Santiago Arau y Diego Rabasa dirigen este cortometraje que aborda desde una nueva perspectiva el sismo del 2017, para ellos un derrumbe es una figura simbólica para una ciudad y un país como éste

 

Ciudad de México (N22/Ana León).- A los 16 años el fotógrafo Santiago Arau y el editor Diego Rabasa se conocieron jugando futbol. Mucho tiempo después, en 2014, se reencontraron para trabajar en un reportaje comisionado por el diario británico The Guardian, en una de las “zonas más bravas de Iztapalapa, el Deportivo Chavos Banda”. Esta no sería la primera vez que coincidirían en lo laboral, según nos cuenta en un intercambio vía mail el propia Rabasa. En varias ocasiones, posterior a ésa, “han emprendido proyectos de documentación, periodismo, registro en video y fotografía, vinculados a la CDMX”. En el marco de la gira de documentales Ambulante, Rabasa y Arau presentan 19 de septiembre, cortometraje que dirigieron y que junto a la cinta Ayotzinapa, el paso de la tortuga, inauguró la gira a su llegada a la Ciudad de México, el pasado 3 de mayo. A propósito de éste, charlamos con Rabasa (uno de los editores de Sexto Piso) sobre la perspectiva desde la que abordaron el hecho del que abunda información tanto en imagen como en testimonios.  Un ejercicio fílmico en el que Rabasa transitó de la labor de editor a la de director, aunque cuenta que la tarea es semejante: “hay que construir una narrativa, coordinar la participación de diversos actores, aunque en este caso no hay un actor tan predominante como el escritor, es un trabajo mucho más colectivo.”

¿Por qué el sismo y por qué abordarlo desde lo arquitectónico, su efecto en la ciudad, teniendo sólo como fondo los testimonios de los afectados?

Desde hace unos años Santiago y yo hemos intentado perfilar un documental sobre la ciudad con todas las dificultades que esto encarna (dimensión conceptual, desigualdad, amplitud geográfica, complejidad narrativa). Hemos hecho varios proyectos y ejercicios aislados. Cuando aconteció el temblor a ambos nos pareció natural salir inmediatamente a la calle a documentar lo más posible lo que veíamos, lo que habíamos sentido y escuchado en las horas y días que siguieron al terremoto.

La cobertura del sismo fue tan apabullante que pensamos que no podíamos aportar demasiado desde la dimensión periodística. Todo está ya en Internet en términos de testimonios, historias, datos, etcétera. Un derrumbe es mucho más que el colapso de una estructura arquitectónica: supone la posibilidad de un sepulcro o la pérdida de un patrimonio para muchas personas. Es también -el derrumbe- una figura muy simbólica para una ciudad y un país como estos en este particular momento de su historia. Es por eso que optamos por la óptica del dron. Santiago Arau es para mi gusto el fotógrafo aéreo más importante de México así que eso también ayudó a perfilar la decisión.

Los audios nos ayudaron a establecer un contrapunto entre una perspectiva más épica e impersonal (el dron) con algo más íntimo y humano (los sonidos a ras de suelo).

Por otro lado, se habla de que el corto aborda las emociones de la colectividad trabajando hacia el mismo lado; sin embargo, la perspectiva de todas las imágenes es panóptica, a distancia.

Incluso en esta perspectiva se pueden ver las hileras humanas colaborando en remover escombros, en dirigir el tráfico, en los campamentos fuera de las zonas de derrumbe (como afuera de la Unidad Habitacional Tlalpan). Pero precisamente por esto incluimos los audios, para complementar con una experiencia emocional más íntima.

¿Hay una especie de advertencia (o explicación) con la imagen del lago al inicio del corto, como un decir: “esto va a seguir pasando y hay que entender por qué”?

Sí, la intención del volcán fue precisamente esa. La imagen de los lagos también fue usada para contrarrestar la imagen apocalíptica que solemos usar cuando invocamos la CDMX, esa imagen rural de un paisaje hermoso y apacible también forma parte de la ciudad.

¿En qué  momento se le ocurrió a Santiago salir a hacer todas estas tomas aéreas, un día, dos… después del sismo?

Inmediatamente. Santiago es una de las personas con mayor vocación que yo he conocido en mi vida. Lleva años creando un registro fotográfico y en video de la ciudad que me parece que tiene poco o ningún parangón. Una hora después de que había temblado Santiago ya estaba con la cámara en mano. Luego, intercambiando experiencias en la noche, también hablamos de las posibilidades que traería el dron de romper los cordones de seguridad alrededor de cada derrumbe para poder documentar lo que sucedía sobre los escombros y dar un contexto del entorno.

¿Cómo fue la selección de los audios?

Tanto la editora Sonia Sánchez como el diseñador de audio Christian Giraud contribuyeron enormemente a esta búsqueda. Fue un proceso de investigación de archivo largo y luego mucha prueba y error para equilibrar narraciones más de corte general (las periodísticas) con los audios. Queríamos tener un equilibrio en todos los sentidos. El más difícil me parece que implicó intentar conservar cierta distancia respetuosa (evitar amarillismos o sensacionalismos), pero poder acercar al espectador lo más posible a las dimensiones humanas de la tragedia.

¿Cómo cambió su mirada al observar el desastre desde las alturas?

Nos ayudó mucho a pensar en la forma en la que está planeada esta ciudad o, mejor dicho, en muchos sentidos la falta de planeación. Las construcciones irregulares, las estructuras pesadas sobre los techos. Los cambios tan drásticos en densidad urbana que hay de una colonia a otra, la inmensa desigualdad, etcétera. Nos ayudó a dimensionar lo que supone un terremoto para una megalópolis caótica como esta.

¿Buscan generar ese mismo efecto en el espectador?

Lo que buscamos fue generar un recorrido emocional parecido al que padecimos aquel día los habitantes de la ciudad. Despertar en un día normal (es decir, difícil), con el simulacro del temblor del ’85. La inmensa sorpresa, el desconcierto, el temor, el aturdimiento por la sobreabundancia de información, la desesperación por no poder ayudar más, lo conmovedor de la solidaridad, el dolor al enterarnos de las primeras víctimas y finalmente el crepúsculo que anuncia que la rotación terrestre no entiende de angustias humanas. Sin importar qué pase: vendrá un nuevo crepúsculo y un nuevo amanecer.

 

*La siguiente función de 19 de septiembre se realizará el 11 de mayo a las 16 horas en el Centro Cultural Universitario, en la sala Julio Bracho.

**Aquí puedes acceder a una cápsula que recorre a detalle el trabajo fotográfico de Santiago Arau.