“Migrantes”, una declaración de principios

La coreógrafa italiana radicada en México, Rossana Filomarino, estrena este jueves esta pieza con la que hace una lectura de lo que sucede a su alrededor, con la que se solidariza con el otro 

Ciudad de México (N22/Ana León).- Podría pensarse que con los años de carrera que respaldan a la coreógrafa italiana Rossana Filomarino, hablar de una “declaración de principios” resultaría obsoleto. El término no ha salido de su boca, pero al platicar con ella esa idea es lo primero que se me viene a la cabeza cuando le pregunto sobre su anuncio: Migrantes, obra que presenta en estreno este jueves en el Palacio de Bellas Artes, puede ser la última que haga de este formato, de esta dimensión. Hará trabajos pequeños, seguirá en la danza, pero no en estos términos, en los que una coreografía sólo puede verse un par de veces, donde no hay espacios suficientes, donde «es mucho esfuerzo de los bailarines, mío, del Estado también que nos financia, para tan poco resultado en cuanto a distribución, en cuanto a disfrute de la obra.  No cumplen su misión y a nadie les gusta hacer las cosas que no sirven.» Es por eso que pienso en una declaración de principios. Plantarse y decir: Así no. 

El encuentro sucede en el salón 13 de la escuela de danza clásica en el Centro Nacional de las Artes. Cruzamos «la licuadora», como le llaman a la edificación de Luis Vicente Flores, subimos las escaleras cargando el equipo de grabación [este encuentro responde también a otra de las secciones que nutren nuestros contenidos en Noticias 22 Digital, el noticiero en tv y la siguiente temporada de Semanario N22] y llegamos al salón donde bailarines y coreógrafa nos esperan. Observamos el ensayo, las indicaciones de Filomarino que más que “ordenar”, sugiere, porque para ella el bailarín no es un miembro más en una compañía, es «cómplice», un «cocreador». 

Intercambiamos unas palabras con ella, acordamos cómo funcionaremos en la grabación del ensayo y luego sucede la entrevista que se lee a continuación. 

¿Cómo surge la idea de Migrantes

Yo creo que el deber de un artista es estar atento a lo que sucede. Ésta no es la primera obra que hago con un tema social, candente, digamos. Pero eso no es por estar al día, sino porque son las cosas que nos tocan. 

A mí este fenómeno de la migración me conmueve mucho, me preocupa muchísimo y por eso es la obra. En la obra trato de mostrar el lado humano de los migrantes. No pretendemos dar soluciones, ni nada, sino lo que se nos olvida a los que no vivimos esas experiencias tan terribles. De esas personas que han perdido todo, absolutamente todo en la vida, y que sólo tienen una esperanza y cuando llegan muchas veces esta esperanza se cierra. Es como tratar de mostrar, de compartir este sentir de solidaridad en lugar de rechazo, xenofobia y racismo. 

Cuando ya tienes todas estas ideas agrupadas, todos estos intereses, estas inquietudes de las que me estás hablando, ¿cómo es el proceso creativo?, ¿cómo la idea aterriza en una coreografía? 

Ese es el paso más misterioso de las obras. Las obras nacen con un malestar que yo siempre digo que está en el estómago, no sé por qué. Después, el por qué y entonces me imagino cosas donde interviene la imaginación, la experiencia, la lectura, la cultura y se van creando, casi solitas, metáforas para poder abordar estos acontecimientos de otra manera, de una manera poética, a través del lenguaje de la danza y no como información, porque información pues la tenemos todos. 

¿Cómo es entonces la creación del movimiento, la idea traducida en movimiento? 

La idea no se traduce, nace con el movimiento o el movimiento nace con la idea. Sobre todo en el trabajo mío de DramaDanza, de hace 25 años para acá estoy experimentando en esa línea de que la emotividad genera el impulso del movimiento, y el impulso del movimiento es el que transmite, a través de una forma, la idea o el sentimiento. 

Me dices que la idea nace con el movimiento, entonces, tienes esta idea y llegas al proceso de la coreografía, ¿cómo visualizas a los bailarines? 

Primero tengo que visualizar la obra en su conjunto, es decir, hacer una dramaturgia. Trato de no dejar absolutamente nada al azar más que lo necesario, que también se necesita una pizca de azar en la creación. Lo primero que hago: imagino cómo tiene que ir progresando la obra en sus diferentes escenas, metáforas y ya busco una música o trabajo con el compositor. En este caso las dos obras tienen música original (Ditirambo y Migrantes), para poderlas aterrizar y entonces sí empezarlas a trabajar con los movimientos. 

Siento dentro de mí lo que debe de suceder y eso lo transmito al bailarín y en su cuerpo lo voy forjando y afinando hasta llegar a una forma final y al conjunto de todas las formas. A los bailarines que están conmigo yo no les llamo bailarines, les llamo cómplices, porque son cocreadores, digamos. 

Hay un momento en que están en la representación porque están aprendiendo la coreografía, pero ¿cómo llegar a la interpretación? 

No es así. No se pueden desligar las dos cosas. Para mí ya no hay pasos, hubo muchos pasos en mi vida, pero ahorita ya no. Hay un movimiento generador de sentido. No se puede deslindar la forma de lo que se está tratando de transmitir. De ahí nace.

¿Y en algún momento lo que tú pensaste cambia con respecto al cuerpo de tus bailarines? 

Claro. Esa es una tarea difícil y la experiencia es necesaria. Saber ver qué puede ser un bailarín en todos sentidos, con su cuerpo, con su mente y con su capacidad de entrega. Esa es otra cosa que es muy importante para trabajar mis obras, el poderse olvidar del ego, para llegar al fondo de las personas que es común a todo. Es como una especie de cuerpo y cabeza. 

 ¿Cómo entiendes el cuerpo en la danza? 

No sé contestarte, porque el cuerpo para mí es esto que te acabo de decir, es el instrumento que hace posible la transmisión de sentido, entonces no hay una fórmula. Claro, tiene que ser un cuerpo entrenado, y muy entrenado. Mis obras requieren mucha resistencia física, no cualquiera puede. Es difícil trabajar conmigo, lo reconozco. Necesitan una técnica interna que les permite liberarse de la técnica. Necesitan arrojarse y necesitan ser seres sensibles y compartir una visión de la vida en un cierto sentido, no en el sentido amplio. 

En este nuevo montaje por qué decides, y a qué necesidad responde, incluir Ditirambo

Las dos obras conforman un programa, la duración de un programa, digamos, pero lo interesante de esto para mí es juntar dos obras que son completamente diferentes en tono, en sentido y en poética. Puede ser muy interesante para el espectador ver cómo la danza puede expresar muchas cosas diferentes. Ditirambo es una obra de corte lírico, digamos, que se divide en tres partes, son unas obras al dios Dionisio, celebratorio, y sí, lo hice como una celebración de mis setenta años de vida y cincuenta de carrera. Pero también tiene una dramaturgia que refleja etapas de la vida. 

Es imposible no hacer hincapié en que has mencionado que Migrantes es tu última coreografía de gran formato. 

Sí, yo lo dije porque creo que va suceder, a menos que suceda un milagro y estas dos obras puedan llegar a tener unas treinta, cuarenta funciones, que es la vida normal, era, la vida normal de una obra. Cuando madura, la gente la aprecia, se ve y es un bien colectivo. Porque hacer obras para el bien de unos poquitos no me parece correcto. Es mucho esfuerzo de los bailarines, mío, del Estado también que nos financia para tan poco resultado en cuanto a distribución, en cuanto a disfrute de la obra.  No cumplen su misión y a nadie les gusta hacer las cosas que no sirven. 

Siento que es muy difícil porque estamos en otros tiempos y personalmente yo no conozco los medios de estos otros tiempos, no me sé vender. Y no quiero aprender tampoco a estas alturas de la vida. 

Imagen: © Ana León