La historiadora Patricia Galeana y la abogada Lourdes Enríquez abordan esta temática en el marco del Día Internacional de la Mujer

Ilustración de Audrey Lee

Ciudad de México (N22/Karen Rivera).- El 25 de marzo de 1911, más de cien trabajadoras textiles, inmigrantes en su mayoría, murieron a causa de un incendio debido a las condiciones laborales precarias en las que se encontraban en una fábrica de Nueva York, este hecho fue uno de los orígenes de la Conmemoración del Día Internacional de la Mujer, institucionalizado por la ONU en 1975, año en que llegó a México la Primera Conferencia Mundial sobre el sexo femenino. Desde entonces, el respeto a los derechos de las mujeres se ha convertido en una búsqueda constante en el país. Los retos a los que se enfrentan las mujeres en el siglo XXI, son abordados por la historiadora Patricia Galeana y la abogada Lourdes Enríquez.

“La modernidad sigue teniendo deudas con las mujeres debemos mirar la situación de las mujeres obviamente de una manera interseccional, porque no es lo mismo ser una mujer universitaria que ser una mujer del medio rural, una mujer indígena, una joven, una mujer adulta mayor, tenemos que mirar la situación de las mujeres, pero lo que se ve es que sigue habiendo desigualdades y exclusiones”, comentó Enríquez.  

De acuerdo a las palabras de la directora del Museo de la Mujer, Patricia Galeana, “en la Encuesta Nacional de Género que me tocó interpretar en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, los y las encuestadas declararon (un 88%) que la violencia era parte de la vida familiar. Si vamos por género, el 57% de las mujeres declararon haber sido violentadas físicamente. El que las personas piensen que la violencia es una forma de comunicación natural en la familia, en la casa, es algo gravísimo y desde luego la violencia genera violencia.”

Galeana propone tres acciones a implantarse en la sociedad para reducir la violencia de género, una de ellas es difundir el marco jurídico que protege a las mujeres violentadas  y así exigir que se cumpla. Además plantea la creación de políticas públicas que rompan con las inercias discriminatorias. “Por otra parte, hace falta una educación formal e informal, formal desde el preescolar hasta el posgrado, para inculcar el respeto a la persona humana independientemente del sexo, de su origen étnico, de su capacidad o discapacidades, de cualquier otra condición.”

“Un derecho importante”, nos explica la abogada Lourdes Enríquez, es el derecho al libre desarrollo de la personalidad, a vivir sin violencia, que es un derecho humano, el derecho a una maternidad libremente elegida también y, sobre todo, los derechos sexuales y reproductivos que tienen que ver con estos derechos de las diferencias en un marco no heteronormado, es decir, que el Estado proteja los derechos de las personas que no se ajustan a una heteronormatividad, por ejemplo, el Estado no puede permitir un discurso de odio ni mucho menos crímenes por odio y creo que serían los derechos que tenemos que mirar sobre todo el trabajo de cuidado.”