Matices de la comunidad LGBT+, para armar y desarmar

En Un amigo para la orgía del fin del mundo, libro publicado por Discos Cuchillo, Wenceslao Bruciaga hace una radiografía puntual de todos los órganos que componen al orgullo LGBT+ mexicano 

Ciudad de México (N22/Isaac Velázquez).- En mis audífonos suena “How soon is now” de los Smiths, leo en una parte del libro, «como buen gay, soy adicto a las canciones de los Smiths», y yo sólo pienso en un fragmento de esa canción: «Soy un humano y necesito ser amado, justo como todos los demás». ¿No es ese el mayor problema de la comunidad, querer ‘pertenecer’ a una sociedad en la que lo diferente es automáticamente rechazado?  Wenceslao Bruciaga me cuenta historias que me relataría aquel primer amor que me dedicó “There’s a light that never goes out”, también de los Smiths. 

Mientras voy en camino a re-celebrar un aniversario interrumpido, decido continuar la lectura de Un amigo para la orgía del fin del mundo. Sí, si tú eres como yo, estarás pensando: “¿me encuentro frente a uno de aquellos textos en los que un escritor cuenta con lujo de detalle todas sus travesías sexuales?”. La respuesta es negativa, pero también afirmativa.Bruciaga da hilo a la imaginación contando, sin medias tintas, aquellos encuentros carnales que le inspiraron varias historias que escribir, pero eso no es lo importante, lo importante radica en aquellas crónicas que provocan un potente cuestionamiento a la comunidad LGBT+ mexicana.

Este es el libro perfecto para cuestionar hasta dónde hemos llegado —y a cambio de qué. Relatos sobre las terapias de conversión, la homosexualidad y la religión; los instintos sexuales y el VIH. Bruciaga ofrece, justo como la portada, ilustración de Óscar Coyoli, una orgía de crónicas en la que las historias se amalgaman, se enredan, y al mismo tiempo se destruyen una a la otra, desgarran lo que les queda de vestimenta y crean un ente perfectamente heterogéneo, idea con la que me quedo del libro. Necesitamos la heterogeneidad y la diversidad tanto como el aire.

Bruciaga te enfrenta a ese sinfín de realidades que significa la comunidad LGBT+ en México: la dificultad de tener una preferencia sexual distinta en un entorno machista, la comicidad dentro del slang gay, los juegos de poder y lugares en los que abunda el instinto sexual; pero también —y más importante para mí— la doble cara del colectivo: la falta de apoyo a las personas con VIH (tanto gente homosexual como heterosexual) la marcha de las marcas el último sábado de junio, la discriminación dentro de la misma comunidad, la eterna lucha del “pink marketing” por aparentar un apoyo al homosexual, pero lo más fuerte a lo que te enfrenta son los crímenes por homofobia dentro de la familia y dentro de la sociedad.

Es importante aquí resaltar su mensaje más importante: ¿Por qué está luchando la comunidad, por la aceptación de una religión creada por el hombre? ¿Por verse bien ante la sociedad? ¿Y por qué no luchar por la justicia para aquellos hombres y mujeres que han perdido la vida por su orientación sexual?

Esta serie de crónicas es una radiografía puntual de todos los órganos que componen al orgullo LGBT+ mexicano —en todos sentidos—, necesaria para hacer un balance sobre aquellos puntos urgentes que necesitamos atender como seres humanos. 

Los relatos de Bruciaga me saben a una conversación con mis amigos de fiesta en 2017, aquellas en las que terminando la noche en “La Puri”, nos refugiábamos en el café de una reconocida empresa hasta que el Sistema Colectivo Metro abriera. Comenzábamos por hablar de los ligues de la noche, la selección de música en el antro, la política, nuestros escritores favoritos, y terminábamos derramando algunas inseguridades en el regazo ajeno, para saber que estaríamos bien si nos teníamos los unos a los otros.

Imagen: © Ana León