Escuchar cómo la aguja le da sonido a un vinil o simplemente pensar que la cinta del casete se enredó… volver en el tiempo a través de los objetos y el sonido porque ¿el tiempo pasado fue mejor?

Everything sucks! (2018)

Ciudad de México (N22/Perla Velázquez ).- La escena es la siguiente: a la protagonista le acaban de regalar un disco, es (What’s the story) Morning Glory? de Oasis, su amigo se lo dio porque la tienda de discos a la que está suscrito cada cierto tiempo le envía las novedades hasta su casa. Él ya lo tenía, así que sin problema ella lo tomó, se lo llevó y en algún momento de la historia sacó su discman, se puso los audífonos y escuchó el tercer álbum más vendido en la historia de Reino Unido, sólo detrás del Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band. El disco se lanzó al mercado en 1995 y la escena de la que hablamos pertenece a la serie que Netflix acaba de estrenar Everything sucks!

Una apuesta más de la plataforma para que nos sigamos enamorando del pasado y de seguir con la fórmula que hasta ahorita le ha funcionado: temas que nos recuerden que el pasado es mejor que el presente. Juegan con la nostalgia y la melancolía: ese dolor al recuerdo, que nos hace ir de inmediato a una plataforma de streaming para buscar el soundtrack y seguir coronando los temas que en su momento fueron populares.

Netflix flechó a varios de nosotros con esa fórmula implementada en Stranger Things, 13 reasons why y esta última apuesta, que nos remite a Freaks and geeks, serie televisiva que se estrenó en la década de 1990 y que con una sola temporada hizo que los nerds fueran vistos de otra manera. Pero hay algo más en estas series: una tornamesa, un walkman y un discman.

La realidad

A se sorprendió cuando le dije que aún compro discos. Soy quizás de esa minoría que aún decide ir a las tiendas o a los tianguis y sorprenderse con el arte que en algún momento caracterizó las portadas, de leer las canciones en el libro que acompaña el álbum o simplemente por el hecho de sacarlo de su caja, ponerlo en un estéreo y escucharlo completo. Sí, soy de esas que aún tiene un discman, un walkman y que recientemente una tornamesa se sumó a mis aparatos reproductores de música gracias a I.

Julia Palacios, quien todos los viernes conduce Obladí-Obladá, un programa de radio en Ibero 90.9, asegura que el regreso de los vinilos es un poco para amortiguar la acción de poner la música en el ciberespacio, bajarla y/o reproducirla en una “nube”. Por su parte, Fabrizio Mejía Madrid dice que la industria musical está cambiando a tal grado que lo que tienen disponible es un sonido, ya no es un objeto, “el único objeto que tienes es el que lo reproduce, o más bien el que se conecta a la nube y de donde se baja el sonido”.

Y es cierto. Me he dado cuenta de que en el reproductor del celular tengo álbumes completos, que todavía después de comprarlos voy a la computadora y lo comparto en el celular. No me niego a usar plataformas de streaming musicales; las uso, pero mi adicción a escuchar y ver los objetos me lleva a seguir comprando y ahora “coleccionando” discos.

Mejía Madrid recuerda a Roland Barthes cuando habla de los objetos melancólicos, “que son precisamente los que se pueden reproducir como parte de la nueva cultura de autoafirmación, en donde ya no son exactamente esos viejos objetos, sino una imitación de lo que era lo viejo”.

Para confirmarlo las estadísticas no mienten. En el estudio, que durante 2017 la compañía Nilsen hizo sobre la compra de soportes musicales, se asegura que ese año el vinil representó el 14% de todas las ventas de álbumes físicos. El más vendido fue la edición especial del Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, de The Beatles, con 72 mil ejemplares. La cifra es la más alta desde 1991, año en que la empresa comenzó a hacer los estudios. Por 12º año consecutivo se incrementaron las ventas.

En total, desde el 30 de diciembre del 2016 hasta el 28 de diciembre del 2017 se adquirieron 14,32 millones de vinilos, respecto al estudio que abarcó el 2016, las ventas se incrementaron 9%. Por mucho, el rock es el que lidera el mercado de vinilos: el género sumó el 67% de todas las ventas.

Las razones de este incremento, dice el estudio, van desde el lanzamiento de ediciones especiales de bandas como The Velvet Underground o The Beatles; en México “boxes” de Caifanes o Fobia se editaron para celebrar su aniversario. Pero también hay otra razón: el lanzamiento de series o películas, que evocan estos soportes.

La melancolía por lo viejo

En Stranger things la nostalgia es comprendida por sus creadores, la atmósfera que rodea la música es un buen complemento para situarnos en la década de 1970. Y para seguir evocando esa época, la producción que realiza la serie decidió seguir apostando y lanzó una edición especial en vinil, por supuesto, del soundtrack.

Algo similar pasó cuando en Guardianes de la Galaxia el protagonista no se despega de su walkman: en 2017 también el casete regresó y fue la banda sonora de esta película la que alcanzó 19 mil copias vendidas. En Estados Unidos, el formato vendió cerca de 174 mil álbumes. Nielsen dijo que a pesar de que el casete es un formato para nicho, éste sigue aumentando sus ventas.

Fabrizio Mejía Madrid recalca: “lo que tienes es un montón de signos que te evocan melancólicamente algo que difícilmente conoces y puedes retrotraer, en donde sí tenía contenido y una cualidad vivencial. Por eso me gusta la palabra melancólico para esos objetos, porque es algo que ya no es recuperable.”

Julia Palacios cree que el regreso de estos formatos, son solo para unos exquisitos, porque “las nuevas generaciones tal vez no tienen esa añoranza, pero hay que cuestionarnos qué es lo queremos: ¿la canción?, ¿el disco?, ¿vas a adquirirlo físicamente? o ¿sólo quieres que alguien te lo pase y tomarlo gratuitamente de internet?”.

Por mi parte, seguiré comprando discos, pues cada vez disminuye la gente en las tiendas y también las ediciones especiales de los viniles son mejores. El sonido y la fidelidad del formato no cambian, es la misma, pero para mí es emocionante escuchar cómo la aguja le da sonido a un vinil, también pensar en cuántas veces he escuchado el disco cuando éste delata que está rayado o simplemente pensar que la cinta del casete se enredó y debo de recurrir al viejo truco del lápiz o la pluma para regresarla a su lugar.