La ópera prima de la directora catalana, Carla Simón, llega a salas de cine comerciales el próximo 20 de abril; una historia personal para abordar el tema

Ciudad de México (N22/Ana León).- Desde el cine ¿de qué otra forma se puede abordar la epidemia de VIH que golpeó la última década del siglo XX? Hace poco, 12o latidos por minuto (2017), filme de Robin Campillo, abordó este tema desde la homosexualidad. La mayoría de los trabajos que se centran en esa temática lo hacen desde ese filtro: un adulto con una orientación sexual específica. Carla Simón, sin embargo, decidió hacerlo desde la mirada de una niña de seis años que está dando formando a las pocas certezas que nos definen en la vida adulta.

Construyendo de a poco el marco de referencia que dota de sentido a Verano 1993, la directora nos va introduciendo en esta historia, su historia, una donde perdió a sus padres  víctimas de sida. La trama que se desarrolla en un ambiente bucólico, una provincia catalana, durante, como el nombre del filme refiere, el verano de 1993, nos sumerge en el imaginario de esta pequeña que observa el mundo desde la ausencia que dejó la muerte de sus padres, pero sobre todo la de su madre, y la sensación de abandono que experimenta aun cuando es acogida por la familia del hermano de su madre y goza de la atención de abuelos y tías.

¿Cómo se entiende la muerte a los seis años? ¿Cómo comprender una enfermedad que en ese entonces no tenía ni nombre? La sutileza con la que Carla Simón (Barcelona, 1986) va esbozando las contradicciones y confusiones de cómo esta pequeña reconstruye el mundo a partir de la muerte, le valieron el premio a la Mejor ópera prima en el Festival de Berlín en 2017 y la Mejor dirección novel en los Premios Goya de este año.

En Ampurdán, provincia de Gerona, el paisaje calmo y la calidez del clima se oponen al choque de emociones tanto de la familia como de la pequeña. Porque si bien la cinta se concentra en la forma en que ésta entiende la muerte y trata de hacerse de un lugar en su nueva familia, también plantea la respuesta de los adultos ante ésta y el camino que siguen para comunicarla a un niño cuando ni siquiera se atreven a nombrarla. “Yo supe que mis padres habían muerto de sida con doce años”, explicó la directora en una entrevista. Más que una catarsis, la directora desarrolla la historia con sinceridad, naturalidad y cercanía. Verano 1993 llegará a salas de cine del país el próximo 20 de abril.