, del transporte, de la seguridad porque hay vida en la mañana, en la tarde y en la noche en los lugares hacen ciudades más sanas. Y no intentar y esperar a que nos den ese gran edificio para representarnos, sino que logremos transformar desde el espacio mismo y desde la experiencia de cómo se vive una ciudad. 

A partir de este ejercicio de acupuntura arquitectónica, ¿cómo pensar una ciudad de 21 millones de habitantes? ¿Cuál sería una estrategia básica para subsanar esta ciudad, si bien el 95 % de lo construido no lo hacen los arquitectos?

Mauricio: Yo lo que digo es que una gran ciudad como la nuestra es una agrupación de varias, pequeñas, ciudades, de barrios, de colonias, que se va construyendo al tiempo. Una estrategia fundamental es evitar que se siga creciendo a nivel horizontal, vivimos en una ciudad de 60 kilómetros de diámetro que no puede seguir creciendo hacia los lados. Se ha descubierto que las ciudades en el mundo funcionan muy bien con seis pisos, tan poco caer en esas cosas horrible, corrupta, que afortunadamente fue detenida, de los polígonos de actuación donde hacen torres en donde se les pega la gana, eso también es incorrecto, pero si tú empiezas a entender las persistencias, lo que se ha hecho bien, lo que no podría ser sustituido, podrías lograr –sin perder el calor y la cultura de cada barrio–, ciudades con seis pisos de altura, con programas mixtos. 

Algo que le ha pasado a esta ciudad desde hace treinta años para acá es que se ha logrado vivir más las calles, en el buen sentido de la palabra, la Roma, la Condesa, ahora podría ser la Doctores, empiezan a ser barrios en los que se empieza a vivir más las calles, como pasó mucho tiempo en el Centro Histórico o pasa desde la propia gente en el barrio de Tepito. 

México siempre ha tenido espacio público, siempre ha tenido plazas, lo que tenemos que entender en esta estrategia contemporánea de integrar a la ciudad, es que cada barrio y cada lugar tiene sus oportunidades. Y esas oportunidades son sistemas mixtos como el transporte y buenos espacios públicos, que pueden lograrlo. Yo diría que hoy día el mundo no se divide en primer mundo y tercer mundo, sino también entre las grandes ciudades y las pequeñas ciudades. Y la Ciudad de México es, junto con ciudades como Tokio, Sao Paulo, Nueva York, Nueva Delhi, París, Londres, Bombay, ciudades complejas pero que tienen las mismas características, además donde hay mucha entrada y salida de gente de todos los países del mundo,y hay que saber aprovechar, desde lo local y entender que se puede vivir desde una manera muy internacional desde esa conexión pero sin dejar de entender que cada barrio tiene sus diferencias y sus cualidades. 

Gabriela: Justo creo que un límite importante es pensar en detener el crecimiento horizontal, de densificar una ciudad con esta escala sana, fantástica, que caminas, que en cualquier lugar entra el sol; tienes en el basamento el programa mixto donde las calles están vivas todo el tiempo. Pienso que un tema fundamental es el de la gentrificación, el evitar a toda costa que se hagan estas sustituciones y que verdaderamente empiecen a suceder estos sistemas complejos, esta diversidad que alimenta las ciudades. Creo que sí ha habido una mejora importante con el uso de la bicicleta, del transporte público, del metrobús. 

¿En una ciudad como la nuestra hace falta construir más edificios?

Mauricio: Te diría que hay muchos temas ahí. Uno muy delicado tiene que ver con una condición que tiene esta ciudad, lamentable y peligrosa, que es el lavado de dinero, la arquitectura que se da en Santa Fe o en otros lugares, tiene que ver con un problema específico de un país que vive con cárteles de droga, con dinero que tienes que justificar, cambiar, y la construcción te lo permite. Entonces, tienes edificios que no están habitados pero eso permite cambiar ese dinero sucio a dinero limpio. Esa parte es terrorífica como pasa en Panamá y en otros lugares. Es resolver problemas que no tienen que ver con la ciudad misma. 

Tenemos que estar conscientes cómo lograr parques, espacios públicos, lugares abiertos de comunicación, pasajes etcétera, y para hacer eso valdría la pena pensar —es una política pública muy dura y muy difícil—, cómo lograrías densificar ciertas áreas para poder liberar otras y construir estos espacios que se requieren en cada colonia y en cada barrio y que a veces se han perdido porque la propia y trágica relación de esta arquitectura, por llamarla de alguna manera, neoliberal, o por lavado de dinero o por intereses demasiado específicos, nos llevan a centros comerciales que ya no deberían de existir. Una ciudad es un centro comercial, no queremos este concepto antiguo con tiendas ancla, con un interior que te hace vivir una fantasía alejada y ajena a la textura de un barrio. 

La economía de la construcción es una economía real, activa, y genera la economía de un país, lo que hay que hacer es encaminarla, llevarla por el camino sano. Y lo que quizá nos hace falta y que México no ha tenido, son políticas urbanas a veinte, treinta años. 

Hace un rato, Gabi, dijiste que te parecía abominable lo de la sustentabilidad, y me llamó la atención, ¿por qué?

Gabriela: No es que me parezca abominable, pero es de estos términos con un alto riesgo, que caen  en etiquetas de moda, que la sustentabilidad se vuelve una moda y ahora te venden los sistemas tecnológicos para poder resolver esa problemática cuando es de sentido común: orienta bien tu edificio, cierra la fachada por donde entra el calor, deja que pase el viento. La sustentabilidad nata, la verdadera, es obligada, debería ser obligada en las prácticas arquitectónicas. Lo que me parece terrible es cuando estos términos se vuelven cómplices de una moda, como sustentabilidad, accesibilidad… todo lo que hacemos debería tener de manera nata ese principio, y no es una rampa, y no es un barandal para minusválidos, sino cómo concibes un edificio accesible desde su naturaleza y no con muletillas. 

Mauricio: Un filósofo decía: “Las buenas ideas cuando se empiezan a venderse en las tiendas estamos perdidos”. Claro que es una buena idea la sustentabilidad, pero no es una idea nueva, la arquitectura siempre ha buscado la sustentabilidad. Cuando se vende en las tiendas, estás hablando de los muros verdes, de los techos verdes y de los inmobiliarios, que es gente generalmente patética que lo único que quiere es vender, vender, y trata de estrangular la dignidad del espacio público, del espacio privado, de la gente, y esa gente es la que abusa y pone muros verdes o estas idioteces de las columnas verdes en el periférico que lo único que hacen es generar gastos innecesario cuando puedes poner hiedra y se acabó, pero es un negocio donde colaboran privados y públicos. 

Lo que se tiene que hacer es, con responsabilidad, construir ecología y construir sustentabilidad. Pero la primera sustentabilidad es evitar que la gente robe dinero. 

Y en esa misma moda se usa mucho el “hacer ciudad”.  

Mauricio: Pues hay que hacer ciudad. Hay que saber hacer ciudad. 

Y para ustedes ¿que sería “hacer ciudad”?

Mauricio: Bueno, número uno, predicar con el ejemplo y que lo que construimos tenga la capacidad de abrirse al espacio público, la capacidad sustentable, en el buen sentido, la capacidad de encontrar una economía sana para que las cosas sucedan. La lectura de un sitio, la lectura de los potenciales lógicos de los barrios, de las colonias, y llevarlos a la mejor condición. Donde hay problemas, erradicar esos problemas; evitar la delincuencia. Los arquitectos no somos dioses, pero sí podemos ayudar a construir claves y que ayudemos a que esto no suceda, desde el hacer arquitectónico y desde la sociedad civil. Exigir una ciudad que sea responsable para todos. Para hacer ciudad hay que tener paciencia, trabajar y trabajar, y aunque pasen muchas administraciones (buenas o malas), pero las ciudades se construyen a partir de políticas a largo plazo, ¿y quiénes tienen las políticas a largo plazo?, pues la sociedad civil. Entonces hay que construir sociedad civil.