Sofía Echeverri expone Pedir la lluvia en el Museo de Arte Carrillo Gil, la artista propone una narrativa donde la mujer ocupa el lugar del hombre en los rituales para aclamar a la lluvia

Ciudad de México (N22/Ana León).- Una pequeña sala denominada Gabinete, del Museo de Arte Carrillo Gil, aloja algo más grande que las piezas que contiene: una visión del mundo. Pero no cualquier visión sino una donde el poder evocador y transformador que se le ha dado al hombre a lo largo de la historia es vaciado en su contrario: la mujer. En Pedir la lluvia, la artista tapatía Sofía Echeverri (1971) propone “una posibilidad de existir”.

Mediante su propuesta que integra pintura y escultura, Echeverri interviene la tradición y nos invita a pensar el ritual de pedir la lluvia durante el inicio del ciclo agrícola, desde lo femenino. Máscaras, vestimentas ritualistas, machetes e instrumentos musicales son algunos de los elementos con los que dota a sus protagonistas para asumir un rol reservado al género masculino.

No es que por medio de este ejercicio expositivo se quiera tan sólo ir en contra de la tradición o cuestionarla, cosa válida, es también que mediante máscaras y la creación de paisajes ficticios se devuelve a la mujer a esa animalidad primigenia, a ese ser natural, un estado de “buen salvaje”, que convive de manera armónica y orgánica con un entorno donde esta posibilidad de existir no es la excepción ni la regla, sólo es.

Esta muestra no constituye el primer trabajo de reflexión por parte de la artista en torno a lo femenino, a los roles de la mujer o su visión, en marzo de este año, como parte del proyecto 1Mes 1Artista, Echeverri expuso Arqueología secreta. Mujeres trabajando, donde el papel de la mujer en la historia y en la actualidad es revisado.

Frente a discursos feministas de toda índole, unos más cerrados, otros más abiertos, otros que apelan a una definición más amplia que parte de la teoría Queer, el de Echeverri nos invita a volver a una de las preguntas fundamentales de Simone de Beauvoir: “¿Qué es una mujer?” y ¿por qué sigue siendo necesario pensarla a través del filtro de lo que se cree sólo reservado al género masculino?