Una exhibición sobre las “emociones colectivas y los acontecimientos políticos” y la potencia estética de la representación de los mismos, en el MUAC

Imagen: Mat Jacob con los Zapatistas, en Chiapas (1996-2001) / © Ana León 

Ciudad de México (N22/Ana León).- A partir de la segunda década del siglo XXI algo se agita a nivel global. El presente económico, político y social es rechazado. Hay un malestar general frente a éste y a viejas formas de dominación que buscan ser implantadas en la actualidad. Ciudades como Barcelona, Madrid, Atenas, El Cairo, São Paulo, la Ciudad de México… todas se agitan. Desde 1968 el clima de rechazo hacia estas realidades no se había percibido tan marcado como ahora. Hay indignación. Surge la organización y los cuerpos se lanzan a ocupar la plaza pública al tiempo que se cuestiona la realidad y se lucha por, “no delegar las capacidades políticas, de pensamiento, de acción, de duda y de vínculo”.

¿Qué motiva este despliegue coreográfico de cuerpos, palabras, loas y símbolos? Los afectos, la imaginación, el pensar la reapertura de un camino hacia lo posible. El camino hacia la construcción de la historia es una concatenación de estos momentos que cambian, en algunas ocasiones, la manera en la que se piensa el presente y se visualiza el futuro. Estos momentos, estos puntos de inflexión, son la médula de Sublevaciones, una investigación teórica e histórica del filósofo e historiador del arte Georges Didi-Huberman (Saint-Étienne, 1953), que aloja, estos días, el Museo Universitario Arte contemporáneo (MUAC).

Lo que vemos en la salas 1,2 y 3 del MUAC son una serie de imágenes, representaciones gráficas de la cultura y la política de diferentes sociedades, que dan cuenta de momentos específicos en la historia de varios países. Si bien la militancia no es el necesariamente el papel de los creadores. como ha apuntado el filósofo uruguayo Sandino Núñez, muchos de ellos se han concentrado en esta veta del arte y Didi-Huberman hace una lectura de éstos a través de cinco categorías: Elementos, Gestos, Palabras, Deseos y Conflictos. Esta acción, es mapeada por el filósofo no sólo como un momento histórico sino también como un momento estético.

“Sublevarse”, describe el historiador del arte, “significa que a lo que nos oprime, a los que quieren imposibilitarnos el movimiento, oponemos la resistencia de fuerzas que, en un principio, son deseos e imaginaciones, es decir, fuerzas psíquicas de desencadenamiento y reapertura de lo posible. Sublevarse es un gesto”. Para pensar la sublevación en sus diferentes aspectos el también curador de esta muestra nos lleva de la mano por 250 obras entre las que se encuentran referencias extranjeras como las imágenes del periodista y fotógrafo negro cercano a los Black Panthers, Ken Hamblin; el trabajo de Agnes Geoffrey y su serie Gestos Incidentales, 2011-215;  Cildo Meireles y su Cero Dólar, 1978-1984; o el Libro de carne (1978), de Artur Barrio. Pero también incluye referencias más cercanas como una foto de Javier Barros Sierra; los papalotes de Toledo con la foto de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa; una imagen de la comandante Esther hablando en la Cámara de Diputados; fotografías de Graciela Iturbide y el registro gráfico de Mat Jacob con los Zapatistas, en Chiapas (1996-2001).

En un aparente despertar, aún cuando los cuerpos, ahora, están mediados por las pantallas, en que nos movilizamos haciendo preguntas –basta ver las calles desbordadas en España el pasado 8 de marzo, por lo menos– el disenso estético es necesario y esta reflexión del historiador francés se apresta a recordárnoslo. Vuelvo a Sandino Núñez: ¿Hay potencia política en la dimensión estética de las movilizaciones? “El problema es menos el de saber si el arte debe medirse en términos de eficacia política que el de entender que es, quizá, políticamente necesario.”