“Kim tiene un pene”, la deconstrucción del género y las relaciones heterosexuales

Su protagonista, la actriz alemana Martina Schöne-Radunski, habla sobre la comunicación, las relaciones heterosexuales, las convenciones y la curiosidad 

Ciudad de México (N22/Ana León).- Un día el productor Oliver Jerke tuvo un sueño,  «soñó que su novia, cuando estaban teniendo sexo, de pronto tenía un pene y lo penetraba con él. Y en el sueño no le sorprendió para nada que ella tuviera un pene y cuando despertó, lo que le sorprendió fue que no le hubiera sorprendido, entonces eso lo llevó a pensar: ¿qué pasaría si uno amara tan incondicionalmente? o ¿qué significaría tener un pene no sólo en la relación sexual, en la relación amorosa, que la mujer tuviera un pene?», de este hecho anecdótico que me cuenta en entrevista la actriz y coguionista alemana Martina Schöne-Radunski, nació la idea de Kim tiene un pene, cinta que corrió bajo la dirección de Philipp Eichholtz y que es parte de la Semana de Cine Alemán, que concluye este fin de semana.

¿Y si pasara? ¿Qué dinámicas generaría en una pareja heterosexual el que la mujer buscara sólo experimentar?, ¿lo aceptaría su pareja?, ¿cómo cambiarían las formas de entenderse?, ¿y el amor? Todos los cuestionamientos y reflexiones que se desarrollan durante la película parten de un deseo básico, pero poderoso: la curiosidad. 

Entiendo que la construcción de los diálogos responde a una improvisación, durante esta improvisación ¿qué reflexiones se detonaron en ti además de guionista, como actriz, en tu vida cotidiana, en lo personal?

Me sorprendió cuando vi la película editada por primera vez, cómo las frases que parecen más inocentes, como al principio de la película que dice “me dio curiosidad”, en realidad son una gran provocación. Esta frase que, aparentemente, es de lo más inocente, acaba siendo de lo más sádica. 

Justo a ese punto se dirige mi siguiente pregunta, pues el detonante de la cinta es la curiosidad y de ahí se parte para cuestionar qué nos define como hombres, qué nos define como mujeres. Después de hacer esta película ¿tu reflexión es que el género sí es una construcción social como plantean muchas teorías?

Pienso que el género es un absoluto condicionamiento, porque en realidad los seres humanos quieren lo mismo, quieren amor, quieren encontrar un hogar y eso es independiente del género. Creo que ahora más que una cuestión de condicionamiento biológico, es una cuestión de constelaciones, de las constelaciones que se dan entre las personas, porque antes los roles de género estaban mucho más definidos, eran mucho más estrictos. Hoy esto ya está desapareciendo, los hombres y las mujeres pueden ser igual de dominantes y muchas veces, también, ya ni siquiera existe el deseo de tener hijos. En ese sentido, si ya no hay hijos, también desaparece el concepto de familia tradicional como tal y creo que esto permite que se abran nuevas perspectivas. Me parece que la comunicación ahí desempeña un papel muy importante, aunque en las parejas heterosexuales la comunicación todavía no está lo suficientemente desarrollada o abierta como en las parejas homosexuales: en las primeras la comunicación sigue siendo mucho más tradicional y no muy eficiente que digamos, eso es algo que todavía tiene que cambiar.

Se detonan muchas reflexiones a partir de las lecturas que se hacen de la cinta y una de ellas es sobre la identidad, a partir de dónde construimos la identidad. La pregunta sería, tu personaje, Kim, ¿desde dónde crees que construye su identidad: desde sí misma, desde su cuerpo, desde la opinión que tienen los otros de ella? 

En el caso de Kim yo creo que, por una parte, es un personaje que ignora a los demás que están a su alrededor, le da absolutamente igual lo que la gente piensen de ella. Es tan independiente que casi pierde la capacidad de tener una relación con las demás personas, no tiene esos sensores, esa sensibilidad para los demás y para eso está Andreas, su pareja, para despertar todos estos sensores y decirle: “oye, pero nos amamos, ¿te acuerdas?, aquí estoy”, y ella todavía le contesta de manera muy inocente: “pero esto no tiene nada que ver contigo”. Creo que también el punto es volver a despertar todos estos sensores y darse cuenta que realmente no se puede tener una independencia absoluta de toda la gente que está alrededor de uno, y volver a tomar en cuenta también las necesidades de todas estas personas. 

Por otro lado, Kim hace sus reflexiones a partir de la sensualidad, esta curiosidad por tener un pene, tiene que ver mucho por las experiencias sensoriales y sensuales, ¿qué se siente tener un pene?, ¿qué se siente tocarlo?, ¿qué se siente penetrar a alguien con ese pene? Yo creo que para ella el sentido de la vida se da a través de la sensualidad, igual que para una monja orar en la iglesia tiene un elemento de sensualidad, para ella eso es lo que implica tener un pene. 

Está muy arraigado todo lo que nos enseñan a ser, naces mujer y aprendes a ser mujer, a que las mujeres “hacen ciertas cosas” y creo que también la cinta plantea justo el “desaprender” eso aprendido, ¿se puede entender así también el mensaje de ésta?  

Phil [Eichholtz] tiene una sensibilidad especial, un buen ojo para las historias de mujeres, para las mujeres, y yo creo que esto tiene que ver con que creció en una casa de puras mujeres. Y la pequeña aportación, los cincuenta centavos que yo puse para todo esto, es que yo crecí en Alemania Oriental, la parte socialista de Alemania, y ahí la imagen que se tenía de la mujer era muy peculiar, como que se olvidaba que era una mujer, era una persona simplemente. Se olvidaba que existían también los géneros; y por mi lado creo que también tengo una energía muy masculina, pero al mismo tiempo me gusta mucho ser mujer. 

En general hay una mitificación del pene como símbolo de poder, ¿a través del humor podemos entender que se plantea en la cinta una desmitificación del pene como símbolo de poder? 

Me parece muy sorprendente, es una muy buena observación, porque en Alemania casi siempre se piensa lo contrario. Me sorprende mucho ver cuán diferente es la recepción en este ámbito cultural aquí en México, respecto a la recepción que se le ha dado a la película en Alemania. Ahí me han dicho varias veces que se hace una glorificación del pene, cuando yo digo que es absolutamente lo contrario. Cuando una persona u hombre me ha dicho esto, les digo que están proyectando su idea de glorificación del pene, porque en realidad en la película lo que se hace es una deconstrucción total del pene, de los géneros y de la dinámica entre hombre y mujer. Y me sorprende mucho que aquí haya esta mirada tan abierta, justamente para entender bien lo que en Alemania se entiende mal. 

Hablando sobre la forma en la que se establecen las relaciones entre hombre y mujer, ¿sí hay también una intención –justo por lo que acabas de mencionar– de deconstruir estas relaciones estandarizadas de cómo se supone deben de ser las relaciones heterosexuales?

Sí, absolutamente, porque esta no es una película para gente queer, no es una película homosexual, es una película heterosexual que está experimentando con nuevos caminos.

Pienso que las familias tradicionales ya no van a seguir existiendo como tales. Por ejemplo, yo no quiero tener hijos y ahora que estoy a principios de los treinta, me pregunto cómo voy a formar mi vida, cómo la voy a diseñar, qué voy a hacer con ella, voy a tener muchísimo tiempo libre [ríe], entonces, ¡wow!, tengo todo el tiempo ante mí porque no quiero tener hijos. Voy a tener muchos gatos. Ya tengo dos [vuelve a reír].

Imagen portada: © Ana León