Más de cinco mil dibujos dan vida a la novela gráfica de la ilustradora colombiana PowerPaola en la cinta del también colombiano Santiago Caicedo, que es parte del Foro de la Cineteca Nacional; una película de mujeres, sobre su libertad y sus procesos

Ciudad de México (N22/Ana León).- Quito, 1976, una ciudad sumida entre montañas en una noche de lluvia torrencial. Una música andina, con quenas, suena de fondo mientras lo que se supone no podría suceder, sucede: una pareja de un ex cura y su esposa (ligada un año atrás) conciben a su tercera hija, la menor y protagonista de esta historia: Paola Gaviria. Embarazada ante la mirada atónita de los doctores, califican el hecho, entre muchos otros diagnósticos absurdos, como un virus tropical. Este es el inicio de la novela gráfica y de la cinta animada del mismo nombre: Virus Tropical, la autobiografía de la ilustradora colombiana Paola Gaviria conocida como PowerPaola. La novela apareció en 2010 y poco después de esto inició el trabajo entre la ilustradora y el director de cine de animación Santiago Caicedo, para llevarla a la pantalla. El proceso no fue difícil, sino más bien orgánico, pues ambos ya habían trabajado en 2011 en el cortometraje Uyuyui! Además de que la cinta conserva casi íntegra la narrativa de la novela gráfica –en México, ésta apareció hace poco bajo el sello editorial Sexto Piso–, la estética y la paleta de color. Sobre los matices, decisiones y lo que se llevó a la pantalla, Caicedo nos cuenta en entrevista.

Si bien ya han trabajado juntos tú y Paola, ¿cómo fue el proceso de trabajo en la adaptación de la novela gráfica justo por ser un proyecto de largo aliento, además de que la cinta conserva casi íntegra la narración de Paola.

El proceso fue muy orgánico, fácil. Por un lado porque hay confianza y, por otro, porque Enrique Lozano, quien hizo la adaptación del guion, cuando empezó a trabajar en el proyecto tenía mucho conocimiento de lo que era Virus Tropical porque él fue compañero de Paola durante muchos años, o sea, conoció la novela desde su inicio además de que él es muy buen dramaturgo y ayudó mucho a Paola en el proceso de escritura para que funcionara como novela. Cuando entró a hacer la adaptación para la película tenía muy claro cómo debería ser, siempre teniendo la premisa de ser muy respetuoso con el trabajo original de Paola. Y en la producción es lo mismo: hay confianza y respeto, eso hace que las cosas fluyan. Aunque yo soy el productor, es una película que se hizo de manera colectiva.

Deciden llevar la paleta de color de la novela en la película, además ella es la directora artística. Me parece que hay cierta ingenuidad en sus trazos y en la estética que utiliza y esto hace que se piense al mismo tiempo que la novela y la película tienen una trama muy sencilla: la transición de una niña que pasa al periodo de la adolescencia, pero la realidad es que trata temas bastante fuertes como el narcotráfico, el racismo, la xenofobia, las cuestiones de género y el tema central, me parece, el empoderamiento femenino.

Sí, obviamente, Paola es la directora de arte del proyecto y dibujó toda la película, hizo más de cinco mil dibujos para la cinta. Estuvo en el proceso de principio a fin, reconstruyendo toda esa historia, su historia, haciendo un inventario de todos esos momentos, lugares, todos esos objetos y todas esas cosas que se cruzó en la vida, un ejercicio de memoria sorprendente.

Ese trazo que tiene Paola que es un poquito naif, primitivo, un poquito crudo, y la película, conservan esa sensibilidad en todas partes. Los colores, si tú te das cuenta y miras la película, no es en blanco y negro, es una película a color. Está al color de la tinta china que es un poquito morada. Si está hecho con bolígrafo, el bolígrafo no es completamente negro sino que es también un poquito azuloso; están los colores de los papeles sobre los que se dibujó y se pintó, todo ese material está ahí. Parece en blanco y negro pero tiene tonos de color, si te fijas bien. La idea no era hacer algo a color, era mantener su arte.

Sobre la mujer: ésta es una película de mujeres. Cuando tú hablas también del contexto del narcotráfico, habla sobre mujeres en esos contextos pero habla mucho más de las relaciones de las mujeres en la familia que las relaciones de esas mujeres con sus contextos. Los contextos están ahí son la base en donde se enmarca toda la película pero nunca son los protagonistas, los protagonistas son los personajes de la familia y sus relaciones con otras personas. Se muestran sí, unas mujeres poderosas que son capaces de tomar las riendas de su vida. Es muy pertinente hablar de ellas en nuestras sociedades tan machistas, muestra cómo al final las que son cabezas de familia, las que están construyendo los hogares y siguen haciendo que las cosas se muevan muchas veces son las mujeres. Por eso los hombres quedamos un poquito mal parados a lo largo de la película y no somos muy protagónicos sino detonadores de situaciones, somos secundarios.

Hay una idea flotando: una ciudad es como la parte de lo “bueno”, digamos, y la otra es a su vez lo “malo”. Quito plantea esta parte de las bases de su familia: el núcleo unido, la religión, hasta el clima parece idóneo ahí. Y Cali es la ciudad de clima difícil y justo donde se enfrenta a sus mayores retos en la formación de cualquier individuo: la confrontación con sus compañeros de la escuela, la propia apariencia, la formación de identidad, incluso su primer contacto con el arte.

Para mí Quito es más el encierro. Casi todo pasa dentro de la casa o dentro de una iglesia o dentro de un salón de clases. Y la llegada a Cali es la libertad, digamos, es salir del encierro. Es el lugar donde el personaje de Paola por fin empieza a enfrentarse a su entorno como ella misma. Mientras que en Quito siempre está como una vela al viento, al margen de las situaciones, de lo que sucede alrededor, incapaz de tomar ninguna decisión, en Cali empieza a ser consciente de que puede empezar a tomar decisiones sobre su vida, sobre cómo se ve, cómo se viste, con quién se relaciona, cómo se relaciona con los otros, en Quito no tiene eso. Y la naturaleza se vuelve un personaje importante. El contexto Cali más allá del narcotráfico, la naturaleza, el sonido de los pájaros, del viento entran muy fuerte, y en Quito se siente más el encierro de una ciudad más colonial, conservadora. Yo lo siento más como encierro y libertad.

Hay una selección precisa de la música en ciertos momentos y para crear atmósferas específicas. En una entrevista decías, a propósito de estas referencias tan puntuales que hace la novela, que pagar los derechos de una de esas canciones sería el presupuesto de toda la película, entonces, ¿cómo fue la creación de esa banda sonora?

En la novela gráfica hay referencias muy puntuales. Se van contextualizando mucho a través de la música, épocas y lugares. La mayoría de nosotros también construímos nuestras personalidades a partir de la música que escuchamos, creo que eso habla mucho de lo que nosotros queremos ser. En la novela gráfica eso sirve mucho para ayudar a construir el personaje y por eso hay referencias de música de todo tipo. No sólo la música típica o folclórica de los lugares, sino que hay referencia a bandas de rock como los Rolling Stones o Pink Floyd, también hay música de plancha, romántica, todo lo que podría ayudar a contextualizar al personaje. Para nosotros era imposible tener esa música para la película por el tema de derechos, por el costo o si empezábamos a poner uno u otra ya tendríamos que utilizar demasiada música. Entonces, Adriana García que hizo la música tomó la decisión de hacer la música de cero, de tratar de construir sonoridades de esas épocas, de esos lugares y que fuera una banda sonora que se fuera construyendo a lo largo de toda la película. La película empieza con el tema principal en Quito, con quenas, una música muy andina y termina siendo la misma canción completamente rockera al final. Hay una evolución constante. Básicamente siempre es la misma canción que va cambiando y evolucionando un poco como el personaje. Además de eso, invitamos a dos bandas que son Las malas amistades y a Amadeo González. Que es interesante, son todos dibujantes. Las malas amistades es un colectivo de dibujantes colombiano; Amadeo González es un caricaturista peruano, y Adriana es dibujante también. Todos son músicos muy indie que era importante.

¿Por qué era importante?

Porque la película es un poquito cruda. A mí me gustaba la idea de que no hubiera éxitos musicales, por ejemplo, que no se pudiera reconocer, que también le da un carácter más atemporal. Sí, la película tiene una época en la que pasan las cosas muy precisas, pero puede volverse intemporal a nivel de música y a nivel de animación, que pueda ser una película que puedas ver en diez años y no sientas que está vieja.

Hay ciertos guiños y es difícil no pensar al ver Virus Tropical en Persépolis que es una historia similar, ¿fue un referente para ustedes?, ¿qué otro referente incluyen en la cinta?

Sí, absolutamente, por todas partes. Por otro lado yo estaba muy interesado en hacer algo muy Nueva ola francesa, me interesaba que así fuera una animación lográramos sacarle a los personajes actuaciones a lo Truffaut, Los 400 golpes, o algo así, para que se sintiera muy fresco, muy natural… es imposible decir esto, pero algo así como que fueran improvisadas las actuaciones, que no se sintiera nunca acartonada.