Alumnos y maestros de la maestría en restauración de la Facultad de Arquitectura de la UNAM crearon una guía de primera atención a inmuebles dañados tras desastres naturales

Ciudad de México (N22/Perla Velázquez).- “El país que más monumentos tiene en América es México. No sé si para bien o para mal, porque es un compromiso”, aseguró Carlos Cejudo, quien es uno de los egresados de la primera generación de la maestría en Restauración, perteneciente a la Facultad de Arquitectura de la UNAM.

Después de la emergencia nacional que se suscitó con los sismos de septiembre pasado, alumnos y maestros del posgrado, se dieron a la tarea de elaborar una guía para registrar de manera adecuada el Patrimonio Histórico Cultural que resultó dañado. Mónica Cejudo, Ricardo Prieto y Carlos Cejudo encabezaron el trabajo, que próximamente se comenzará a distribuir en diversas localidades.

Mónica Cejudo explicó que inmediatamente después de las brigadas que emanaron de Ciudad Universitaria, los alumnos se dieron cuenta de cuál era la situación sobre el patrimonio: “vimos que se necesitaba tener una hoja en donde se pudiera registrar si un campanario había tenido daños, si había sido la cúpula, la bóveda, el claustro. Estos son términos que no estaban registrados en la cédula que se tenía, porque sólo existía una para casas habitación”.

Ricardo Prieto, arquitecto restaurador de obra, ha pasado cerca de cuarenta años desarrollando su trabajo. Dice que lo que se tiene que hacer de primera instancia es, que una vez pasado el sismo, se prevenga que las partes que quedaron lesionadas lleguen a un colapso definitivo.

“La idea de nosotros fue que cualquier persona con los recursos que tenga a la mano, con la madera que pueda conseguir, con los andamios o con su mismo potencial humano, puedan apuntalar las estructuras en tanto llegan especialistas, para comenzar la etapa de reconstrucción. Por ejemplo, dentro de estos edificios religiosos hay gran cantidad de obras de arte, las cuales si la gente no sabe cómo protegerlas van a llegar a dañarlas más de lo que las protegen”, explicó Prieto.

Además de la cédula, la guía tiene un glosario para que se entienda de qué parte de la construcción se habla, así la gente que busque salvaguardar el patrimonio entenderá las partes que estaban dañadas y cómo apuntalarlas.

“El manual está pensado para que la gente no especializada sino las personas que están, sobre todo en los lugares alejados, en donde todavía no hay acceso por parte de los técnicos del INAH, INBA, sean ellas las que con los recursos que tengan puedan evitar un colapso mayor”.

El INAH recientemente comenzó a trabajar con la Facultad de Arquitectura para que después de la impresión, se comience a distribuir y así la gente que vive en las localidades pueda ayudar en la salvaguarda del patrimonio.

“Nosotros lo que proponemos es que el edificio en malas condiciones no se acabe de caer, eso es fundamental, proteger hasta donde se pueda las obras de arte que también existen en algunas iglesias, ya después tendrán que venir los especialistas”, finalizó Carlos Cejudo.