#Lotería: El Paragüero

Una sección dedicada a esas personas anónimas y sus oficios; historias que animan la urbe 

Ciudad de México (N22/Ireli Vázquez).- En Eje Central casi esquina con Belisario Domínguez, en la delegación Cuauhtémoc, se encuentra un lugar lleno de historia como la mayoría de los sitios del Centro Histórico de la Ciudad de México. En el local con el número 3, está ubicada la Paragüería París. Aquí trabaja el Señor Refugio Bonilla, y como bien lo dice su nombre, él se encarga de reparar uno de los objetos que en días lluviosos nos resguardan y nos protegen.

Con las vitrinas llenas de paraguas de todos los tamaños, materiales y colores, don Refugio comienza a contarme la historia de su vida, y es que son poco más de 44 años los que lleva vendiendo pero, sobre todo, arreglando sombrillas. 

«Yo llegué aquí a la edad de 16 años buscando trabajo. Por parte de mi mamá conocí a los dueños, ella le habló de mí al señor Valeriano Fernández y él accedió, me dio el trabajo. La primera idea que tuve cuando llegué aquí, fue ¿cuánto tiempo voy a durar?, ¿me va a gustar o no?, pero gracias a Dios me gustó. Entré un primero de septiembre a trabajar aquí, el primero de noviembre de ese mismo año yo ya me quería salir», me comenta entre risas.

¿Por lo que le gusta tanto su trabajo? 

A lo mejor me expreso mal, pero si todos los días usted no se levanta enamorada de lo que va a hacer, mejor no se levante. Para mí tener mis materiales en la mano es todo, en una misma mano tienes tijera, dedal y aguja, quien no cose con dedal, cose poco y cose mal, entonces desde el primer día que se llega aquí se tiene que coser con la tijera en mano.

Agarrar un paraguas para mí, es jugar, las manos te obedecen, porque lo disfrutas, a mí me apasiona y me gusta todo. Yo utilizo toda la herramienta que tengo en el cajón, pinzas o alicates, alambre, máquina de coser, todo eso hace el arreglo, el arreglo de un paraguas. 

¿Qué hace especial su oficio y a está paragüería?

Hay otras paragüerías, pero como paragüerías, ya no arreglan paraguas, ya nada más es venta. Y para vender, pues hasta en las esquinas, pero esta casa es la única en la que reparamos paraguas, exactamente, creo que somos los únicos ya. 

Este es un oficio que con el paso de los años se va perdiendo, al menos es lo que don Refugio piensa, los hijos del dueño decidieron dedicarse a otras cosas, y aunque siguen pendientes del negocio, no es algo que a ellos les guste trabajar. De igual manera, las hijas de don Refugio decidieron enfocarse a otras profesiones. 

Pero, ¿por qué no les gusta este tipo de trabajo?, ¿por qué está en peligro este oficio?, don Refugio me responde: 

 «No les gusta el horario, no les gusta lo que ganan, son muchas horas de estar encerrado y a los jóvenes no les llama la atención reparar paraguas. Este oficio está en extinción, ¿por qué?, porque este tipo de negocios ya no se ven, son oficios en extinción. Hemos tratado de sobrevivir, eso sí, pero sí es muy difícil, porque no somos artículos de primera necesidad, no es importante, es sobrevivir y la gente que quiere su paraguas lo viene a arreglar. Ustedes como familias lo ven de sus abuelos, lo ven de sus padres, “¡Oye, que mi abuelito fue a arreglar un paraguas!”, “ay, eso qué”, dirían los jóvenes. Pero mañana usted crece y el paraguas se vuelve parte de su vida, porque hoy se cambió de blusa, de pantalón, pero el paraguas es el mismo, y mañana usted se vuelve a cambiar de ropa, pero el paraguas es el mismo, por necesidad. Pero usted ya lo vio desde sus abuelos, desde sus papás, para usted es importante el paraguas, y si, ya con el tiempo se ha vuelto un artículo necesario.

¿Y por qué, a pesar de los años, sigue trabajando aquí? 

Cuando yo llegué aquí, mi patrón me dijo: “Oye, aquí, si te pones abusado, vas a tener trabajo toda la vida”, y créame que yo dude de sus palabras, de verdad dude,  ¡cómo que toda la vida, ni soñando! Véame hoy, tengo aquí más de 44 años, mañana no sé si viva, pero hoy tengo 44 años aquí y fue verdad lo que él me dijo, no me engañó.