“Vibraciones”, la escucha como una forma de tacto

Hacer conciencia del cuerpo como oído es uno de los objetivos de esta exposición en el Centro Cultural de España en México 

Ciudad de México (N22/Ana León).- Me encuentro con Carmen Marcuello, curadora y cofundadora de Musethica y con David Hernández Casas, diseñador, quienes estuvieron a cargo del montaje de Vibraciones, una exposición en el Centro Cultural España que abrió sus puertas el pasado 1 de agosto y que plante al espectador la posibilidad de escuchar no con el oído, sino con el cuerpo.

Además, esta muestra que viaja desde Zaragoza, España, es un homenaje a los músicos y a la audiencia, de Musethica, un proyecto de formación para intérpretes de música clásica que tiene las mismas exigencias que otros programas de la disciplina, pero que centra la interacción con el público, es decir, conciertos fuera de la sala de conciertos, como uno de sus pilares. ¿El resultado? Músicos profesionales que entienden que ellos mismos son el instrumento. 

Y tú, ¿con qué otras partes del cuerpo escuchas? 

Musethica se enfoca a la música clásica y es un proyecto que está muy centrado a la música con una perspectiva social y con una perspectiva hacia nuevos públicos, a escuchar con otras partes del cuerpo, pero, ¿por qué sólo música clásica?

Carmen: El proyecto, lo que es la asociación Musethica, va a cumplir ahora siete años y nace por la idea de un violinista que es solista a nivel internacional y en ese momento estaba como profesor en Zaragoza. Su idea, desde hacía ya tiempo, era que la formación para la interpretación de la música clásica faltaba algo, lo plantea y genera un modelo educativo de músicos. 

La forma que tenemos para formar es realizando conciertos de forma regular y especialmente compartiendo la música clásica con personas y en lugares que no se habitúan; la intuición que ya teníamos es que éste es un público muy exigente, porque le da igual quien seas, le da igual el instrumento que llevas, lo que te va a exigir es no sólo la técnica, sino que realmente comuniques, que realmente te atrape, que haya un ritmo, que haya una forma de tocar que en el aula no la puedes desarrollar. Siempre va a hacer falta esa exposición a la audiencia, ese momento. En este sentido, tienes esa posibilidad de mirar a los ojos de quienes estás tocando. 

Llega a ser un momento mágico cuando los músicos descubren a su público, y descubren que son solamente un instrumento de esa obra que compuso alguien y que llega. Para nosotros la colaboración con centros sociales es fundamental. Pensar en el público, no tanto por el acceso, sí, pero también entender el concierto como esa parte que te va a dar para llegar a ser uno de los grandes. 


La siguiente pregunta va enfocada a este juego o relación que se establece con la tecnología, primero porque mencionan que es para generar las vibraciones de los instrumentos en el músico, y luego para generar las “sensaciones experimentadas para quienes no escuchan por el oído”, y eso se me hace mucho más complejo de traducir a un dispositivo, algo tangible. ¿Cómo pensar en los objetos que van a hacer tangible esos estímulos auditivos para quienes no pueden percibirlos a través del oído? 

Carmen: Nosotros lo que descubrimos es que la forma de escuchar es diferente, y podemos hablar tanto de personas con problemas de salud mental o personas sin techo, niños, bebés, hemos tocado para neonatos en la UCI. Ya no sólo el oído no era tan importante, sino que había ya una escucha mucho más profunda: en la piel, en los huesos, se escuchaba con todo el cuerpo. Eso nos lo explican en la escuela de sordos, que nacemos con esa capacidad. Y nosotros solamente intuimos y vemos. 

David: Yo estaba en una estancia doctoral en la Universidad de Zaragoza cuando conocí a Carmen, y me pide que grabe conciertos en video y audio debido a una exposición, ya que uno de los colaboradores más importantes, Etopia Centro de Arte y Tecnología en Zaragoza, le pide a Musethica que arme una exposición en una  galería de su trabajo. Había muchas dudas sobre cómo poder mostrar algo que regularmente vas a ver a un concierto. Era trasladar, de un lugar natural —la sala de conciertos o los centros sociales—, a la galería lo que hace Musethica. Era un poco difícil. 

Grabé 65 conciertos, una buena experiencia para relacionarme con su trabajo. y me doy cuenta de la relación entre el músico, el instrumento y con el estudiante o el paciente de estos lugares. También me doy cuenta de esta relación donde empiezan a usar el tacto como una forma de escuchar. 

En uno de los colegios se nos explicó que comenzaron a ver esas nuevas formas de relación creadas entre el músico y el niño. Y empezaron a formar un lenguaje de señas en relación con la experiencia musical. Se empieza a formar todo un lenguaje que la maestra denomina como aumento comunicativo; está formando un marco teórico y empírico acerca de esta relación. 

Yo había utilizado estos aparatos que se llaman transductores de superficie, transductores óseos, en otra exposición. Con esa experiencia y la experiencia que había visto en los conciertos, le propuse a Etopia y a Musethica utilizar esta tecnología que es low-tech. Buscamos crear una imagen en el espectador de lo que sucede en estas relaciones y de que la vibración es la vía a través de la cual, los pacientes y los estudiantes escuchan.

Otras dos experiencias importantes son las de la percusionista escocesa sorda, Evelyn Glennie, quien tiene todo una filosofía sobre la escucha y la educación de música a gente sorda. Ella dice que la escucha es una forma de tacto, se pone las percusiones cerca del estómago para poder sentir las vibraciones y así saber lo que está tocando. Y, por otro lado, la experiencia y todos los experimentos que lleva a cabo el otorrinolaringólogo  Alfred Tomatis para sanar afecciones a la escucha a través de música clásica. Y esta exposición se encuentra en medio de estas experiencias. 

Y como son objetos que suenan con superficies, inventamos estos muebles, las camas sonoras, las vibraciones de la música. Estos transductores que te los puedes poner libremente; así como la instalación que está afuera que está más dirigida hacia el cráneo. 

Buscamos también un poco que el espectador encontrara un goce más allá del estético, de la música y también hacer conciencia del cuerpo como oído.


Es significativo que se hable de “escuchar” cuando no se hace con el oído, sino como lo ponen en el texto «escuchar con la palma, con los huesos… ». ¿Por qué mantener la palabra “escuchar”, en lugar de hablar de “sentir la música”?, porque al final se estimulan partes del cuerpo a través del contacto. 

Carmen: Escuchar es un forma de tacto, decía Glennie. Es un sentir, entender que tu cuerpo también escucha, que la vibración está llegando, eso también forma parte del concierto, pero lo hemos interpretado como escuchar. 

David: También mantuvimos la palabras porque, finalmente, eso es lo que entendemos cuando entendemos el sonido. Sentimos todo, sentimos la comida, sentimos el olor, sentimos la música, pero queríamos mantener “escuchar” porque sentimos con otras cosas que no son el oído externo.


Si se hace esto para integrar a más gente a la experiencia de la música, ¿en algún momento se puede pensar que la música es excluyente? 

Carmen: No sé si pasará aquí, pero en general la sensación es que la música clásica está alejada de muchas personas, y la experiencia lo que nos demuestra, de los conciertos que hemos ido realizando, es que la música clásica de calidad —porque pedimos excelencia y un nivel muy alto—, llega a lo más profundo. Entonces, esa sensación de alejamiento es contradictoria. Y para muchos músicos el resultado es descubrir para qué son músicos.